"Tenerlo todo" ¿Y...si no quiero?

Cecilia López

De acuerdo con el artículo Dios está
muerto pero no lo sabe… de Slavoj Zizek
publicado en la revista digital Consecuencias,
el psicoanálisis tiene ahora un propósito diferente
del que tuvo en la época victoriana de Freud.
Donde antes el psicoanálisis intentó ayudar
a las personas a liberarse, a experimentar
su sexualidad, ahora se trata de autorizar
a las personas a no gozar.

 

En el tiempo desde que nació el psicoanálisis, a finales del siglo XIX, hasta nuestros días, los paradigmas de la sociedad han visto interminables modificaciones y movimientos.

La figura autoritaria del padre, maestro o incluso Estado, ha desaparecido; ahora es necesario tomar en cuenta a las personas en un plano de igualdad. La población mundial ha aumentado y, con ello, la diversidad de bienes de consumo a nuestro alcance. La sexualidad ha dejado de estar recluida e ignorada y, por el contrario, ha tomado un lugar central: educación sexual, derechos sexuales, vida sexual sana, etc.

Si las personas, en apariencia, han logrado liberarse de inhibiciones y represiones, si viven su sexualidad y libertad plenamente, ¿cuál es ahora el papel del psicoanálisis?, ¿cómo se han modificado los postulados planteados por Freud?, ¿o será acaso que, en términos generales, siguen siendo los mismos?

Época victoriana, época de modestia

Cuando Freud presentó sus primeros postulados sobre la sexualidad infantil, su teoría fue inmediatamente rechazada por sus colegas, horrorizados ante la sugerencia de atribuir algo tan vil (la sexualidad) a algo tan puro (la primera infancia). La primera respuesta ante los descubrimientos de Freud estuvo enmarcada en su época; pasarían años antes de que fuese aceptada y seguida.

El psicoanálisis nació en una época donde la sexualidad era motivo de vergüenza, era pecaminosa, era ignorada y desterrada como uno de los elementos constitutivos más bochornosos del ser humano. No se deseaba reconocerla, ¡menos aún en el caso de niños de menos de seis años!

Desde muy temprano, el psicoanálisis descubrió el papel fundamental que juega la sexualidad dentro de la psique, no como instinto de reproducción, sino como una pulsión atada a construcciones simbólicas más elaboradas. Lejos de permitirse intimidar ante tema tan repudiado, el psicoanálisis siguió avanzando hasta lo más hondo para encontrar el verdadero núcleo de unión entre sexualidad-construcciones psíquicas.

Época moderna, ¿época de libertad?

Aquella figura cuasi reliquia del padre autoritario, dictador absoluto del hogar, con poder total sobre los hijos e incluso la esposa, ha desaparecido. Hoy en día los padres tienen la obligación de tomar en consideración a los hijos, de demostrarles afecto y no ser impositivos so pena de disminuir la llamada autoestima. Los maestros han seguido una transformación similar: ahora la educación no se trata de una figura omnisapiente ante el grupo de alumnos, sino de un guía que involucre a sus estudiantes.

Hoy en día, se pugna por incluir la educación sexual en la formación de los niños, se lucha en contra de tabúes y se rompen los antiguos prejuicios sobre formas alternas de vivir la sexualidad, tal como la homosexualidad. En definitiva se ha “sacado del closet” victoriano a este tema para exponerlo plenamente.

Hoy se habla de superar las barreras y de tener acceso a una vida sin limitaciones, ¿a qué se refiere sin limitaciones? Se trata de una vida donde no se tengan carencias, donde no haya limitaciones económicas, ni personales, ni sociales. En corto, donde antes todo estaba prohibido, hoy se trata de tener una vida donde todo esté permitido, una vida plena, donde los odiosos límites no disminuyan la forma en que disfrutamos la vida.

¿Cómo disfrutar de la vida? La felicidad y el bienestar se logran únicamente cuando se tiene acceso a todo, a la plenitud, ¿en qué consiste esto? En tener dinero, trabajo, pareja, familia, amigos, salud física, éxitos profesionales, innovaciones. Por ello mismo, se repudian las barreras, porque, limitarnos o restringirnos, implicaría dejar de ser felices, o peor aún renunciar a la idea de ser felices.

Ante este panorama, ¿cuál es el problema?, ¿por qué si ahora todo está permitido, si tenemos acceso a todo, no alcanzamos el bienestar? Valdría la pena también preguntarse, ¿será que somos realmente libres si todo está permitido?

Límites= libertad

Una de las características de la figura arcaica del padre autoritario, era su papel en la imposición de límites, “No me importa lo que opines, vas a estar callado en el coche”. Este autoritarismo sentaba las normas de lo que estaba permitido y prohibido, de lo que estaba bien y lo que estaba mal.

Ahora bien, ¿cuál es la importancia de los límites? Los límites nos permiten hacer una distinción y saber hasta dónde llegamos. Tener normas de lo que está bien y lo que está mal, lejos de limitarnos en un mal sentido, nos liberan de la angustia, nos demarcan y dan certeza.

Vamos a ejemplificar lo anterior: nosotros podemos brincar porque sabemos que, no importa qué tan fuerte brinquemos, no importa si utilizamos un trampolín u otros medios artificiales, jamás lograremos superar la fuerza de gravedad. Podemos sentirnos tranquilos brincando porque tenemos un límite, tenemos una norma que nos protege: la ley de gravedad.

Pensemos ahora en el caso contrario: ¿qué pasaría si la gravedad existiera intermitentemente, a veces sí y a veces no? Estaríamos en peligro de salir propulsados al espacio y perdernos. Las personas no podrían brincar porque no tendrían la certeza de que podrían hacerlo sin arriesgar la vida. Algunas veces se podría brincar sin peligro, pero otras, cuando la gravedad “se apagara”, perderíamos la vida en el intento. Ésta, justamente, es la función de los límites: crear contención y eliminar el factor de angustia.

En el caso concreto de los niños, la función de los padres al educarlos es sentar las bases de que está permitido y lo que está prohibido para poder darles los cimientos necesarios para liberarlos de la angustia de la incertidumbre. Por supuesto, no se trata de recurrir a viejas técnicas brutales de educación, sino de combinar la preocupación y cariño hacia el niño, con la firmeza de las reglas.

¿Bienestar es todo?

Mencionábamos que se ha ligado la idea de bienestar y de felicidad con el tener todo. Parecería que donde antes imperó la modestia, hoy imperan los excesos. En realidad se trata de las dos caras de una misma moneda: antes el castigo era por dejarse llevar por los excesos, por el placer; hoy el castigo es por no dejarse llevar por los excesos y el placer.

Aunque hoy en día se insiste en promover la libertad e inclusión de las personas, al mismo tiempo estamos sometidos a la orden de tenerlo todo, precisamente de incurrir en estos excesos para poder alcanzar la felicidad. Debemos de tener una vida sexual plena, debemos de tener un status económico determinado, debemos de tener una vida social rica, debemos de tener una visa profesional exitosa. En resumen: debemos de tenerlo todo y ser plenos, o si no, algo estamos haciendo mal.

Antes el psicoanálisis abría el espacio para que las personas se permitieran disfrutar de cosas que se consideraban prohibidas, es decir, abría la puerta a que pudieran tener más.

El papel de un psicoanálisis hoy en día es el mismo, pero en el sentido contrario, como lo explica Slavoj Zizek, el psicoanálisis se trata de disminuir la cantidad de estímulos, de “bajar el volumen” y permitir que las personas no lo tengan todo; es decir, soltar la obligación de tener todo y limitarse, dejar ir algunas para poder seguir lo que realmente se desea, aunque ello implique determinadas renuncias y carencias.

El “tener todo” y no poder renunciar a algo, lejos de traer bienestar, implica angustia y agobio. Es como estar sobrecargado, como tener la música a un volumen tan alto que lastima los oídos y no permite escuchar la voz de qué se desea en verdad.

 

NOTA: Para aquellos interesados, esta reflexión está basada (escrita de una manera más accesible y general) en el artículo de Slavoj Zizek “Dios está muerto pero no lo sabe” Lacan juega con Bobok.

 

Enero, 2013

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