Pesadillas

Cecilia López

La pregunta por los sueños y su lugar en nuestra vida ha acompañado el hombre a lo largo de su trayecto en la historia. El soñar no pasa inadvertido para nadie: desde considerarlos como proféticos, como una forma de comunicación con “el otro lado”, hasta desestimarlos como imágenes sin sentido creadas por el cerebro mientras reposa, carentes de importancia, siempre ha existido una búsqueda sobre qué son y qué implican.

Si el soñar genera tal curiosidad, ¿qué hay del lado oscuro de los sueños, de las llamadas pesadillas? A diferencia de los sueños, las pesadillas no son motivo de interés o significaciones utópicas, no se aconseja “sigue tus pesadillas y serás feliz” como sí es el caso de los sueños. Por el contrario, las pesadillas son capaces de cimbrarnos hasta lo más profundo, de aterrarnos como pocas cosas durante la vigilia. Incluso días después, una pesadilla es capaz de provocar insomnio y sobresaltos.

En el caso de los sueños, parecemos intuir que tienen un significado ulterior, por eso la fascinación por crear todo tipo de técnicas para interpretarlos. En el caso de las pesadillas, la necesidad de descubrir que significan es mucho más fuerte, de alguna forma también intuimos que las pesadillas tienen un significado ulterior y, aunque dé miedo, también se desea saber qué significan a manera de protección.

Desde el psicoanálisis, ¿qué son las pesadillas?, ¿son diferentes de los sueños?, ¿podríamos hablar de interpretación de las pesadillas?, ¿por qué provocan sentimientos tan agudos y despertamos sobresaltados?

Formaciones del inconsciente

Los sueños y las pesadillas son formaciones del inconsciente, junto con los actos fallidos, equívocos o lapsus y síntomas. ¿A qué nos referimos con formaciones del inconsciente? Primero trataremos de explicar de manera sencilla  qué es lo inconsciente.

Como hemos mencionado en otros artículos de la página, la consciencia (nuestros pensamientos, ideas, lo que diríamos que es nuestra personalidad) no es la única instancia o esfera de nuestra psique. Como si fueran las dos caras de una moneda, del “otro lado” de nuestra consciencia, está lo inconsciente. Lo inconsciente forma parte de nuestra psique, de nosotros y es el “lugar” donde se encuentra varios elementos de nosotros que desconocemos. ¿Por qué los desconocemos? Porque resultan amenazantes para la consciencia.

Trataremos de ilustrar con un ejemplo sencillo. Un niño tiene el deseo de comer chocolates todo el día, nada más que chocolates. Sus padres le prohíben comer chocolates por miedo a que desarrolle problemas de salud y, en lugar de eso, lo obligan a comer verduras. El niño tiene una opción: puede seguir su antojo por los chocolates y desobedecer a sus padres, bajo el riesgo de perder su amor y aceptación; o puede suprimir su antojo de comer chocolates y comer verduras para obedecer a sus padres.

En la primera opción, el niño juzga más importante el placer que le generan los chocolates que el seguir las órdenes de sus padres. En el segundo caso, el niño opta por renunciar al placer de los chocolates para obtener la aprobación y amor de los padres al seguir sus órdenes.

Ahora bien, enfoquémonos en el segundo caso. Digamos que el niño hizo esta elección siendo muy joven. Años después, cuando es adulto, se convierte en nutriólogo, promueve el consumo de verduras y no recuerda su deseo de comer chocolates, es más, el olor le provoca nauseas. ¿Desapareció su deseo de comer chocolates? Para nada. ¿Dónde está? Fue reprimido, es decir, se desalojó de la consciencia y quedó confinado al inconsciente.

De niño, el deseo de comer chocolates todo el día no le permitía seguir las órdenes de sus padres, y ahora de adulto, puede poner en riesgo su trabajo. Este deseo, un deseo inconsciente, está en contradicción con lo que podríamos llamar un “deseo” consciente, dado que en algún momento se optó por la renuncia a los chocolates.

El problema es que el deseo de comer chocolates no desaparece, está ahí, aunque en apariencia no se tengan noticias de él. ¿Por qué en apariencia? Porque dado que el deseo inconsciente no desapareció, aunque esté desterrado, seguirá intentando cumplirse, es decir, de una manera u otra tratará de salir a la luz para cumplirse, o satisfacerse.

¿Insistencia? Vías alternas

El deseo inconsciente busca una forma de salir y satisfacerse, aunque sea de manera parcial; por otro lado, la salida de este deseo entra en choque con los “deseos” conscientes, resulta amenazante. Imaginemos una dinámica similar con el núcleo y la superficie de la Tierra. El magma empuja por salir, es una energía que tiene que liberarse de alguna forma, pero a su salida la lava daña la superficie de la tierra, acaba con la vida en el planeta.

¿Cómo se soluciona este jaloneo? Por medio de encontrar vías alternas donde pueda salir algo del deseo inconsciente, mas no tanto que “destruya” a las construcciones conscientes. Siguiendo con la metáfora anterior, la vía alterna sería como un volcán: sale algo del material incandescente del  dentro de la Tierra pero no tanto como para acabar con la vida en la superficie. Las vías alternas son precisamente las formaciones del inconsciente, entre ellas los sueños.

Sueños: deseos deformados

En las formaciones del inconsciente se deforma el deseo para que, hablando coloquialmente, no se asuste nuestro lado consciente cuando salga, es decir, se le disfraza para que pueda salir pero no sepamos que es justo aquello que tenía prohibido salir. Imaginémoslo como una película de acción: un agente secreto tiene que cruzar la frontera sin que nadie sepa quién es. Para lograrlo se disfraza de un anciano, así las autoridades fronterizas no lo reconocen y lo dejan pasar.

Los sueños son como un cruce masivo de agentes secretos pasando la frontera disfrazados. Los agentes tienen que salir pero no pueden hacerlo de forma directa, tienen prohibido el paso, así que se llega a un punto intermedio: disfrazarse.

Lo mismo sucede en nuestra psique: los deseos inconscientes tienen que salir, insisten en salir, para hacerlo se deforman, se transforman, en suma, se disfrazan. Los diversos disfraces que adopta el deseo inconsciente son lo que en psicoanálisis llamados formaciones del inconsciente, entre ellos los sueños.

Las formas tan extrañas, los mundos absurdos y hasta incoherentes que adoptan nuestros sueños tienen que ver con los disfraces adoptados por los deseos inconscientes. El deseo nunca sale tal cual en el sueño, sino que se sujeta a la llamada deformación onírica. ¿Y cuáles son estos disfraces? La condensación, o metáfora, y el desplazamiento, o metonimia.

La condensación consiste en reunir varios elementos en una sola cosa, mientras que el desplazamiento consiste en desplazar el afecto a otro lado para quitarle importancia al deseo que emerge en el sueño. Vamos a explicarlos de manera sencilla utilizando el ejemplo del adulto que desea comer chocolates pero lo tiene prohibido.

En el sueño sale el deseo de comer chocolates, pero, debe disfrazarse. En el caso del desplazamiento, sueña que come no chocolates sino chamoy. Soñar con chocolates está prohibido, así que el deseo de comer eso, el anhelo y el antojo de comer chocolates, se tiene que desplazar, o trasladar, a otro lado. Se hace una especie de truco en el sueño “No, no son chocolates, en realidad es deseo de comer chamoy

¿Por qué chamoy? En este ejemplo es porque chamoy empieza con “ch” al igual que chocolate, tienen las dos letras iniciales en común y eso permite establecer una conexión entre ambos para hacer un disfraz. ¿Cómo se va a formar el desplazamiento? Depende de cada persona, pero podemos decir que entre lo prohibido y lo desplazado siempre habrá un elemento de relación, en este caso las dos primeras letras de la palabra.

La condensación o metáfora reúne varios elementos. Digamos que no solo era prohibición/anhelo de comer chocolates, sino también de comer queso. El adulto sueña que toma agua hirviendo de un caldero. Al analizar su sueño, el adulto asocia el caldero con una olla de fondue, el fondue puede ser con queso o con chocolate, ¡justo los alimentos prohibidos/deseados! En el sueño, el caldero reúne dos o más elementos del deseo inconsciente.

Descifrando sueños

Los sueños tienen un valor tan alto en el psicoanálisis precisamente por tratarse de una formación del inconsciente y tener relación con el deseo inconsciente. En 1900, Freud publica La interpretación de los sueños y establece el análisis de un sueño como “la interpretación onírica es la vía regia para el conocimiento de lo inconsciente en la vida anímica" (Freud, S. 1973. La interpretación de los sueños), si bien no la única.

¿Cómo se interpreta un sueño? La interpretación y análisis de los sueños es similar a descifrar un código en clave, como si estuviéramos traduciendo un texto antiguo, o como si, volviendo al símil anterior, fuéramos cómplices del agente secreto y éste nos enviara un mensaje encriptado.

En una primera leída del mensaje encriptado enviado por agente secreto, nos topamos con un texto absurdo e incoherente, ridículo inclusive, sin pies ni cabeza. ¿Por qué? Porque debemos recordar que está encriptado, esta disfrazado; para descubrir el verdadero significado del texto, es necesario tener la llave o clave para descifrarlo. Una vez que tenemos la clave, se puede hacer una relectura del texto del mensaje y descubrir qué significa en verdad.

¿Sirven los diccionarios de sueños para descubrir la clave que permita descifrar el sueño? No, al menos no para el psicoanálisis. ¿Por qué? Porque los sueños son una formación del inconsciente de cada persona, cada quien tiene un deseo inconsciente diferente y cada quien crea disfraces diferentes para permitir su salida. No existen códigos prehechos, o diccionarios de significados para los sueños porque cada persona elabora sus propios sueños.

Los sueños no son una producción en masa, iguales para todos los consumidores, sino que son absolutamente personales. Si el sueño es personal, el código inscrito en el sueño, el tipo de disfraz elegido y los deseos encubiertos, también son personales.

La clave para hacer la segunda lectura del texto del sueño la tendrá la propia persona que elaboró el sueño, es decir, el soñante. Descubrir esta clave, sin embargo, no es labor sencilla, recordemos que nuestra psique ha hecho una labor muy buena para que no podamos saber de qué trata. No es labor sencilla, y en muchas ocasiones tampoco es grata, pero sí es posible hacerla y forma parte importante de un análisis.

Pesadillas: mala deformación

¿Qué sucede con las pesadillas?, ¿son un tipo diferente de sueño? No, las pesadillas son ultimadamente sueños y como tal son una formación del inconsciente y cumplen la función de dar salida encubierta al deseo inconsciente. No se tratan de un mal augurio, ni tampoco son señal de que una fatalidad vaya a ocurrir en nuestra vida, aunque considerando la angustia que provocan, muchas veces pueden dar esa impresión, o dejar esa sensación.

Sigamos con el símil: las pesadillas, como cualquier otro sueño, empiezan con el continuo tránsito de agentes secretos en la frontera, enviando mensajes encriptados, cruzando disfrazados para no ser reconocidos, una noche cualquiera. En eso, el disfraz de uno de los agente se cae al suelo, revelando su verdadera identidad, y su mensaje no estaba bien encriptado. Suena una alarma general en la frontera para prohibirle el paso, se cierra el cruce, se apresa al agente y se destruye el mensaje que iba a enviar. Ni él, ni otros agentes, tendrán permitido cruzar esa noche.

En las pesadillas la deformación onírica falla. El disfraz, o deformación, del deseo inconsciente para que pueda salir mientras dormimos, no es suficientemente bueno, hay algo que no funciona y entonces, aquello reprimido, llega a la consciencia tal cual. Ante el asomo de justo lo prohibido, mostrado tal cual sin ningún disfraz, nuestra psique recurre al último recurso que le resta para “protegerse”: despertar. Al despertar puede “detener” la salida de aquello prohibido. Como ejemplificamos en la metáfora, el despertar implicaría cerrar la frontera por esa noche.

Si nuestra parte consciente tuvo éxito, despertaremos sobresaltados, incluso aterrorizados, pero no podremos recordar nuestro sueño, ni siquiera la más mínima imagen para saber qué soñamos, solo nos quedaremos alterados. En otros casos, las acciones drásticas no son tan eficientes y, al despertar, además de la angustia, recordaremos fragmentos del sueño, justo hasta el momento antes de despertar alarmados.

Los fragmentos de la pesadilla que recordamos, siguen leyéndose como un mensaje incoherente y absurdo, ¿no que la deformación había fallado? Sí, la deformación falló y por eso despertamos, la alteración viene, precisamente, de la cercanía del retorno de algo reprimido. ¿Por qué sigue siendo absurdo e irreal entonces? Porque la deformación no puede fallar por completo, esto es, el deseo inconsciente, nunca saldrá tal cual, forma el núcleo de lo inconsciente y es imposible tener acceso a él. La deformación falla en cuanto a que los elementos cercanos a él no logran disfrazarse adecuadamente. 

En el ejemplo del niño que anhela comer chocolates, digamos que el deseo de comer chocolates no es el núcleo duro del deseo inconsciente, sino un deseo “secundario”, relacionado con el deseo “primario”. En un sueño, el deseo primario nunca saldrá de sus dominios, es el “rey” del inconsciente y se quedará ahí dentro, pero manda emisarios para que crucen la frontera, los deseos “secundarios” o agentes encubiertos. En nuestro ejemplo, uno de estos emisarios, o deseo secundario, es el anhelo de comer chocolates.

En las pesadillas, el que no logra tener un buen disfraz, al que pescan en la frontera, es a uno de los emisarios, a uno de los deseos secundarios, ¡jamás pescarán en la frontera al rey mismo!.

Las pesadillas también son motivo de análisis y de interpretación. Mediante una asociación libre, mediante un análisis, es posible resignificar, o enlazar, el elemento que falló y dio lugar a que no funcionara la deformación onírica. 

 

Enero, 2014

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