¿Por qué nos da risa?

Cecilia López

Los humanos somos los únicos animales que reímos como efecto de algo gracioso y no solo como reflejo. Nos reímos con un buen chiste, un comentario acertado o una situación chusca, incluso un acontecimiento dramático puede convertirse en un motivo de carcajadas. Sin importar qué la ocasione, la risa tiene un efecto gratificante y relajante sin igual.

Por qué reímos y qué desencadena esta reacción, fueron dos puntos de interés para Freud en sus investigaciones. Hoy en día son dos elementos clave en la teoría psicoanalítica cuyas respuestas se encuentran ancladas en los procesos inconscientes. Así como los olvidos, equívocos y sueños, también  el chiste, o aquello que nos hace reír, tiene relación con la forma de procesar el material reprimido y la búsqueda del aparato psíquico de obtención de placer.

Principio del placer

El principio del placer es uno de los dos principios del aparato psíquico. Como su nombre lo indica, es la tendencia a buscar la eliminación de tensiones por medio de su descarga. Por ejemplo, tener la vejiga llena provoca una presión en el cuerpo: de pronto estamos muy conscientes de una determina sección del abdomen, como si fuera una luz roja enviando señales cada vez más intensas. Al momento de orinar, se elimina el estrés y la señal roja desaparece, regresa la calma y la homeostasis.

El aparato psíquico busca descargar las tensiones las que está sujeto, no obstante, no siempre le es posible debido al principio de realidad. Pensemos en la urgencia de golpear a alguien que odiamos, besar a un desconocido que encontramos atractivo o robar algo que queremos, se tratan de impulsos que están prohibidos por reglas sociales y culturales. ¿Qué pasa con ellos? La descarga se obstaculiza por medio de la represión y el aparato psíquico se queda en tensión.

Soñar y reír

La civilización y la sociedad human están erigidas en la prohibición de algo. Aquello en concreto que se impide se modifica de una época a otra y de cultura a cultura, mas en todas existirá algo que se encuentre vetado, ergo, siempre podremos hablar de represiones que impiden la descarga pulsional plena. Para bordear esta barrera, existen vías alternas para descargar la pulsión, como los sueños o los chistes.

Uno y otro se valen de los procesos de desplazamiento y condensación (metonimia y metáfora en Lacan) para la elaboración del material inconsciente. Supongamos una persona para quién está prohibido comer chocolates, entonces sueña con chicles; o un niño que tiene miedo de su profesor de escuela y de volar, entonces sueña con un piloto que tiene los mismos lentes que el maestro. Desplazar y condensar son dos formas de esconder el deseo prohibido y burlar, hasta cierto punto, la represión. Ésa es la principal característica que comparten chistes y sueños, aunque con algunas diferencias importantes.

Los chistes nos hacen reír por su referencia a un elemento prohibido, usualmente algo que versa sobre la sexualidad o la agresión. Pensemos en cuántos chistes de doble sentido no existen tanto en México como en otros países del mundo. Aunque la actitud sobre la sexualidad ha cambiado en el último siglo y ahora encontramos educación sexual a diestra y siniestra, ésta sigue representando (y siempre será así) un punto conflictivo y enigmático para las personas.

¿Que es lo primero que le mete el hombre a la mujer cuando se casan? - El anillo de matrimonio” hace alusión a la penetración durante una relación sexual. Si lo decimos en forma directa “¿El hombre penetra a la mujer cuando se casan? No, primero se ponen los anillos”, ya no podemos considerarlo un chiste, ha perdido la esencia que lo hacía gracioso. Si lo examinamos nos damos cuenta que lo que nos hace reír es la referencia velada a la sexualidad, no la alusión directa y clara a la misma. Para que sea chiste, la idea de la relación sexual queda en la mente de quien lo escucha, no en la fórmula del chiste.

Una mujer fea le dice a un hombre ebrio:¡Borracho! -y el borracho dice- Sí, pero lo mío se me pasa mañana”es un ejemplo de chiste que hace relación a la agresividad. Al igual que en el ejemplo anterior, aquí lo que realmente se quiere decir, la pulsión que se satisface en el chiste, está encubierta La respuesta del borracho no menciona directamente la fealdad de la mujer, solo la alude, pues las reglas de etiqueta social le impiden hacerlo. La esencia de lo chiste no es en sí la fealdad de la mujer hipotética, sino que la alusión velada, que rompe una regla de etiqueta, permite satisfacción al, por un lado, realizar una identificación con el borracho que rompe reglas sociales, y, por el otro, ser agresivo.

A diferencia de los sueños, que necesitan ser relatados y estudiados como jeroglíficos, los chistes solo resultan satisfactorios si no se explican. Al momento en que es necesario hacer explícito el contenido velado del chiste, es el momento mismo en el que pierde su capacidad de aportar satisfacción, tanto para quienes lo escuchan, como para quién lo cuenta.

Otra distinción considerable es que, en el sueño, el trabajo se realiza de manera individual. No importa la premisa de algunas películas o relatos de ciencia ficción, el mundo de los sueños existe solo para el soñante al momento en que está soñando. Los chistes, por el contrario, necesitan de al menos otra persona que los escuche y lo avale como gracioso por medio de la risa. En ocasiones, además, también existe una tercera persona sobre quien recae el chiste.

En el caso del chiste de la mujer fea, imaginemos que que se trata de una persona real, antipática y agria, a quien llamaremos X. Pensemos ahora el mismo chiste en un escenario con X y otras dos personas con quienes X ha tenido conflicto. El que lo cuenta y el que lo escucha se ríen, a diferencia de X. Lo anterior es porque, en esta circunstancia en particular, los dos que ríen colocan a X en el sitio de la mujer fea y sacan los sentimientos hostiles hacia X por medio del chiste. La risa denota que hay placer o satisfacción que, como vimos, implica la liberación de tensiones psíquicas.

Una última diferencia entre el sueño y el chiste es que el primero corresponde con una necesidad orgánica: el trabajo onírico se realiza en el estado de reposo biológicamente necesario. El chiste, por el contrario, no corresponde con ninguna necesidad orgánica, se trata de una pura construcción del lenguaje que permite obtener una ganancia de placer.

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Enero 2015

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