Pareja, ¿vida para dos?

Lourdes Sanz

Casi todas las personas buscamos una relación de pareja. Imaginamos un vínculo que nos hará mejores personas y nos permitirá disfrutar la vida con mayor intensidad. Sin embargo, a momentos pareciera que las parejas a nuestra alrededor, o la propia, está condenada al fracaso y no logramos entender por qué.

Ha sido muy común culpar al matrimonio “En cuanto alguien se casa, el amor se acaba”, dicen algunas personas; otros argumentan que va contra la naturaleza estar con una sola persona toda la vida. Ante estos cabe preguntarnos, ¿son ciertas estas aseveraciones superficiales? ¿o existe algo más profundo en el modo de vinculación, en nuestras expectativas del otro, en nuestra visualización de una pareja, que puede llevar al fracaso?

Cada oveja con su pareja

En la vida cotidiana podemos observar cómo las personas a nuestro alrededor buscan siempre la compañía de otra persona casi para cualquier cosa que emprendan. Más aún, cuando pensamos en la vida misma, resulta incluso aberrante concebir vivirla sin alguien a nuestro lado.

Imaginamos la vida en pareja como la posibilidad de contar con la compañía de alguien que nos comprenda, que se alegre con nosotros, nos haga reír, nos consuele en los momentos de tristeza, nos cuide en los momentos de enfermedad, nos admire y nos ame.

¿Por qué anhelamos la presencia de una pareja?

Freud nos invita a remontarnos al inicio mismo de nuestra vida en búsqueda de una explicación. Cuando somos bebés, nuestra vida depende de los cuidados que nos brinda otra persona. Cuando somos niños nos descubrimos pequeños y vulnerables pero sabemos que a nuestro lado se encuentra alguien, casi siempre nuestros padres, para cuidarnos, protegernos, amarnos. Los percibimos como omnipotentes y ello nos da seguridad.

Al crecer, convertirnos en adultos y tomar nuestra vida en nuestras manos, nos encontramos con que la sensación de fragilidad sigue presente, algo nos falta. Sentimos como si “algo” se hubiese perdido en nuestro interior y hubiera dejado un agujero. Para aliviar este vacío, emprendemos la búsqueda de algo o alguien que nos permita “recobrar lo perdido”, rellenar el vacío y sentirnos plenos.

Freud explica que, así como de pequeños vivimos a nuestros padres como capaces de cubrir todas nuestras necesidades, al convertirnos en adultos fantaseamos con encontrar en nuestra pareja alguien que nos colme.

¿Qué esperamos de nuestra pareja?

Cuando nos relacionamos con las demás personas, normalmente tenemos expectativas diversas de acuerdo a las circunstancias concretas en las que nos encontramos. Por ejemplo, esperamos que los automovilistas respeten las señales de tránsito; que nuestros profesores dominen el tema de su cátedra; que nuestro jefe nos dé directrices sobre cómo hacer el trabajo y nos dé recompensas.

Nuestras expectativas aumentan y se hacen más compleja entre más cercana es una relación interpersonal. En el caso de una pareja nuestros anhelos se entremezclan con la esperanza de que él o ella ahuyente nuestros miedos y acabe con nuestra fragilidad y vacío.

En ocasiones, pretendemos encontrar en nuestra pareja alguien que se asemeje tanto a nosotros que armonice de manera casi perfecta, fundiéndose las vidas de ambos en una sola, como dice la canción “tú y yo somos uno mismo”.

Otras veces, pretendemos que nuestra pareja nos refleje, es decir, que al mirarnos a nosotros mismos a través de los ojos de nuestra pareja, podamos conocernos a nosotros mismos, aceptarnos, comprendernos y hasta amarnos. 

La relación de pareja puede convertirse también en un espacio de posesión, es decir, las personas se sienten dueñas una de la otra y por tanto tienen autoridad total sobre el ser, quehacer y sentir de su pareja. De igual forma sucede que exigimos a nuestra pareja que asuma la responsabilidad de hacernos felices, hacernos mejores, superar nuestros propios defectos o bien que asuma nuestra visión, anhelos, perspectivas y modos, siguiendo nuestros consejos y sugerencias.

En todos estos casos, y en otros semejantes, lo que buscamos en la pareja es una especie de complemento a nosotros mismos, que supla aquello que no tenemos o necesitamos.

El problema deriva en que estas necesidades o anhelos profundos jamás pueden ser colmados por otra persona. Una relación basada en el supuesto de complementariedad y no de compañía, está destinada a deteriorarse y pudrirse.

Si buscamos o tenemos una pareja con la esperanza de lograr una fusión total que borre todos nuestros miedos, frustraciones o malestares, se está condenado al fracaso.

Una pareja, o una relación para el caso, no tiene el poder de eliminar las dificultades de la vida o nuestros propios problemas, sólo nosotros nos podemos hacer cargo de ellos y tratar de poner esa responsabilidad en las manos de alguien más es una forma de evitación de nosotros mismo.

¿Cómo construir una relación de pareja?

En primer lugar es preciso estar conscientes de que la vida propia es tarea personal e intransferible, esto es, cada persona necesita asumir su propia vida, la conducción de la misma y las consecuencias, buenas o malas, de cada una de sus decisiones.

En este sentido, la vinculación con otras personas, en particular con una pareja, debe ser una vinculación de paralelismo, no de complemento o de suplemento del otro.

Una relación de pareja no supone que uno completa a otro, o se funde con el otro, sino que permite compartir lo que cada quien es. En una relación de pareja existen dos “yo”, dos personas que son, en toda la extensión del ser y que se asumen a sí mismas, en compañía.

No se trata de cambiar a la otra persona para que se ajuste a mí. Tampoco se trata de renunciar a mi ser para someterme a la voluntad del otro. Se trata de que cada quien aporte a un espacio en común pero a la vez mantenga su individualidad tanto como su crecimiento personal y responsabilidad por sí mismo.

La relación de pareja, nos permite estar con alguien más, nos permite la vinculación, la conexión y la gratificación que ésta trae consigo, pero en modo alguno garantiza una felicidad perpetua ni podemos exigir de la relación algo que no es.

Comentarios, dudas, sugerencias. Escríbenos a lourdessanz@psicoanalisis-mexico.com

 

Enero, 2016

Pareja: ¿vida para dos?

¿Enamorado del psicoanalista? Transferencia

...la vida es un sueño, y los sueños, ¿qué son?