¿Enamorado del psicoanalista? Transferencia

Cecilia López

Durante un proceso de análisis, es muy
común que experimentemos curiosidad sobre
nuestro psicoanalista: ¿qué piensa de mi?
¿cuál es su opinión sobre este tema en particular?
¿qué hace en su tiempo libre? ¿cuáles son sus gustos?
Incluso puede ser que tengamos sentimientos
de “enamoramiento” hacia nuestro analista;
o, por el contrario, sentir odio o rechazo profundo.

Si lo pensamos detenidamente, en realidad nuestro
analista es una persona de la que sabemos poco o nada.
¿Cómo entonces puede hacernos experimentar
sentimientos de curiosidad, amor u odio?
La respuesta: la transferencia. 

 

La transferencia es un componente presente en cualquier psicoanálisis por medio del cual se trabajan algunas de las vivencias o experiencias que se encuentran ancladas en lo inconciente. Al igual que en una transferencia bancaria, en psicoanálisis la transferencia consiste en hacer un depósito de algo propio en el analista.

¿Qué se transfiere? Para poder entenderlo es necesario explicar primero cómo nos vinculamos con otras personas, con ideales o incluso con objetos. Además, también hay que revisar cómo se procesa el material inconciente al momento de salir a la conciencia.

Vínculos y lazos

En cualquiera de nuestras relaciones, lo que hace posible que se forme un vínculo con es la llamada investidura libidinal, esto es, depositar libido en alguien o en algo. Como ya hemos explicado en nuestro artículos de “Depresión” y “Duelos y pérdidas” la libido no es sinónimo de sexualidad, sino que se refiere a un quantum de afecto o energía ligada a determinada pulsión que permite formar lazos con el entorno.

El psicoanálisis también implica un lazo investido con libido, al igual que sucede en cualquier otra relación interpersonal. Su propósito, sin embargo, es crear una afectación o movimiento en la psique del paciente para lograr la meta del análisis. Para tener éxito, el analista debe mantenerse en una posición pasiva y distante, centrándose principalmente en el paciente.

Recuerdos y remembranzas

Como mencionamos al principio, la transferencia tiene una estrecha relación con el material de nuestra psique. En su artículo Sobre la dinámica de la transferencia de 1912, Freud menciona que las vivencias de la infancia así como ciertas características de cada persona, determinan la ruta a seguir para satisfacer las pulsiones; esto es, en términos muy llanos, determinar cómo se forjarán las relaciones, cómo se alcanzará satisfacción o cómo se lidiará con los conflictos en el futuro.

Expliquemos lo anterior. Digamos, por ejemplo, que cuando un niño le duele el estómago, sus padres, o las personas que cuidan de él, le dan un té de manzanilla y lo ponen a escuchar música clásica. El niño aprende que el dolor se resuelve mediante el té y la música. Al crecer, cuando tenga cualquier malestar, instantáneamente buscará resolverlo de la misma forma que cuando era niño, independientemente de si ahora la música y el té le proporcionan alivio o no.

Estas determinaciones o aprendizajes forman ciertos caminos, o grabados, en nuestra psique que se repetirán a lo largo de la vida, algunos desde la parte conciente y otros desde la parte inconciente. Es como un río que forma determinadas cuencas, ya sea sobre la superficie o bajo tierra, para llegar a desembocar al mar.

Volviendo al ejemplo del té de manzanilla, el propósito principal es eliminar un dolor físico y el té de manzanilla es la vía para lograrlo. Sin embargo, en muchas ocasiones un té no será la solución y, entonces, permanecerá el dolor “¿cómo es posible que me siga sintiendo mal si ya tomé té de manzanilla y escuché música clásica?”. Al igual que en el ejemplo, la forma en que resolvemos una necesidad puede no ser la adecuada y por ello es necesario hacer una reelaboración del material psíquico.

El ejemplo es una forma sencilla de explicar una parte del funcionamiento de la psique. En la realidad es mucho más complejo, especialmente porque hay muchas vivencias, pensamientos o fantasías que permanecen inconcientes, produciendo efectos que no logramos entender. Si el malestar físico es parte de nuestro inconciente, lo único que tenemos conciente es la necesidad de tomar té de manzanilla y escuchar música clásica sin saber qué buscamos lograr con ello o si se está resolviendo.

Durante un proceso psicoanalítico, se remueve lo almacenado en lo inconsciente y ello provoca que mociones libidinales inconscientes, o vivencias pasadas, vayan alcanzando la superficie de la conciencia. En su camino, sin embargo, se topan con una serie de barreras, como la represión y la resistencia, y, en lugar de alcanzar la conciencia como un recuerdo, se actúan, es decir se repiten. En nuestro artículo “Las 3 Rs del psicoanálisis” de este mes, hacemos una explicación más amplia de este proceso.

Entre mayor sea la renuencia de que recuerdos o vivencias del pasado alcancen la conciencia, ya sea por la dificultad de sobrellevarlos, ya sea porque son amenazantes o motivo de vergüenza, o sea por cualquier otra razón, mayor será la tendencia a repetir en lugar de recordar.

Transferencia al psicoanalista

Justamente lo que se transfiere, o deposita, es el material inconciente que se está repitiendo y no recordando -es decir, ese afecto, emoción o vivencia. Erróneamente se ha dicho que la transferencia implica transferir la figura de nuestro padre o madre en el psicoanalista; en realidad, lo que se transfiere, o deposita, son vivencias, recuerdos, fantasías o afectos que pueden tener relación con las figuras parentales o no.

Así, cuando sentimos curiosidad o cariño por nuestro analista, incluso odio o rencor, en realidad no está realmente dirigido a la persona frente a nosotros. Se trata de un sentimiento ligado a una vivencia que se está transfiriendo al psicoanalista por ser un “receptáculo vacío”: el espacio idóneo para depositar ahí una cierta vivencia o demanda. El no saber sobre quién es nuestro psicoanalista, o sobre cómo es su vida, facilita el la transferencia del material que se está repitiendo para, de esta forma, recordarlo y reelaborarlo.

En el ejemplo del té de manzanilla y la música clásica, digamos que el ahora adulto está atravesando una situación dolorosa y decide ir a análisis. En el camino a su cita, prende el radio y, por coincidencia, hay música clásica. Al llegar al consultorio, ve que el analista tiene una taza con lo que el supone es té de manzanilla. Esta combinación le lleva a transferir en el analista la posibilidad de aliviar su dolor.

Ciertamente, si estas vivencias o fantasías inconcientes sólo se transfirieran al psicoanalista, sería de poca ayuda; sin embargo, si cierto material inconsciente se está repitiendo en análisis y depositándose en el analista, lo mismo ocurre con otras personas o situaciones cercanas a nosotros. La transferencia es como un pequeño muestrario de lo que ocurre en otros ámbitos de nuestra vida.

Cuando estas mociones inconcientes se depositan en nuestro psicoanalista, se abre una nueva forma de reelaborarlas, de enfrentar y acomodar nuestros monstruos psíquicos. La transferencia en el psicoanálisis se da en el espacio adecuado para deshacer los nudos psíquicos inconcientes que dan origen a tal o cual malestar. Al recordar y reelaborar, podemos finalmente liberarnos de seguir actuando, o repitiendo, una situación determinada.

Es importantísimo que el psicoanalista no responda a las demandas o a la transferencia del paciente, pues, de hacerlo, simplemente está estimulando la repetición y bloqueando la posibilidad de recordar.

En el mismo ejemplo, si el paciente ahora demanda té de manzanilla al psicoanalista como forma de resolver su malestar, y el analista responde a la demanda, entonces el psicoanálisis consistirá en ir a tomar té de manzanilla y escuchar música juntos. Naturalmente, esto no tendrá ningún resultado.

Las fallas en el manejo de la transferencia por parte del psicoanalista pueden dar lugar a efectos más nocivos dependiendo de qué se este transfiriendo/repitiendo al psicoanalista. En nuestro artículo “Transgresiones del psicoanalista: ¿cómo dañan al paciente?” ahondamos más en este tema.

¿Comentarios, dudas, sugerencias? Escríbenos a cecilialopez@psicoanalisis-mexico.com

 

 

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