La primera sesión de análisis

Cecilia López

Después de mucho pensarlo, tomamos la
decisión de iniciar un proceso psicoanalítico.
Hemos elegido al psicoanalista, el lugar
y tenemos lista nuestra primera sesión.

¿Cuáles son las dudas y miedos que surgen
en ese momento? ¿por qué surgen? ¿qué
debemos esperar del psicoanálisis?
¿Cómo va a funcionar y cuánto va a durar?

 

Ya tenemos la cita con un psicoanalista, ahora se acerca el día y hora de ir. Es en este momento donde pueden asaltarnos las dudas y miedos. Sentimos ansiedad o nervios, no sabemos qué vamos a decir; incluso podemos tener desidia o apatía y reconsideramos nuestra decisión “No, mejor ya no quiero ir”, “En realidad yo sólo puedo con mis problemas”, “La verdad es que el psicoanálisis no es para mi”, “Está muy lejos y va implicar un costo adicional importante”.

Pensamientos de este tipo indican una resistencia ¿a qué nos referimos con esto? Sabemos que en un psicoanálisis vamos a explorar todas aquellas experiencias, vivencias o sentimientos que nos producen malestar. Naturalmente, la primera reacción es tratar de ignorarlos, “taparlos” y dejarlos ahí abajo, esperando que eventualmente nos olvidemos de que existen y nos dejen de causar conflictos, ¡qué idea tan absurda es desenterrar todas aquellos recuerdos o vivencias dolorosas!

En términos sencillos, digamos que hay una parte de nosotros que se resiste a adentrarnos en las profundidades de nuestra psique y con justa razón. ¿Por qué hacerlo entonces? Enfrentarse a los “monstruos” psíquicos es un proceso muy difícil, nadie lo niega, pero la única forma de evitar que una experiencia o conflicto tenga efectos sobre nuestra vida es examinándola, enfrentándola y ultimadamente reacomodándola, haciéndonos responsables de todos esos monstruos. Si se pretende evitarlo u ocultarlo, siempre permanecerá ahí.

Finalmente, con mucho trabajo, llegamos a nuestra cita. Entramos al consultorio, nos sentamos y el psicoanalista permanece en silencio…y ahora ¿qué hacemos? Ya hemos llegado aquí para encarar nuestros monstruos, y eso ¿cómo se hace?

¿Cómo trabaja el psicoanálisis?

En un psicoanálisis no existe una fórmula específica ni una serie de lineamientos concretos a seguir de igual forma con cada paciente. No se trata de una cadena de montaje donde cada producto debe seguir el mismo proceso de homogenización. Por el contrario, recordemos que el psicoanálisis es un proceso que sigue el “caso por caso”, eso implica que cada paciente tendrá un psicoanálisis especializado, basado en una teoría general.

La única regla que aplica de la misma forma para todos los pacientes es lo siguiente: decir lo primero que venga a la mente sin reserva alguna. No importa si lo que estamos pensado es lógico o no, si hace sentido con lo último que dijimos o no, si nos asustan nuestros propios pensamientos o nos hacen sentir avergonzados.

Un análisis es nuestro espacio más íntimo y se trata de nosotros. Así pues, el psicoanalista permanece en silencio esperando a que nos apropiemos de ese espacio mediante nuestras palabras. Siguiendo la regla de decir todo lo que venga a la mente, nuestro único comando es hablar ¿de qué? de lo que sea que estemos pensando, aunque parezca absurdo, ilógico o aburrido. Nosotros no estamos ahí para entretener al psicoanalista, sino para hablar de nosotros.

¿Cómo ayuda el hablar para enfrentar a los monstruos? Al decir todo lo que venga a la mente sin importar si es absurdo o ilógico, se inicia la llamada “asociación libre”. La asociación libre revela la forma inconciente en cómo se ata un decir con otro.

Por ejemplo, digamos que una persona está hablando sobre su disgusto por el color rojo y después, siguiendo la regla de decir lo que venga a la mente, empieza a hablar sobre un libro donde se narra una relación padre-hijo. La labor del psicoanalista será encontrar el punto de unión escondido entre estos dos temas, pues, aunque aparentemente no tengan vínculo uno con otro, en lo inconciente guardan una estrecha relación.

Siguiendo nuestro ejemplo, el psicoanalista empieza a hacer preguntas e interpretaciones y sale a la luz el recuerdo olvidado del paciente de cuando su padre se enfureció porque obtuvo una mala nota en la escuela -la calificación estaba escrita con tinta roja y por eso el disgusto por el color: le remonta a un fracaso y a la furia de su padre.

En este sencillo ejemplo se puede ver que al decir lo que venga a la mente se tiene acceso al material inconciente, es decir, a las “anclas” de nuestro malestar, miedos o determinadas reacciones. Es la manera de llegar a nuestros monstruos psíquicos. Nuestra tarea es hablar, la tarea del psicoanalista es escuchar lo no-dicho de nuestra habla.

Frecuencia, duración y costos

La frecuencia de las sesiones depende de cada persona. Usualmente es mejor que sean al menos dos sesiones por semana ¿por qué? Porque de esta forma se puede movilizar más el material psíquico y así facilitar la salida de más monstruos. Las sesiones tienen una duración de 45 minutos aproximadamente, pero en ocasiones pueden durar más o menos tiempo, todo depende del trabajo que se esté haciendo en ese momento.

En cuanto a la duración del análisis es imposible establecer cuánto tiempo será. El psicoanálisis no es un tratamiento con una duración y un objetivo fijos, como el caso de una psicoterapia cuyo objetivo es ajustar cierto componente de conducta y después de eso termina. El psicoanálisis no se trata de ajustar una conducta sino de realmente analizar los “monstruos”, y resignificar y reapropiarse de la vida misma, por eso, más que un tratamiento, podríamos asemejarlo con una expedición: no se trata de algo en específico, sino de alguien en específico, de descubrir, estudiar y reacomodar lo que se encuentre en el camino.

La duración de la “expedición” psicoanalítica dependerá de lo que sea descubierto y del cómo se procese. Nuevamente, varía con cada persona, aunque usualmente son procesos mucho más largos que los tratamientos psicológicos.  A pesar de lo anterior, hay que enfatizar que el psicoanálisis no es infinito; sí se llega a un punto de conclusión, sólo que no es posible saber la fecha de finalización desde un principio.

Por último, el costo de las sesiones dependerá de cada paciente, de cada psicoanalista y de la frecuencia del análisis. “¿Por qué se cobran las sesiones a las que falto o las que cancelo?” En términos llanos, porque es una forma de mantener vivo el compromiso hacia uno mismo y no ceder a las resistencias. Puede hacerse una analogía con la suscripción a un gimnasio: se paga la cuota mensual sin importar si se usan las instalaciones diario o sólo un día; tanto la asistencia como la falta son responsabilidad de la persona.

 

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