¿Es posible lograr una comunicación clara?

Cecilia López

En una palabra: No.

Hoy en día, estamos sumergidos en el tema de la comunicación: Qué se dice, cómo se dice, cuándo se dice y a quién se dice. Se propugna por abrir nuevos espacios de diálogo con la esperanza, o más bien la consigna, de alcanzar un entendimiento perfecto entre diversos grupos de interés. Sea en pareja, familia, amigos o sociedad, tenemos a nuestra disposición una amplia variedad de fórmulas específicamente diseñadas para eliminar la interferencia entre unos y otros, al tiempo que se resalta la importancia de tener claridad cuando se traducen los pensamientos a palabras.

Mientras que enfatizar la importancia y posibilidad de un diálogo nítido es fundamental en temas relacionados con espacios sociales o políticos, la perspectiva es radicalmente opuesta a la luz del psicoanálisis. Desde esta perspectiva, la posibilidad de articular un mensaje que, a la vez, sea perfectamente comprendido por el otro y, como consecuencia, nos lleve al camino deseado, es sencillamente imposible.

Palabras ajenas y lo que no se puede decir

Hay muchos factores responsables por la interferencia en la comunicación, uno de ellos es estar enajenados en el propio lenguaje. En otros artículos hemos mencionado que el lenguaje es algo en lo que el cuidado primario sumerge al bebé y con ello nombra, ordena y clasifica al caos de sensaciones interiores. Todos estamos enajenados en nuestra lengua, creados por ella, sujetos a ella.

Aunque quisiéramos considerarnos dueños y creadores del lenguaje, especialmente del idioma nativo, lo cierto es que siempre permanece una condición de extranjería y remisión a ese cuidador primario omnipotente. Lo anterior da como resultado que, al hablar, se expresa más de lo que se dice y, aún así, queda siempre un resto, un algo no dicho en las palabras.

Pensemos, por ejemplo, en una persona que pide un vaso con agua. Podría parecer algo sencillo: En un inicio se aprendió que esa incomodidad en el cuerpo se designa con la palabra “sed” y, al momento de decir “agua”, aparece aquello que apacigua esa incomodidad corporal.

La conexión no queda tan simple como “sed”-“agua”. Conforme uno se sumerge más en las redes culturales y simbólicas del lenguaje, “sed” no solo está relacionada con una sensación displacentera en el cuerpo, sino con una situación de alarma, peligro y solicitud de atención inmediata, se aprende que “sed” es algo capaz de causar graves daños a la salud e incluso ocasionar la muerte. A la par que crecen las conexiones e implicaciones de “sed”, haciéndola más compleja y pesada, así también aumentan las de su contraparte “agua”. Si“sed” es fuente de muerte, “agua” es fuente de vida.

Pensemos ahora en otros elementos de la historia individual de esta persona. De niño, su padre estaba constantemente alcoholizado, lo cual ocasionaba problemas económicos y sociales, riñas frecuentes con otros miembros de la familia y un entorno de inestabilidad, peligro y gritos. Cuando se pasaba el efecto y empezaba la resaca, veía a su padre, humillado, acercarse a pedir perdón al resto de la familia mientras tomaba un vaso con agua. Así, el agua tiene el elemento adicional de la miríada de sentimientos que el alcoholismo e intentos de reconciliación de su padre.

Al momento en que el adulto con esta historia va a pedir un vaso con agua, los pocos elementos que mencionamos, junto con muchos más, entran en juego. Con el agua se pide no solo una determinada cantidad de una sustancia química, sino que también se pide vida, se pide alivio, se pide reconciliación, se pide perdón, se pide rabia e impotencia.

Cada palabra, cada demanda, cada pregunta, está cargada con un complejísimo entramado  psíquico, mismo que pasa totalmente desapercibido por la persona que está hablando (ni qué decir del que escucha) pero cuyos efectos se producen de cualquier forma. Pensemos que la persona de nuestro ejemplo, al pedir el vaso de agua, recibe por respuesta “Solo tenemos vodka”, ¿podemos imaginar cuál sería su reacción “irracional”, conociendo algo de su historia?

La complejidad que rodea a cada palabra no solo son las conexiones que realiza con otras palabras, conceptos, ideas, sensaciones o vivencias, consencientes o inconscientes, sino lo que cada enunciado formulado deja detrás, esto es, el resto imposible de ser trasladado a palabras. Se trata de lo que Lacan identificó como el registro de los Real.

En torno el vaso agua de nuestro ejemplo, tenemos una serie de conexiones y afectos complejos, algunos de los cuales el solicitante del agua conoce, y muchos otros que no. Supongamos que en un análisis pudiera expresarlos todos, hablar de todas las relaciones que existen en torno al vaso de agua, ¿sería entonces una comunicación clara, completa y cabal? No, porque las conexiones son dinámicas, no estáticas, ya que rodean algo (una sensación, un sentir, un “algo”) que no puede traducirse a palabras.

Las razones últimas que llevan a pedir un vaso de agua contienen elementos que, por más que se hable, resulta indecible, inexpresable. Los elementos simbólicos que rodea a “agua” y “sed” van modificándose en ese intento de exteriorizar aquel resto que permanece pero, dado que es imposible decirlo todo, expresarlo todo, ese resto quedará ahí siempre.

Quien demanda un vaso de agua nunca podrá comunicar cabal y satisfactoriamente todo lo que acompaña a pedir un vaso de agua, sin importar cuántas reformulaciones se realicen para pretender lograr esa comunicación clara publicitada.

Escucha fanstasmática

Si hay estática, obstáculos y faltas del lado del que habla, por supuesto también las hay del lado del que escucha. Otros elementos de la “estática” en la comunicación, son la transferencia y el concepto del fantasma de Lacan.

Podemos hacer un símil de la transferencia con la transacción bancaria del mismo nombre: se trata de hacer movimientos de quanta, en este caso de libido, entre cuentas. En la persona del ejemplo del agua, cuando se encuentre con alguien con rasgos similares a los de su padre, transferirá su carga de afectos a esta persona. Así pues, cuando pida un vaso con agua a este alguien similar a su padre, su demanda tendrá una carga diferente que si se lo pidiera a alguien más.

Quien lo escucha, ¿sabe de la historia detrás y que está siendo depositario de un quantum de afecto especial? Por supuesto que no. Esta segunda persona, a su vez, está afectada por las propias transferencias que haya realizado a la persona demandando un vaso con agua, por consiguiente, su escucha pasará por ese “filtro” de emociones relativas a la transferencia.

El fantasma son las fantasías de la personas, entendidas éstas de forma más amplia que los ideales o el llamado “soñar despierto”. No vamos a adentrarnos en este tema, solo diremos que se trata de un filtro más, relacionado con la transferencia, que afecta tanto el decir de quien habla, como la forma de escuchar que cada quien tiene en sus diferentes relaciones.

Pensemos en la estereotípica discusión de una pareja, donde ella le pregunta a él cómo se ve con un vestido y, tras su “Bien”, ella comienza una serie de reproches “Me veo gorda, ¿verdad? Ya no te gusto, ya no te resulto atractiva, ya se acabó la pasión entre nosotros”. ¿Será que él realmente quiso decir todo eso? No es relevante, la serie de filtros psíquicos de ella llevaron a que realmente escuchara esa carga en el “bien”.

El fantasma, la transferencia y demás filtros ocurren por igual en hombre y mujeres, sin importar su edad, preferencias sexuales, inteligencia o estructura psíquica. Son componentes psíquicos inextirpables que van a crear distorsiones en la comunicación siempre.

Vida, malos entendidos

Hay muchos otros factores que contribuyen al efecto del “teléfono descompuesto” en el habla, mismos que, al ser intrínsecos a la psique misma, construida con lenguaje, resultan insuperables. Para el psicoanálisis, hablar de una comunicación sin malos entendidos, sin errores, sin dificultades, es ridículo.

Entonces, ¿estamos destinados a no entendernos? Sí, aunque no necesariamente debe tener una connotación negativa. Por un lado, saber que no se entiende, dejar de confiar en una comunicación clara y estar consciente de todas las estáticas y filtros que afectan el habla y la escucha, paradójicamente pueden mejorarla. Por el otro, en el plano de relaciones personales, no entender y la búsqueda perpetua de lograrlo algún día, es lo que mantiene viva una relación y permite dinamismo. Una comprensión tajante y determinantes, acabaría con el misterio y enigma del otro y, lejos de beneficiar a la relación, precipitaría su final.

 

 

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Julio 2016

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Fantasías