Fantasías

Cecilia López

¿Quién no ha pasado noches enteras fantaseando con diversos escenarios de una vida perfecta? ¿O incluso con sobrellevar una serie de catástrofes y momentos sombríos? Desde el psicoanálisis, fantasear con diversas probabilidades está lejos de ser algo exclusivo de niños o personas que no han “madurado”. Perderse en fantasías, o en sueños diurnos como diríamos en el lenguaje cotidiano, es parte de nuestra psique y ocurre en todas las personas.

¿Por qué fantaseamos?

Estemos conscientes o no, el fantaseo está presente todos los días, en diferentes momentos, en torno a diversos escenarios, algunos más descabellados que otros: Convertirnos en artistas famosos, sobrevivir un terremoto, tener un encuentro sexual fortuito con una persona atractiva, o ser descubiertos como la persona más inteligente del planeta. Las fantasías cubren diversos aspectos, algunas las contamos con soltura y otras  las reservamos solo para nosotros porque ocasionan vergüenza; unas son sobre asuntos que proporcionan bienestar y otras versan sobre temas que parecerían traer malestar o catástrofes.

Fantasear es un ejercicio de prácticamente toda la vida, podemos observarlas desde un infante que, sin tener alimento cerca, hace el movimiento de succión con la boca, hasta personas de edad muy avanzada. Ahora bien, en la mayoría de los adultos, a diferencia del caso de los bebés o de las alucinaciones psicóticas, existen construcciones adicionales que nos permiten hacer una diferencia racional entre acontecimientos reales y fantasías. Esta operación, sin embargo, ocurre a nivel racional; a nivel inconsciente no existe tal distinción.

Así como para el infante la fantasía de alimentarse es real, de igual manera en nuestro inconsciente cualquier acontecimiento fantaseado es tan real como si hubiese ocurrido en el mundo exterior, es lo que se denomina la realidad psíquica. Los sueños, por ejemplo, ¿acaso no generan miedo, emoción y placer con la misma intensidad que el mundo de la vigilia? Los sueños, como manifestaciones del inconsciente, responden a la regla de no distinción entre realidad y fantasía.

Lo anterior permite que las fantasías se conviertan en una forma de satisfacción de la pulsión. Lo anterior nos permite diferenciar la fantasía, en términos psicoanalíticos, de la imaginación. La fantasía no se refiere a imaginar en el sentido común de la palabra, mucho menos se refiere a la intervención de elementos mágicos, sino a la creación de una realidad psíquica, de una historia que ofrezca explicación y sustento para la persona.

En la clínica, la narración exacta del pasado del paciente no tiene importancia alguna. No se trata de saber si a los cinco años se sintió infeliz porque no le regalaron un perro en su cumpleaños, o si a los siete descubrió que sus padres eran los Reyes Magos. Lo que resulta relevante es la reconstrucción subjetiva de la historia, esto es, lo que el paciente dice recordar y la relevancia que esto tiene para él -recuento que cruza, necesariamente, por las fantasías psíquicas y que habla de la realidad psíquica.

Realidad psíquica: Casos de histeria de Freud

A finales del siglo XIX, Freud trabajó con diversos casos de histeria, hombres y mujeres, cuyos síntomas extremos llevaban incluso a parálisis o pérdidas del habla. Según progresaron sus investigaciones, encontró que los síntomas estaban ligados a la sexualidad (cuidado, no nos referimos a genitalidad), como un elemento traumático.

En un inicio, según la reconstrucción de los casos, Freud elabora la teoría de la seducción como explicación de los síntomas de sus pacientes. Según la teoría, sus pacientes habían sido seducidos en su infancia por uno de los padres y, al momento de llegar a la pubertad y empezar el desarrollo sexual adulto, el recuerdo de esta seducción había adquirido el carácter de trauma y se había reprimido, hasta que un elemento en su vida había ‘reavivado’ la represión, creando un síntoma extremo en su cuerpo.

Freud abandona la teoría de la seducción casi en 1900,  al darse cuenta que sus pacientes no habían sido realmente seducidos por un adulto. Si no había ocurrido un abuso sexual en la realidad, pero en sus relatos y síntomas había un elemento traumático sexual en relación con una figura parental, ¿ante qué se encontraba?

Freud descubre la realidad psíquica. Según explica en sus textos de sexualidad infantil y del desarrollo del Complejo de Edipo, los niños se ‘enamoran’ de sus padres y, aunque se trate solo de una fantasía, al no existir diferencia entre la realidad psíquica y la realidad externa en lo inconsciente, este enamoramiento queda como si, en realidad, se hubiesen convertido en la pareja de los padres.

En sus obras, Freud distingue por un lado las fantasías originarias de las fantasías secundarias. Sin adentrarnos más en el tema, expliquemos que las primeras están relacionadas con el origen del sujeto, están relacionadas con la represión primaria y siempre son inconscientes. Las segundas surgen en un momento posterior y son aquellas que pueden ser inconscientes o conscientes, como algunos de los ejemplos que hemos dado.

Fantasía y alucinación

Así como explicamos que la fantasía a la que nos referimos no es lo que en el lenguaje común llamamos imaginación, es importante también enfatizar la diferencia entre ésta y la alucinación.

La distinción entre realidad y fantasía se lleva a cabo a nivel racional, gracias a una serie de elementos psíquicos que permiten hacer la diferencia entre afuera y adentro. En el caso de las alucinaciones que surgen durante un quiebre psicótico, esta barrera se difumina y, entonces, aquello que ocurre dentro, aquella serie de fantasías y realidades psíquicas, no encuentra un dique que permita separarlas y se perciben como si fuesen realidades externas.

Si bien una persona que no tiene estructura psicótica no puede convertirse en psicótico, las alucinaciones no son exclusivas de la personas con estructura psicótica.
Personas con cualquier estructura pueden llegar a vivir momentos donde las realidades psíquicas parezcan interferir con la realidad objetiva. En el caso de algunos pensamientos-fantasías, especialmente los fatídicos, tienen tal fuerza interna que surge el temor de que puedan realizar en lo exterior.

Las fantasías son soluciones que desde nuestra psique construimos frente a diversos aspectos de la realidad.

 

 

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