¡Cuidado con los neuróticos!

Lourdes Sanz

 

En términos coloquiales se suele llamar neurótico a cualquier persona que percibimos como alguien en constante tensión, que tiene mal genio, que es explosiva o incluso agresiva, que no puede controlar sus emociones y que en suma padece de cierto “problema de personalidad” haciendo de la convivencia algo imposible, para enfrentar el problema, a estas personas que llamamos “neuróticos” constantemente se les recomiendan remedios múltiples que le permitan controlar su carácter y vivir de una manera más tranquila y adaptada.

¿De dónde proviene esta idea?

Estrictamente hablando, el término “neurósis” se refiere al sistema nervioso, a una “enfermedad de los nervios”, el diccionario Larouse lo define como una afección nerviosa caracterizada por conflictos intrapsíquicos que inhiben las conductas sociales y por una conciencia dolorosa de los trastornos. Asimismo, el diccionario en cuestión define al neurótico o neurótica como afecto de esta enfermedad 

En el siglo XVIII Philippe Pinel inició un importante movimiento que buscaba modificar la forma en la que se veía la locura. En su esfuerzo por devolver el respeto a la dignidad de los pacientes, Pinel inició llamándola “alienación mental”  y emprendió la investigación sobre las causas de ésta para poder ofrecer a los alienados mentales tratamientos y condiciones tales que permitieran su reintegración exitosa a la vida social.  Pinel consideraba que las afectaciones mentales tenían una causa orgánica y ubicaba la misma en el sistema nervioso, de ahí que emprendió el estudio y clasificación de las llamadas “neurosis”, camino que continuaron muchos después de él, desarrollando multiples teorías relativas a la aparición, gestación y tratamiento de las “neurosis”.

Como médico neurólogo, Freud llevó a cabo también una serie de estudios e investigaciones  en torno a las “neurosis”, sin embargo, dio un giro importante al foco de la investigación pues su interés se centró en conocer cómo se producían los síntomas y la lógica a la que respondían y no tanto en encontrar si había lesiones anatómicas o funcionales en el sistema nervioso central.

Freud descubrió que las afecciones que padecían los  pacientes poco tenían que ver con aspectos orgánicos y mucho con aspectos subjetivos, psíquicos, que incluso se manifestaban en el propio cuerpo, aunque sin seguir la lógica anatómica o fisiológica del mismo.

Por ejemplo, una persona totalmente sana podría tener paralizada o dormida una parte de la mano y no otra, a pesar de que toda la mano se encuentra igualmente enervada e irrigada por los mismos vasos sanguíneos y sin presentar ninguna lesión.  Es decir, en las “neurosis” no es lo orgánico lo que determina lo psíquico, sino lo psíquico influye en lo orgánico.

Las investigaciones de Freud le fueron llevando a diversos descubrimientos en cuanto a nuestra psique, uno de los más importantes es el descubrimiento del inconsciente. Asimismo, su observación de los síntomas presentados en los diversos pacientes, le permitieron descubrir que los síntomas, más que ser aspectos “descompuestos” de una persona, que es necesario “componer”, son una expresión de la persona misma, son una “formación del inconsciente” que junto con otras formaciones del inconsciente como los lapsus (equivocaciones al hablar), los actos fallidos (olvidos, pérdidas de objetos, etc.) y los sueños, permiten acceder a aquello alojado en el inconsciente de una persona.

En nuestro artículo del inconscienteexplicamos cómo aquello desalojado de la conciencia hacia lo inconsciente, influye nuestro sentir y actuar y cómo podemos adueñarnos más de nosotros mismos en la medida en que vamos conociendo qué es aquello que ha quedado “guardado” en lo inconsciente y cómo podemos ir perdiendo el miedo a esa parte desconocida nuestra.

Concepción psicoanalítica del “neurótico”

En nuestro artículo "¿Enfermedades mentales? Estructuras en psicoanálisis" dimos un breve vistazo a lo que entendemos por una estructura psíquica, y brevemente explicamos la llamada “estructura neurótica”, pero  ¿qué es lo característico de un neurótico, es decir, de una persona cuya estructura psíquica es neurótica? En realidad, la estructura psíquica neurótica es un posicionamiento subjetivo. Para poder entenderlo explicaremos los dilemas a los que nos enfrentamos las personas y que inciden en la conformación de nuestra psique y nuestra subjetividad.

Principio de placer y principio de realidad.

El aparato psíquico se mueve por el “principio del placer” esto significa que desde muy pequeños, cuando vivimos una experiencia, ésta queda “registrada” en nuestra psique, pongamos un ejemplo: un bebé que siente hambre o frío, registra esta experiencia como dolorosa o displacentera, y cuando su madre le alimenta y abriga, registra una experiencia placentera.

El “registro” de placer y confort  o  bien de displacer y dolor va adquiriendo complejidad en nuestra psique porque, siguiendo con nuestro ejemplo, no es solamente la satisfacción de la necesidad de abrigo o alimento lo que se recibe, sino también el cuidado, el cariño, el abrazo, las palabras reconfortantes escuchadas, etc., esto adicional queda también registrado en la psique. Es decir, en las personas, el placer no se limita a tener colmada una necesidad orgánica, sino que incluye otras cosas, va más allá y se van generando ciertas “necesidades” de otro tipo, llamémosles “psíquicas”, cuya satisfacción buscamos siempre.

Estas “necesidades psíquicas” así generadas, son inciertas y cambiantes, en ocasiones precisamos un abrazo, otras una sonrisa, otras algo más que ni siquiera nosotros entendemos con claridad. Freud llamó “pulsiones” a esta “necesidades psíquicas”. 

Las pulsiones son distintas de las necesidades orgánicas porque las necesidades de nuestro organismo siempre requieren de un satisfactor similar, por ejemplo si se siente hambre, el satisfactor es un alimento, en cambio, para satisfacer las pulsiones, se requiere siempre de algo distinto, y además nunca se logra una satisfacción total, precisamente porque no se tiene noticia de qué es exactamente lo que nos satisface.

Las pulsiones entonces son cambiantes y solamente pueden ser satisfechas parcialmente, están  ligados a experiencias de placer y confort así como a fantasías en torno a acceder a tales experiencias satisfactorias.

Las pulsiones, insistimos, nunca logran satisfacerse totalmente, siempre queda un resto que no puede ser colmado, permanece por tanto el deseo de satisfacción. Por otra parte, en muchas ocasiones nuestros deseos simplemente no son atendidos,  o más aún, son rechazados.  Nuestros padres nos enseñan que debemos comportarnos, que todo tiene un límite, que no siempre podemos obtener lo que deseamos, que debemos esforzarnos para merecer aquello que deseamos. Enseñanza que la vida misma nos reitera una y otra vez.

Simplificando enormemente la complejidad de lo que ocurre en nuestra psique, digamos que  dentro de ésta se genera una “lucha interna” en donde, por una parte se ubican  las pulsiones y la posibilidad de satisfacerlas aunque sea parcialmente y por la otra las posibilidades reales de satisfacción  aunadas a los límites enseñados por nuestros padres y las normas sociales, esto segundo constituye el “principio de realidad”.  

La “lucha interna” se da entonces entre la búsqueda de satisfacer las pulsiones y la realidad que nos impone condiciones para lograrlo. La presión de nuestra psique por satisfacer la pulsión se convierte en una especie de “peligro” para nuestro yo que se esfuerza en la autorregulación a la vez que busca la autorrealización.

¿Cómo se maneja este dilema?

La estructura psíquica de cada persona marca la manera en cómo se enfrenta esta compleja “lucha interna”. En el caso de la estructura neurótica, entra en juego un mecanismo denominado “represión” ¿cómo opera la represión? Retomemos lo que veníamos explicando. Por una parte se vive la presión de las pulsiones y por la otra rige el principio de realidad y el acatamiento de las normas y deseos de los padres.

En el caso de la estructura neurótica, el sujeto reconoce el conflicto, sabe de sus pulsiones y deseo de satisfacerlas, pero acepta, no sin conflictos, los límites y normas que existen para su satisfacción, entonces el neurótico renuncia al goce desmedido, acatando la “ley”.

El mecanismo de la represión, que es inconsciente, es muy complejo pero buscaremos explicarlo mediante un ejemplo simple: digamos que un niño desea que su madre le abrace toda la noche, el padre le señala que él debe dormir en su cama y en su cuarto. El pequeño sabe que el sitio de su madre es junto a su padre, que cada uno tiene su espacio y es distinto, que si su madre le abraza toda la noche, ni él ni su madre lograrán descansar…

En este ejemplo, el niño se debate entre el deseo de que su madre lo abrace y el temor de que su padre se enoje con él. Quiere por una parte satisfacer su deseo pero si lo satisficiera no podría descansar, dañaría a su madre quien tampoco podría descansar y sobre todo, haría enfadar a su padre. ¿Cómo se podría resolver el dilema? Digamos que el niño opta por solicitar dormir abrazando a su osito de peluche.

En la estructura neurótica, la represión lleva a desligar el afecto de su objeto, es decir de aquello específico que se concibe como satisfactor,  en nuestro ejemplo, el niño desliga la “necesidad de ser abrazado” de “su madre”.  En el mecanismo de represión, el afecto se “liga” a otro objeto satisfactor o bien se posterga la satisfacción.

En nuestro ejemplo ocurre lo primero, la “necesidad de abrazo” se vincula ahora a otro objeto distinto de la madre, el osito, y así, el niño renuncia a la satisfacción de la pulsión, sin embargo sí  logra un satisfacerla parcialmente y a la vez no desobedece al padre.  El niño opta por renunciar a su deseo de que la madre lo abrace, porque acata el mandato del padre a quien respeta y obedece y porque está consciente de las consecuencias en la realidad, “sustituye” el abrazo de su madre por abrazar él a su osito de peluche y acata el mandato de su padre y la realidad.

Es importante aclarar que este mecanismo es inconsciente pues las renuncias y luchas internas son mucho más complejas que las que revela nuestro ejemplo. Lo importante es insistir en que, reprimir no implica olvidar o desterrar, sino simplemente desalojar. Lo inconsciente permanece ahí, impulsando las acciones, emociones, sentimientos. El conflicto en ocasiones se resuelve felizmente, como en nuestro ejemplo, sin embargo en otras ocasiones no es así y ello lleva a sentimientos penosos: desadaptación, angustia, sinsentido, vulnerabilidad y hasta manifestaciones somáticas como dolores de cabeza, gastritis, colitis, etc.

El neurótico, entonces,  es alguien que, sin hacer caso omiso a su deseo, tiene a la mano una serie de referencias simbólicas  que, aún cuando se sienta incómodo con ellas y sufra por verse sometido a sus exigencias y limitaciones, le evitan el horror del goce desmedido, del desorden más absoluto. 

El neurótico dispone de leyes suficientemente reguladas como para poder orientarse en un mundo compartido y que le permiten dar un sentido a la vida y a las relaciones con los demás.

 

 

Marzo, 2013

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