Las 3 "Rs" del psicoanálisis

Cecilia López

En varios artículos de esta página
hemos hablado de que el trabajo en un
psicoanálisis consiste en ayudar a la persona
a resignificar lo inconciente y tomar su
propia vida en su manos.

¿En qué consiste esto? ¿Cómo se logra?
Uno de los elementos de la resignificación consiste
en las 3”R”s del psicoanálisis: sustituir las repeticiones
por el recuerdo y, desde ahí, reelaborar.

 

¿Cuántas nos ha ocurrido que hacemos algo que sabemos nos hace daño o no nos gusta hacer? Comemos de más aunque no tengamos hambre, buscamos relaciones de pareja destructivas, entramos a trabajos aburridos, no estudiamos antes de nuestro examen…Por más voluntad y determinación que tengamos, parece haber algo más allá que nos impide modificar tal o cuál situación.

En estas situaciones, es relativamente común que en algunas películas, series, libros o incluso programas de radio se haga mención a la llamada “compulsión a la repetición” sin ahondar más al respecto; simplemente se queda como una idea en el aire y da lugar a múltiples interpretaciones, pocas de ellas psicoanalíticas.

Algunas veces se relaciona esta compulsión a la repetición con la determinación casi profética de “las mujeres acaban convirtiéndose en su madre y casándose con un hombre igual a su padre; y los hombres siguen el mismo camino que su padre y buscan una mujer igual a su madre”. Lo cierto es que la enunciación anterior, aunque popular, poco tiene de cierta. Se originó de tomar una noción de los textos de Sigmund Freud, sacarla de contexto y, sin más explicaciones o disertaciones, convertirla en una cuasi-maldición inescapable. 

Si contextualizamos en el psicoanálisis la compulsión a la repetición y esta cuasi-maldición, nos topamos con que ambas tienen relación con la forma en cómo se tramita el material inconciente. Es justo aquí en donde entra en juego el proceso psicoanalítico y uno de los trabajos que se hacen dentro de un análisis.

 

Olvidos, represión y resistencia

Antes de entrar de fondo a la repetición y a las otras dos “R”s del tratamiento psicoanalítico (recordar y reelaborar), es necesario retomar el concepto de lo inconciente y hablar un poco sobre la cuestión del olvido y las resistencias.

Como ya explicamos de manera sencilla en nuestro artículo de agosto titulado “Inconciente”, podríamos considerar el inconciente como el lugar donde se almacenan todas nuestras vivencias y experiencias.

Es muy común que ciertos momentos de nuestra vida, o incluso épocas entras, parezcan estar definitivamente olvidadas, se han perdido por el paso del tiempo. No nos preocupamos, es normal, conforme uno va creciendo, va dejando atrás lo pasado. Entonces sucede que, casi mágicamente, un día regresan a nuestra mente algunos recuerdos de nuestro pasado extraviados. ¿De dónde vienen?

Por el contrario, tenemos muy presentes ciertos acontecimientos o vivencias, especialmente algunos que consideramos valiosos o peculiarmente difíciles. Nos acompañan como un recordatorio constante de nuestros logros, o como un tormento de nuestro malestar. De pronto, sin más aviso, un día despertamos y no podemos recordar los detalles de un evento, incluso puede ser que sólo conservemos algunos fragmentos del mismo. ¿A dónde se fueron?

Para ambos casos la respuesta es la misma: a lo inconciente. “Pero…¿por qué aparecen y desaparecen recuerdos aleatoriamente?” No es por azar, ni tampoco por el paso del tiempo, sino porque se han generado ciertos cambios y movimientos dentro de nuestra psique que han provocado que olvidemos o recordemos ciertos eventos. En un análisis, este movimiento es muy común, es el objetivo mismo del proceso; sin embargo, aun cuando no estemos en psicoanálisis, ciertos eventos recientes pueden impactar nuestra cadena psíquica y generar movimientos.

Para ejemplificar lo anterior, digamos que una persona estuvo en un choque automovilístico grave en algún punto de su vida. Diez años después del accidente, casi lo ha olvidado por completo; sin embargo, presencia un choque similar al suyo en un lugar parecido a donde él estuvo y, de golpe, regresan a su mente todos los detalles de la vivencia. En este caso, se engarzaron elementos actuales con los elementos de la vivencia y eso puso en movimiento su psique y, como resultado, salió a flote el recuerdo olvidado.

¿Qué es lo que nos hace olvidar? La resistencia. Sin entrar en detalles más teóricos, digamos de manera llana que cuando alguna vivencia, experiencia o incluso una fantasía, resulta amenazadora, dolorosa o vergonzosa para nuestra parte conciente, hay una resistencia a que salga aquella “cosa” tan amenazadora.

Esto funciona así: hay un “algo” (deseo, fantasía, vivencia), cargado de energía, que viene desde lo inconciente y está luchando por salir a la conciencia para liberar esa energía, igual a un volcán tratando de hacer erupción. Sin embargo, resultaría muy difícil o amenazante para nosotros manejarlo desde la conciencia, entonces se aplica una fuerza en contrario para mantenerlo ahí abajo, en lo inconciente. Nos resistimos a dejarle pasar a nuestros pensamientos.

 

Compulsión a la repetición

Hay que enfatizar que aquello a lo que se resiste nuestra conciencia es a que recordemos ese “algo” inconciente; el recordar implica tener plena noción del “algo”, tenerlo conciente, valga la redundancia.  Ante la insistencia del material inconciente por salir y la resistencia de la conciencia a recordar, se abre paso un hecho alterno: la repetición.

El material inconciente (deseo, fantasía, vivencia) está cargado de energía. Cuando algo del material inconciente insiste en salir, es porque está en la zona fronteriza entre lo inconciente y lo conciente y está listo para liberar la energía acumulada en él. Lo idóneo sería recordar, pero ante la falta de tránsito libre hacia la conciencia para realmente recordar, se libera por medio de la actuación, esto es, se actúa en lugar de recordar. Como en una obra de teatro, al actuar el material inconciente, estamos repitiendo la vivencia o fantasía que tenemos alejada de la conciencia.

El actuar el material inconciente no se da una única vez, sino que, precisamente porque el actuar no hay liberación alguna de la energía, la actuación se repite una y otra, y otra, y otra vez…aquí lo vemos claramente: hay la compulsión a la repetición por no haber tramitado correctamente el material inconciente.

Vale aclarar que el actuar, y por lo tanto repetir, no se hace desde la conciencia y, precisamente por ello, se siente como una fuerza incontrolable ajena a nosotros que nos lleva a repetir determinadas situaciones aunque no lo deseemos realmente. Es una sensación de destino que puede dar lugar a comentarios como “todo me sale mal”, “siempre tengo mala suerte en esto”, “siempre elijo a parejas que me hacen daño”…en todos ellos, hay una compulsión a repetir un cierto material inconciente: al no tramitarse, lógicamente se obtienen los mismos resultados de repetir una misma “escena” compulsivamente.

 

Recordar y reelaborar: un nuevo camino

Mientras el material inconciente se siga repitiendo mediante la actuación y puesta en escena de la misma situación una y otra vez, no es posible modificar la situación y darle un nuevo rumbo. Sigue siendo dominio de lo inconciente al que poco le importa razón, voluntad y pensamientos positivos.

La única forma de terminar con esta situación es traer el material inconciente repetido a la conciencia, es decir, recordar. Al momento de vencer la resistencia y darle paso a lo que insiste en salir, es cuando podemos recordar y de esta forma liberar la energía de ese “algo”. Muchas veces el recordar trae consigo dolor o malestar profundos, ¡precisamente por ello se mantenía alejado de nuestra mente! Pero es la  única forma de lograr una reconciliación y liberarse de la cuasi-maldición a repetir.

Una vez que hemos recordado, podemos reelaborar, es decir, hacer propio el material inconciente y darle un nuevo significado, un nuevo cause, apropiarnos y ser plenamente responsables de nuestras vivencias, deseos y miedos.

Aunque suene sencillo, el paso a recordar lo “olvidado” y después a reelaborarlo es difícil; más aún porque no se trata de una única vivencia desalojada de la conciencia, sino de toda una serie de eventos que, por alguna u otra razón, terminaron en las profundidades de lo inconciente y se han vuelto amenazantes para la conciencia. Ésta es una de las razones por las que el psicoanálisis toma mucho más tiempo que otras terapias o tratamientos psicológicos o psiquiátricos: se está lidiando con las profundidades y las resistencias a adentrarse en ellas para hacer un movimiento significativo.

 

Marzo, 2013

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