Peso, sobrepeso... ¿contrapeso?

Lourdes Sanz

La salud alimentaria han ido ganando relevancia en ámbito de la salud pública en nuestro país, primordialmente por su vinculación con una serie de enfermedades asociadas a la obesidad y el sobrepeso, tales como la diabetes, la hipertensión, cardiopatías, padecimientos hepáticos, etc. y el elevado costo que tiene su tratamiento.

Desde los ámbitos gubernamentales se han implementado importantes esfuerzos dirigidos a combatir el sedentarismo y a modificar patrones de alimentación de las personas con el objetivo de disminuir la obesidad.

Al mismo tiempo, resultado de una exaltación de la imagen –esbelta y joven- que promueve la cultura mediática, surgen múltiples opciones, algunas de ellas cuasi mágicas que prometen alcanzar la figura ideal.

Estas iniciativas, sin bien apreciables, no son suficientes para alcanzar exitosamente la modificación de la situación, ¿por qué afirmamos lo anterior? porque se dirigen a ofrecer una solución masiva para una situación que tiene tantas variantes como personas afectadas.  Cabe añadir que los problemas vinculados a la salud alimentaria no se limitan al sobrepeso y la obesidad, sino que contemplan también trastornos vinculados a la alimentación deficitaria, a la anorexia y a la bulimia.

Las medidas propuestas por los programas de salud serios, contemplan aspectos biológicos concretos tales como la cuenta de calorías, grasas o carbohidratos en la dieta o bien el ejercicio a través del cual se fortalecen los músculos del cuerpo y se consume mayor energía; sin embargo no contemplan aspectos que tienen que ver con lo psíquico, o con las razones, conscientes o inconscientes, que llevan a las personas a una cierta manera de entender su cuerpo o relacionarse con él.

Como hemos expresado en otros artículos, los seres humanos no estamos regidos por la naturaleza o por instintos, de hecho nada hay de natural en nosotros, sino que lo que nos caracteriza es precisamente el rompimiento con lo natural, para asumir, desde una posición subjetiva, todo aquello que en las especies animales está dado por la biología, regido por los instintos. 

En este sentido, los seres humanos no “sabemos” de manera natural, por ejemplo,  cuáles son los alimentos que podemos comer sin comprometer nuestra salud o bien cuáles son los nutrientes  que responden a los requerimientos de nuestro cuerpo, qué alimentos los contienen o en qué proporción debemos ingerirlos.

La ciencia ha contribuido a encontrar respuestas que nos orienten, al menos desde el punto de vista fisiológico, sin embargo, las personas somos más que un organismo biológico. Por esta razón, no es posible pretender una solución universal a través de la estandarización de regímenes alimenticios o de ejercicio porque, para ser realmente efectivos, estos programas requieren responder, de manera individualizada, a las personas concretas.

¿Por qué?  Porque el cuerpo surge, como “yo mismo” a partir de la constitución subjetiva de la persona.  En el artículo intitulado “Cuerpo al diván” hemos analizado la diferencia entre nuestro organismo y nuestro cuerpo. Retomando algunas de las ideas vertidas en ese artículo, subrayemos que existe una diferencia entre ambos: el organismo correspondería a la dimensión biológica, el cuerpo, por su parte, corresponde a la conjunción entre lo biológico y lo psíquico, es decir a la individualización y apropiación del organismo,  vertiendo en éste nuestra dimensión psíquica, y convirtiéndolo precisamente en este “yo mismo”. 

Relación con el cuerpo: componente fundamental

Habiendo establecido que, en el caso de los trastornos alimentarios (sea que resulten en sobrepeso o peso bajo –anorexia, bulimia-), el abordaje debe ser individualizado, caso por caso, hagamos un bosquejo de algunos factores que cada persona requiere revisar en sí misma, para comprender como se posiciona, integralmente, con respecto a su peso, y a su cuerpo.

En cuanto a la manera en cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo, consideraremos tres aspectos: la percepción que tenemos de la forma de nuestro cuerpo, la interpretación que hacemos de las sensaciones de nuestro cuerpo y el significado que damos a nuestro cuerpo.

Forma de nuestro cuerpo

Cuando nos referimos a la forma del cuerpo estaríamos aludiendo a la imagen y a la representación corporal.  La imagen tiene que ver con la forma de nuestro cuerpo: dimensiones, superficie corporal, postura, movimientos, etc.

Con respecto a nuestra imagen, tendríamos que considerar  qué apreciaciones despierta en nosotros la forma de nuestro cuerpo, es decir, si es bella, proporcionada, vivaz, alegre, o por el contrario la percibamos como antiestética, ridícula, desagradable.

También es muy importante el preguntarnos sobre nuestra representación corporal, es decir, cómo nos estamos viendo, si lo que nosotros vemos corresponde con la imagen real o si nuestras emociones nos hacen ver nuestra imagen distorsionada, distinta a lo que marcan indicadores objetivos como la talla, peso, porcentaje de grasa corporal, etc. o a cómo la ven los demás. 

Vinculación entre sensaciones (corporales) y afectos

Un segundo ámbito de la relación con nuestro cuerpo tiene que ver con los placeres, displaceres, sentimientos y afectos que detonan las diversas sensaciones corporales. Será necesario considerar cómo vivimos las sensaciones que provienen del interior de nuestro cuerpo tales como:  el hambre, la saciedad, el dolor, el malestar, etc.

Por ejemplo, algunas personas se sienten desamparadas cuando tienen hambre, otras vinculan el placer con la trascendencia, algunas más asociarán la tensión física con la admiración, la saciedad con la plenitud, el dolor con la entrega amorosa.

Con base en las asociaciones que hagamos entre afectos y sensaciones, estaremos privilegiando repetir o evitar ciertas sensaciones físicas en nuestro cuerpo, porque estarían representando afectos que deseamos promover o evadir.

Este segundo ámbito es particularmente relevante cuando consideramos no solamente el aspecto alimentario, sino también la adicción a sustancias que provocan ciertos estados físicos, que las personas vinculan con afectos y emociones.

En este orden de ideas, nos enfrentamos en ocasiones a la búsqueda de placer exacerbado que, deja de ser disfrutarse, para convertirse en un exceso intolerable, y que en muchas ocasiones termina por convertirse en un dispositivo engañoso que tiende a la autodestrucción.

Significado de nuestro cuerpo

El tercer aspecto que revisamos en este apartado es el relativo al significado del cuerpo. En este ámbito estaríamos refiriéndonos a lo que significa el propio cuerpo en relación a las demás personas, en particular a aquellas que han conformado el núcleo cercano. 

El significado del cuerpo tiene que ver con la mirada del “Omnipotente”. El significado del cuerpo se construye a partir de las primeras interacciones con la madre o cuidador primario, en la interrelación con la madre, el niño descubre su cuerpo, aprende a conocerlo, a cuidarlo y disfrutarlo, siempre y cuando la madre cuide del cuerpo del niño y apruebe este “autoaprecio”.

Al paso del tiempo el cuerpo significará una forma amable y placentera de vinculación con los demás o bien un objeto de vergüenza o un obstáculo para lograr la construcción de relaciones personales.

Finalmente señalemos que en el significado del cuerpo intervienen: la experiencias afectivas vividas en cuanto al contacto con el cuerpo; el placer o temor asociado al movimiento del cuerpo como por ejemplo el miedo a alejarse o bien la celebración de la pasividad y finalmente la valoración del cuerpo al interior del núcleo familiar, comunitario, social y cultural en el que se desenvuelve el sujeto.

 

Marzo 2014

Inconsciente II

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Cuerpo al diván