Cuerpo al diván

Lourdes Sanz

En un artículo anterior explicábamos que en etapas tempranas de nuestro desarrollo, conforme vamos tomando conciencia de nosotros mismos, vamos reconociendo y apropiándonos de nuestro cuerpo: nuestros brazos, piernas, rostro, en fin todo lo que conforma nuestra biología lo percibamos como  una parte propia: esta es mi mano, he lavado mi rostro, etc. Más aún, mi cuerpo todo, es una unidad que soy “yo mismo”: yo soy ese que veo en el espejo, soy aquél en la fotografía… No se trata de un cuerpo humano, se trata de mí.

Al inicio de la vida, es la madre o cuidador primario quien asume el cuidado del niño, tanto en lo relativo a su cuerpo: higiene, nutrición, salud, etc. La madre o cuidador primario del niño, es percibido por este como alguien lo puede todo, por tanto como “Omnipotente”. Esta persona “Omnipotente” es quien introduce al niño, a sí mismo, por medio del lenguaje. ¿Qué queremos decir con esto?  Cuando el bebé llora, será la madre quien le tomará en sus brazos y revelará: “tienes hambre” y le alimentará, “estás sucio” y le bañará y cambiará, “tienes sueño” y le arrullará.

El Omnipotente habla al niño y le brinda cuidados que le producen satisfacción, le brindan confort y placer. El Omnipotente es quien sabe que es lo que el chico necesita, sabe qué es lo que desea y cómo dar respuesta a lo que le inquieta o le produce malestar.

Al dirigirse al niño con palabras, explicándole el significado de sus sensaciones, dándole respuestas, la madre “habla” al niño y también “habla” su cuerpo, porque expresa que ese cuerpo es él, al tiempo que le explica qué siente, qué necesita y cómo obtener satisfacción.

El niño así se percibe vulnerable pero a la vez sostenido y dependiente de su madre. Por otra parte, pronto se percata de que en tanto cuente con la presencia y atención de su madre o cuidador primario, logrará deshacerse de lo displacentero y obtener aquello que le produce bienestar.

Cuerpo – Imagen - Yo

En etapas tempranas de la vida, a través de lo que Lacan denomino “estadio del espejo” integramos nuestra propia imagen. Al igual que en el proceso anterior, el “Otro” juega un rol fundamental en ello, es decir, la propia imagen se conforma también desde el lenguaje y con la mediación del Otro.

¿Por qué se denomina “estadio del espejo”? Si pensamos en la experiencia de mirarnos a nosotros mismos, pronto nos percataremos de que nuestro rostro, por ejemplo, no podemos mirarlo directamente, sino solamente en nuestro reflejo. De igual manera, solamente a través del espejo podemos mirar la totalidad de nuestro cuerpo de un solo golpe de vista. En este sentido, solamente a través de la intermediación de otro, en este caso el espejo, podemos mirar nuestra imagen. El espejo nos devuelve un reflejo que es nuestra imagen, y que reconocemos como “yo”.

Este primer reconocimiento de nuestra imagen, ocurre en la infancia, a través de otra persona, nuestra madre por ejemplo, que nos señala, “mira ahí estás tú”. El chico mira su reflejo y el de quien le sostiene y pronto se percata de que el reflejo es el de su madre y por tanto el otro reflejo es él mismo.

La imagen que devuelve el espejo, es la del propio cuerpo, así la imagen del cuerpo se transforma en la imagen del yo mismo.

Esta imagen del cuerpo se irá complementando al paso del tiempo con todo aquello que la madre, padre y personas cercanas al niño le dicen con respecto a él mismo, por ejemplo: que es lindo, que es simpático, que será un gran bailarín, que es igualito a su abuelo, etc. Posteriormente, también se incorporarán otro tipo de juicios: eres obediente, eres rebelde, eres bueno, eres sucio, eres inteligente, eres hábil, eres torpe, etc.

Resumiendo, podemos decir que nuestro cuerpo no es sólo nuestro organismo, sino el organismo que ha sido explicado, “hablado” por el Omnipotente. El organismo del cual nos hemos apropiado por medio del lenguaje. La imagen de nosotros mismos se asienta en nuestro cuerpo, y se complementa con otros elementos que no pueden verse al mirar el cuerpo. Otro, percibido como Omnipotente, nos ha revelado a nosotros mismos por medio de las palabras, del lenguaje, en este sentido, mi cuerpo y la imagen que percibo de mi mismo, se forma a partir de otro Omnipotente.

Cuerpo – Amor – Yo  

Explicábamos cómo la madre o cuidador primario, se hace cargo de los cuidados y atención del pequeño. Al cuidar del cuerpo de su pequeño, la madre da a su hijo mucho más que sólo un baño o un biberón, le habla, expresa sus anhelos y expectativas, imagina cómo alcanzará logros que ella mismo no logró consolidar, le da cariño y espera que el pequeño le quiera y responda a aquello que ella desea de él. En otras palabras, la madre demanda del niño ciertas respuestas que le enorgullezcan y satisfagan sus anhelos como madre.

Desde el punto de vista del niño, los alimentos y atenciones que recibe de su madre adquieren un significado mucho más amplio que la mera pulcritud o nutrición, significan la posibilidad de contar con satisfactores y de sentirse protegido; más aún, en esta relación, el pequeño recibirá de su madre aprobación, aceptación y cariño. Al igual que su madre, el chico demanda algo más: su presencia, su sonrisa, su amor.

Lacan nos enseña que toda demanda humana es una demanda de amor, porque en el intercambio lo realmente importante no es el satisfactor de la necesidad como tal, sino aquello adicional que recibimos y que simboliza el reconocimiento y el amor del otro, más aún cuando este otro que nos reconoce es percibido como Omnipotente.

El pequeño aprenderá cómo relacionarse con su madre (Omnipotente), responder a sus expectativas y demandas, para a su vez recibir de ella satisfactores, cuidados, protección y amor.

A partir de esta primera vinculación, el niño ensayará y aprenderá a vincularse con los demás, siempre referido, en primera instancia, a la aprobación del Omnipotente.

Así se va conformando nuestro yo, que por una parte nos permite identificar, reconocer y satisfacer las propias necesidades y demandas y por la otra nos facilita el descubrir, analizar y adaptarnos a la realidad externa a nosotros mismos.

Desde nuestro cuerpo, son los órganos de los sentidos los que nos ayudan a vincularnos con el mundo. Desde lo interno, es desde nuestra psique desde donde interpretamos el mundo, descubrimos los límites de lo posible, encontramos maneras de alcanzar lo que deseamos y aprendemos a relacionarnos con las personas.

Cuerpo – dinamismo - límite

Es a través de nuestro cuerpo que interactuamos con los demás, comunicándonos, conviviendo con otros, con lo que sucede a nuestro alrededor. En este sentido, el cuerpo no es algo estático y dado, sino que se trata de un proceso dinámico de construcción de nosotros mismos.

Nuestro cuerpo es una vía de expresión, de interacción y de intercambio, cada momento que vivimos, cada experiencia, cada sensación, cada sentimiento, se vive en y desde el cuerpo.

A través del cuerpo disfrutamos, y también a través del cuerpo padecemos. Es en nuestro cuerpo en donde encontramos límites como por ejemplo en: la fuerza, la velocidad, los umbrales de los órganos de los sentidos, la fragilidad, etc. incluso la capacidad para disfrutar, por ejemplo de la comida o de otros placeres, tiene un límite en nuestro cuerpo. Las limitaciones que impone la realidad del cuerpo se contraponen con anhelos de eternidad y plenitud.

Siendo nuestro cuerpo la síntesis de organismo y psique, en éste se manifiesta, de manera intencional, aquello que deseamos comunicar, digamos lo que es consciente, y de la misma manera, se expresa aquello que ha sido desalojado de la consciencia, es decir, lo inconsciente.

Cada uno de nosotros, cada sujeto, se constituye en el seno de una grupo humano, aprendiendo de sí mismo a través de los demás, sin embargo, ello no implica que no pueda asumir la responsabilidad de sí mismo, tanto de aquello de lo que es consciente como de aquello que permanece en su inconsciente.

A través del proceso psicoanalítico, el sujeto puede identificar y modificar la posición desde donde se relaciona con los demás, consigo mismo, con su cuerpo y con la realidad que le rodea. En otras palabras, si bien la realidad trae consigo una serie de situaciones, cada persona las vive y las enfrenta desde su propia subjetividad. Cada sujeto es susceptible de transformación, a partir de sí mismo.

 

Marzo 2014

Inconsciente II

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Cuerpo al diván