Lo que ignoro de mí: el inconsciente

Lourdes Sanz

El siglo XX inicia con un importante descubrimiento de Sigmund Freud, publicado en su obra La interpretación de los sueños.

“El hombre… se siente soberano en su propia alma…no es así… El “yo” se siente incómodo, tropieza con límites a su poder en su propia casa, el alma. De pronto afloran pensamientos que no se sabe de dónde vienen; tampoco se puede hacer nada para expulsarlos… estos huéspedes extraños… resisten todos los ya acreditados recursos de la voluntad, permanecen impertérritos (imperturbables) ante la refutación lógica, indiferentes al mentís de la realidad”. (Freud, 1992, P.133).

Algo de mí que desconozco

Freud revela uno de sus más grandes descubrimientos: precisamente ahí, en lo más íntimo del pensamiento de cada persona, existe algo que no debería existir, que no se reconoce como propio, algo de lo que no se sabe ni se quiere saber.

En medio de la lógica y razón de la persona, se encuentra una falla desde donde, otra instancia, ajena e incomprensible para el pensamiento consciente, habla al sujeto, sin control o injerencia por parte del sujeto mismo.

Desde entonces nada volvería a ser lo mismo. El inconsciente se convirtió rápidamente en el cimiento de toda la teoría psicoanalítica.

¿Cómo “opera” lo inconsciente?

Lo primero que será necesario establecer es el hecho de que el inconsciente es una construcción psíquica, no orgánica, es decir, no se aloja en una parte física del cuerpo. Tampoco es producto del efecto de alguna sustancia química en el cerebro ni está reducido o depende de la anatomía o fisiología del sistema nervioso.

El contenido de lo inconsciente está relacionado con los procesos anímicos que se experimentan de manera consciente y luego devienen inconscientes. El contenido tanto de lo consciente como de lo inconsciente, está conformado por aspiraciones, deseos y representaciones.

Representaciones: contenido de lo consciente y lo inconsciente

Las representaciones son la forma de simbolizar lo vivido: existen las representaciones-cosa, cuando lo que asimilamos en nuestra psique son imágenes, sonidos, sentimientos, etc. vinculados con algo, alguien o alguna experiencia. Las representaciones-cosa son los primeros procesos de simbolización del bebé.

En un proceso más complejo, se conforman las representaciones-palabra, que es cuando ya el sujeto comienza a estar atravesado por el lenguaje, en este sentido, la representación-cosa se sustituye por un concepto, un significante, una palabra. Existe una simbolización.

Lacan enseña que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Expliquemos.

Cuando pensamos y sentimos, no necesariamente tenemos que estar frente a la persona, cosa o situación en la que reflexionamos. Pongamos un ejemplo: una persona que tiene un accidente automovilístico, podrá narrar la experiencia posteriormente, sin necesidad de accidentarse una y otra vez, sino con base a sus recuerdos que expresa a través de palabras, de narraciones, de recordar vívidamente imágenes de lo vivido. También podrá incluir en la narración los temores que vivió, si pensó que saldría lastimada, si recordó a alguna persona amada que se preocuparía por ella, si lamentó no haber hecho algo diferente.

Como podemos ver en el ejemplo anterior, el lenguaje, las palabras, sirven de representantes de la experiencia y también de los sentimientos, pensamientos, temores y fantasías de las personas.  Los deseos, aspiraciones, pensamientos y fantasías, se “guardan” como “representaciones”, digamos una especie de “palabra-clave” o “significante” que sustituye a la cosa y la simboliza o representa.

Estas representaciones o significantes son las que se alojan en nuestra mente, en lo consciente primero y en lo inconsciente posteriormente, sobre todo cuando se trata de alguna experiencia fuerte que el sujeto no puede tramitar y por tanto reprime y arroja a lo profundo de lo inconsciente.

En el ámbito de lo inconsciente no se distingue entre la realidad y la fantasía, dado que todo lo “almacenado” son representaciones. Es por eso que aquello que imaginamos, deseamos o fantaseamos con respecto a situaciones traumáticas o procesos de desarrollo fundamentales, quedan “almacenados” en nuestro interior junto con las experiencias de lo realmente vivido, sin poder diferenciarse.

Al paso del tiempo, el material inconsciente regresará a la vida de la persona, afectando sus pensamientos, percepciones y vivencias, orientando sus acciones en un sentido o en otro, y afectará igualmente aquello que haya sido realmente vivido por la persona como aquello que solamente haya sido fantaseado.

¿Cómo ayuda el psicoanálisis a acceder a lo inconsciente?

Lo inconsciente retorna al sujeto afectando su sentir, pensar y actuar, sin embargo, es importante enfatizar que mucho de aquello que ha devenido inconsciente es susceptible de devenir consciente nuevamente.

Freud descubrió que el contenido de lo inconsciente se manifiesta tanto en los sueños como en los lapsus o equivocaciones. En sus obras La interpretación de los sueños y Psicopatología en la vida cotidiana, el autor del psicoanálisis explica la forma en cómo lo inconsciente se manifiesta así como el método mediante el cual puede accederse a la comprensión de aquello que ha devenido inconsciente y afecta a la persona.

El método psicoanalítico busca que el analizante descubra aquello de su experiencia de vida que, por no haberse podido enfrentar o tramitar, se ha desligado de lo consciente, pero que ha conservado el afecto, y que por no entender de dónde viene, genera angustia, ansiedad, tristeza, depresión y otros sentimientos, que la persona no logra entender ni controlar o cambiar.

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