Pulsiones: ¿Qué son?

Cecilia López

Cuando hablamos del inconsciente, de los conflictos y malestares emocionales, y de las contradicciones dentro de nuestra psique, con frecuencia aludimos a dos instancias, o a dos demandas, que están en conflicto la una con la otra. Por un lado, se encuentra lo consciente, esto es, los pensamientos comunes y corrientes en nuestra mente, aquellos de los que estamos al tanto. Por el otro, ejemplificándolo como una fuerza que jala en sentido opuesto, hemos ubicado lo inconsciente.

El jaloneo entre estas dos instancias se debe a la presencia de “fuerzas opuestas” dentro de nuestra propia psique. En concreto, surge por la insistencia de las fuerzas pulsionales internas, es decir, de la pulsión. En este artículo vamos a explorar una visión general de qué son las pulsiones en el psicoanálisis, sus características principales y su lugar dentro de nuestra psique.

Pulsión en la teoría psicoanalítica

El concepto de pulsión es uno de los pilares tanto de la teoría de S. Freud como de J. Lacan. Si bien la pulsión se podría relacionar más fácilmente con el texto Pulsión y destinos de pulsión de 1915, es un concepto presente a lo largo de toda la obra de Freud. Desde el inicio de sus investigaciones en el campo de la psique fue necesario echar mano de este concepto, y por eso lo encontramos hasta textos de finales de siglo XIX.

A lo largo de la obra de Freud, se va modificando el concepto de pulsión por su interacción con otros conceptos y tras repensarlo a la luz de nuevos descubrimientos. Inicia hablando de pulsiones de autoconservación y pulsiones sexuales, para más adelante exponer el clásico binomio pulsión de vida – pulsión de muerte, y definir la pulsión como “concepto límite entre lo anímico y lo somático

Por otro lado, en el Seminario XI, Jacques Lacan identifica la pulsión como uno de los cuatro conceptos del psicoanálisis y va a introducir más “pulsiones” que Freud. Para propósitos de este artículo, nos enfocaremos en la noción de Freud sobre la pulsión para, más adelante, introducir las modificaciones de Lacan.

Y…¿qué es?

A todo, ¿qué es la pulsión? Explicar y entender la pulsión no es sencillo, es un concepto muy complejo, especialmente por las múltiples variaciones que tiene en el desarrollo de la teoría psicoanalítica. Vamos a tratar de hacer una exposición lo más accesible posible, empezando por decir que Freud toma prestado conceptos de otras disciplinas para explicar la pulsión como “un estímulo para lo psíquico”.

Un estímulo es una señal que va a provocar una reacción determinada. En el campo de la fisiología, por ejemplo, un estímulo externo, para el ojo, es la luz, ¿qué pasa cuando vemos una luz muy brillante? Nos deslumbramos, se contrae la pupila, hay una reacción automática en nuestro ojo como resultado de ese estímulo. La pulsión, por lo tanto, será aquello que provoque una reacción en el aparato psíquico.

Aclaremos un punto antes de seguir: si bien Freud, y nosotros, hemos hecho una analogía con los estímulos fisiológicos, recordemos que el aparato psíquico no es algo biológico, no es un órgano en nuestro cuerpo, como el corazón, el cerebro o el estómago. El psicoanálisis no se ocupa de los procesos orgánicos, ni tampoco relaciona el inconsciente o la psique con el cerebro y la interacción química, éste es un acercamiento psiquiátrico.

Al decir que la pulsión es un “estímulo para lo psíquico”, Freud relaciona a la pulsión con una fuente interna de la cual no es posible escapar. Volviendo a nuestro ejemplo de efecto de la luz sobre el ojo, después de unos segundos o minutos, el estímulo se vuelve doloroso, incómodo, ¿cómo podemos solucionarlo? Muy sencillo. La luz es algo externo: podemos apagarla, voltear la cabeza, desviar la mirada, bloquear con la mano o parpadear.

La pulsión es un estímulo interno, entonces, cuando se vuelve “incómoda” o “dolorosa”, ¿qué podemos hacer? He ahí el problema: nada. Es una fuente interna, es una acción constante que ocurre en nuestro interior y, por lo mismo, no se puede detener. Por ejemplo, cuando experimentamos dolor ante la pérdida de un ser amado, ¿existe alguna forma de bloquear ese sentimiento? No realmente. Podremos “distraernos”, pero ese sentir seguirá ahí insistiendo, pulsando.

Estímulos del cuerpo en aparato psíquico

La pulsión es un estímulo que se origina en nuestro cuerpo y repercute sobre el aparato psíquico. No todos los estímulos provenientes del cuerpo son pulsiones, sino solo aquellos que impactan en nuestra psique, aquellos que son relevantes para la psique. Para entender mejor este punto haremos la diferencia entre cuerpo y organismo: el organismo sería el aparato biológico, dominio de la medicina, mientras que el cuerpo sería la parte de nuestra biología que está afectada por nuestra psique.

Por ejemplo, pensemos en la división celular: es un proceso que ocurre prácticamente todos los días, es vital para mantenernos con vida y es una acción biológica que desencadena otra serie de reacciones biológicas. A pesar de ello, ¿quién de nosotros está al pendiente de su división celular?, ¿acaso nos consideramos más o menos atractivos por ella? Para la gran mayoría será un proceso que pase sin pena ni gloria. Es un proceso vital pero que no consideramos como nuestro, por ello decimos que ocurre en nuestro organismo, no en nuestro cuerpo.

Pensemos ahora en cuando disfrutamos una de nuestras comidas favoritas. El sabor de la comida es un estímulo en nuestra boca, en la lengua, en el paladar, pero éste es un estímulo que sí registramos como propio: estamos al tanto de él y pensamos “¡Qué rico me sabe!” Es algo grato que, si bien ocurre a nivel bioquímico, principalmente tiene un impacto en nosotros, es decir, ocurre en nuestro cuerpo. Lo mismo pasa con un golpe, decimos “¡Auch! Me pegué en mi pie!”, no decimos “Se pegó el pie”. En ambos casos, el estímulo grato o doloroso proviene de lo que llamamos cuerpo, no organismo.

La pulsión es algo que pulsa, es decir, es un estímulo constante que ocurre en el cuerpo, no en el organismo, y que alcanza el aparato psíquico. Podríamos pensarla como una especie de bisagra que unirá la parte orgánica con la psique y que, como resultado de esa unión, algunas partes de nuestro organismo se transformarán en cuerpo. ¿A qué nos referimos? Esta bisagra nos permite apropiarnos de nuestro cuerpo, cambiarlo de organismo a cuerpo.

Ahora bien, la pulsión no necesariamente remite a nuestro cuerpo siempre, o a alguna sensación concreta en nuestro cuerpo, esto es, no siempre podremos ubicar con nitidez la pulsión, como ocurre en el ejemplo. Con esto queremos decir, sin ahondar más en el tema, que nuestros sentimientos (dolor, alegría, amor, odio) tienen relación con la pulsión.

Pulsión: diferente del instinto

Existe una tendencia a definir el inconsciente como el reservorio de la parte “salvaje” del ser humano, de los instintos. Se habla también de las necesidades naturales del ser humano, subrayando su carácter biológico, instintivo, y casi incontrolable, principalmente en lo referente a la vida sexual. “¿Por qué te acostaste con esa persona?”, “Porque yo también tengo mis necesidades, es lo natural”.

Es claro que nuestro organismo se ajusta las leyes naturales y por ello existen ciertas exigencias; por ejemplo, necesitamos de oxígeno, necesitamos que nuestro corazón bombee sangre, necesitamos comer y tomar líquidos, ingerir ciertos nutrientes. Todas éstas podríamos considerarlas como necesidades orgánicas que requerimos satisfacer para seguir con vida.

La pulsión no se equipara a estas necesidades, pero tampoco al instinto; es más, las personas no tenemos instintos porque, en donde los animales tienen instintos, nosotros tenemos pulsiones. ¿Por qué? Sin ahondar más en la teoría, diremos simplemente que es porque estamos desnaturalizados. Esto implica que si bien somos animales (tenemos un organismo biológico como un perro, o un gato) no estamos, ni estaremos jamás, en armonía con la naturaleza, como otros animales. La desnaturalización es la marca de lo humano.

Empuje, fin, objeto y fuente en la pulsión

Freud habla de cuatro elementos característicos de la pulsión como una manera de entenderla, y también como una forma para recalcar cuáles son sus diferencias con el instinto y cómo incide en el aparato psíquico.

El primer factor es el empuje. Pensemos el empuje de la pulsión como aquello que la hace pulsar, esto es, como aquel elemento que mantiene a la pulsión en la posición de “encendido”. El empuje quiere decir que la pulsión es una fuerza constante, un estímulo permanente que busca satisfacerse; es el trabajo que realiza el estímulo para buscar satisfacerse.

El fin se relaciona con la meta para la cual se hace todo este trabajo, se mantiene presionado el botón de “encendido”. ¿Qué es lo que busca este estímulo o insistencia que pulsa? Simple, busca satisfacerse, es decir, realizarse. Aquí hay diferencias importantes con el instinto. Pensemos por ejemplo en una insistencia sexual, ¿cuál es el fin de esta insistencia en un león? Perpetuar la especie. ¿En una persona? No es la reproducción, o no a secas, al menos. Puede ser formar una familia, puede ser compartir con una persona, o puede ser el placer corporal. No hay un fin natural porque la pulsión implica desnaturalización.

El objeto es quizás el punto de más distanciamiento con el instinto. El objeto sería aquello por medio de lo cual se satisface la pulsión, aquello con lo cual la pulsión puede realizarse. La pulsión no tiene un objeto específico o predeterminado para satisfacerse.

Pensemos en un león que experimenta hambre, un estímulo orgánico. ¿Qué tiene que hacer el león para realizar esa necesidad, para quitar ese estímulo? Comer, e instintivamente cazará una gacela o algún otro animal que sirva de objeto para calmar ese estímulo. El león no busca una bolsa de papas fritas, ni tampoco decide privarse de alimento para perder peso.

En las personas el objeto de la pulsión es variable, podríamos decir, inexistente. No hay un objeto natural que satisfaga la pulsión porque (insistimos) la pulsión no es natural. Tenemos hambre y un “objeto” ante el estímulo podría ser un plato de verduras, o incluso el privarse de alimentos. Ni una, ni otra solución, aluden a un objeto natural, ninguna de las dos son naturales.

Por último, se encuentra la fuente que Freud define como “aquel proceso somático que se desarrolla en un órgano o una parte del cuerpo y es representado en la vida anímica por la pulsión”. Recordemos que no nos referimos al organismo biológico, porque éste incluye funciones biológicas que no son parte de la pulsión. Por fuente serán aquellas zonas del cuerpo, relacionadas con la pulsión.

 

En artículos posteriores continuaremos abordando el tema de la pulsión.

 

 

Marzo 2015

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