Codependencia

Lourdes Sanz Moguel

El término “codependencia” ha cobrado auge en las últimas décadas en el ámbito de la psicología estadounidense.  

El término se aplica a una forma de relación en donde una persona, profundamente afectada por la conducta de otra persona, decide ejercer un control total sobre ésta, un dominio total sobre ella.

¿Por qué algunas personas se mantienen en relaciones en donde se sienten profundamente lastimadas? ¿Por qué deciden mantenerse en esa relación concentrándose en lograr que la otra persona cambie?

La forma en cómo nos relacionamos con otras personas está asociada a varios elementos, uno de ellos es la “transferencia” que analizamos en nuestro artículo ¿Por qué me decepcionas?, otro tiene que ver con la forma en cómo aprendimos a relacionarnos con nuestra familia, el rol que jugábamos entonces, lo que era aceptado o no.

El factor más relevante en la forma cómo nos relacionamos con los demás, sin embargo, está vinculado con el desarrollo psíquico y la estructura psíquica de cada sujeto.  Retomemos algunos aspectos del desarrollo psíquico que nos permitan comprender la codependencia y las características de la estructura psíquica vinculada a esta forma de relación.

Aspectos del desarrollo psíquico.

Como hemos explicado en otros artículos, el bebé humano, a diferencia de los bebés de otras especies, no cuenta con instinto que le permita guiarse, así pues, es necesario que Otro le revele quién es.

En los primeros momentos de vida, conforme el bebé va adquiriendo conciencia de sí  mismo, la primera labor será percatarse de que él es un ser distinto de su madre (o la persona que le brinda los cuidados primarios). Otro descubrimiento importante es el de descubrirse a sí mismo como uno, es decir, unificado: saber que su mano es parte de él, como lo es su pie, y las demás partes de su cuerpo; identificar su voz como propia y diferenciarla de la de las otras personas con las que convive; finalmente identificar su imagen misma, y poco a poco ir construyendo su identidad.

En este período de la vida surge lo que Freud llama “narcisismo primario”, que, simplificando para efecto de una mejor comprensión, tiene que ver con el amor a sí mismo, que hace posible que nos reconozcamos como nosotros mismos, y surja el concepto de mi mismo. Los temores y angustias asociadas a esta etapa del desarrollo psíquico tienen que ver con la angustia de aniquilamiento, de caída interminable, de disolverse, fragmentarse, perderse o perder la identidad, ese “yo mismo” que algunos teóricos denominan “self”.

La madre (o persona que brinda los cuidados primarios) tiene un rol fundamental, es quien le revela al pequeño quién es, qué siente, le habla, le revela su imagen y le introduce al lenguaje. En este sentido, la madre “sostiene” el “self” del bebé. 

Conforme el pequeño va creciendo, cuando inicia la locomoción y un poco después, se va dando una “transición” entre el sostén de la madre y la autonomía del chico.  En algunas ocasiones, podemos observar incluso cómo el niño se aferra a algún objeto: un juguete, un pañal, etc. que le da seguridad cuando la madre no está con él. Este objeto es el que Winnicott denominó “objeto transicional” porque permite al chico transitar de su madre sosteniéndolo a él sosteniéndose a sí mismo, siendo el mismo.

En el proceso de desarrollo psíquico, hacia este momento se descubre la “falta”, es decir, se descubre que “mamá” no es perfecta, no tiene todo, no cuenta con todas las respuestas y todas las posibilidades. Se descubre el “deseo de la madre” aquello que busca, aquello de lo que carece. Simplificando de manera extrema, para efectos de comprensión, digamos que en este momento el chico ya ha consolidado su “yo mismo” y enfrenta ahora la imperfección de quien era su sostén. Surge entonces un miedo diferente, el miedo a la pérdida, a la vulnerabilidad derivada de aquello que falta, que se ha perdido, lo que Freud llama “angustia de castración”.

¿En qué momento se detona la dependencia?

Como hemos explicado en otros artículos, el sujeto no siempre asume la realidad de la falta. En ciertas circunstancias, el sujeto opta por “desmentir” la falta, es decir, aunque se percata de su presencia, opta por “hacer como que no está ahí” y sigue adelante con la fantasía de que su “sostén” está ahí y es perfecto.

El tránsito hacia la autonomía del “yo mismo” no se completa y la persona no logra asumirse a sí misma, generando, por tanto un “falso yo mismo” o “falso self” como le denomina Winnicot.
Este “falso yo mismo” es un mecanismo a través del cual el sujeto se sitúa frente a los demás, pero no le permite relacionarse consigo mismo, digamos que es un “frente” que presenta a los demás, una fantasía, pero en el fondo, se sabe que hay algo no consolidado, la fantasía de completud y sostén perfecto por parte del “Otro materno” sigue a la base. 

A lo largo de la vida, el sujeto continúa buscando algo o alguien que le sostenga, y se hace dependiente de aquello que concibe como su sostén. Digamos que emprende la búsqueda de “objetos transicionales”, pasando de uno a otro constantemente, sin que ninguno logre satisfacerle.  En algunos casos ese sostén es un objeto o una sustancia, en otros casos es una persona.  

¿Cómo se convierte la dependencia en “codependencia”?

Como explicamos, el sujeto crea un “falso yo mismo” para poder enfrentar la angustia de fragmentación o disolución de sí que sufre. Igualmente, emprende la búsqueda de situaciones, cosas o personas que puedan sostenerle y ayudarle a ubicar su propia identidad, su lugar, su “yo mismo” auténtico.

El sujeto con esta estructura psíquica, en donde se desmiente la falta y se recurre a la fantasía de completud, se relaciona con los demás de la misma manera como un pequeño se vincula con su “objeto transicional”.

Se trata de una relación de posesión y de complemento con la otra persona, en una dependencia total. 

Se ama y se odia a la vez porque al nivel de fantasía se busca que el otro realmente sostenga y complemente, pero en el nivel de la realidad se percibe como amenaza a la propia identidad.

La relación se caracteriza por la trasgresión y el desafío constante, por otra parte es siempre inestable, fluctúa entre la posesión del otro y la necesidad de librarse de él. 

¿Qué puede hacer el psicoanálisis?

El psicoanálisis no modifica la estructura psíquica, pues esta constituye los cimientos en donde se ha construido el aparato psíquico, sin embargo el proceso psicoanalítico si posibilita la resignificación de la experiencia personal de manera que el sujeto pueda asumir construcción de una representación interna de sí mismo y una forma de vinculación con los demás desde una posición diferente.

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Marzo 2016

¿Qué, saben los demás de mí?

¿Por qué me decepcionas?

Codependencia