Obsesivos compulsivos

Cecilia López

En el psicoanálisis, la obsesión, al igual
que la histeria, es una "subcategoría de
la estructura neurótica -una de las tres
posiciones o estructuras psíquicas.

Los rasgos características de la obsesión
depende del tipo de relación que la persona
forme con su "omnipotente".

Cuando escuchamos la palabra obsesivo u obsesión, lo común es pensar en alguien que necia y ciegamente se empeña en lograr un objetivo, sin importar el costo o sacrificios para alcanzarlo; casi podría decirse que se trata de alguien poseído por una idea: “está obsesionado con que esa persona sea su pareja, anda todo el día detrás suyo”.

En otros casos, el término remite a alguien ordenado y limpio al punto de lo absurdo, o a alguien que repite una cierta conducta de manera ritualista: antes de salir de su casa, necesita subir y bajar el interruptor cinco veces; antes de comer, debe lavarse las manos diez veces y alinear el jabón con la llave del lavabo. Si recordamos al personaje de Jack Nicholson en la película de finales de los noventas, Mejor…imposible, podremos observar un panorama muy claro de lo que coloquialmente se entiende por obsesivo compulsivo.

Para el psicoanálisis, el término obsesivo remite a lo que podríamos llamar una de las variantes de la estructura neurótica, algo así como el color del que se pinta la estructura. En este artículo haremos un análisis simple y rápido de las notas características de la neurosis obsesiva en la teoría psicoanalítica.

Neurosis: posición subjetiva

Recordemos lo que explicamos en nuestros artículos Estructuras en psicoanálisis y ¡Cuidado con los neuróticos!. Para el psicoanálisis, la neurosis no es una enfermedad mental, tampoco es la forma de designar a personas explosivas o que están en constante tensión, sino una de las tres posiciones subjetivas psíquicas, o estructuras, como les hemos llamado.

La posición subjetiva determina el modo de percibir, entender y procesar el mundo exterior y la realidad interior. Mientras que en la psicología o en la psiquiatría se utilizan una serie de síntomas evidentes para realizar un diagnóstico, en el psicoanálisis se busca ir hasta las profundidades para descubrir qué “forma” tiene la psique y cómo está acomodada; al hacerlo, se parte de la base misma en lugar de partir de sus elementos.

Por poner un ejemplo simple: una persona llega a consulta precisamente por no poder librarse del ritual del lavado de manos diez veces antes de comer. La psiquiatría o la psicología diagnosticarían la conducta como producto de un trastorno obsesivo-compulsivo, para después proceder a tratarla y eliminar la conducta. ¿Cómo llegaron al diagnóstico? Gracias a la observación de la conducta, esto es, se enfocaron en el síntoma evidente: lavarse las manos compulsivamente.

En un psicoanálisis, el acento no está en el síntoma. Es evidente que la persona está repitiendo una conducta sin tener control; pero, en lugar de observar y tratar el síntoma, se abren las preguntas: ¿Qué yace debajo? ¿cómo se relaciona el lavado de manos con otros elementos de su vida? En el ejemplo, la persona lavándose las manos bien podría ser neurótico obsesivo, histérico o incluso psicótico; es imposible saberlo por una conducta aislada.

El mero síntoma no es suficiente para dar cuenta de la persona o su malestar, por ello mismo el acento se quita del síntoma para colocarlo en la posición subjetiva y así descubrir los movimientos, causas y razones profundas de la psique.

Uno de los rasgos distintivos de la neurosis frente a las otras dos estructuras (psicosis y perversión), es la presencia de la represión, misma que explicamos en otro de nuestros artículos.

Relación con el “omnipotente”

Pasemos en concreto a la neurosis obsesiva, ¿cómo se diferencia de la histeria? Como anticipamos al principio, nos enfocaremos en analizar la relación del neurótico con el “omnipotente” para explicar la raíz misma de la neurosis obsesiva.

En otros artículos, y en concreto en el artículo de marzo Los omnipotentes de la psique, explicamos más sobre la intrincada forma de relación con los “omnipotentes”: sus demandas, su capacidad de convertirse en intérpretes, de dar sentido al caos interior, el comando de incorporase al mundo del lenguaje y la vivencia de los neuróticos frente a ellos.

Los omnipotentes son la causa del niño, es decir, tuvieron la ilusión de tener un hijo por algo. En el caso de la neurosis, el niño cumple a la perfección con las ilusiones de los padres, pero éstos no están satisfechos, desean algo más, tienen una falta y el niño no puede colmarla. La demanda misma de los padres ahora se torna en un misterio, en un deseo incomprensible.

Recordemos que cuando decimos “omnipotente” no se trata de una persona en concreto, no se refiere a “Juan” o “Guadalupe tal cual, sino de una figura simbólica que, por medio del lenguaje, tiene un conocimiento especial, formula demandas y, en la neurosis, también expresa un deseo más allá.

Neurosis obsesiva y el omnipotente

Cuando se piensa en una neurosis obsesiva, se puede caracterizar por sentimientos de culpa, aversión ante la sexualidad, el constante aplanamiento del afecto, y la necesidad de utilizar una rutina o repetición para evitar el misterioso deseo y los desconocidos que acarrea, entre otras peculiaridades.

En la neurosis obsesiva, es muy común que la represión opere rompiendo totalmente el vínculo entre el pensamiento y el afecto, de forma que el recuerdo sí estará presente en las memorias del obsesivo, pero le será imposible ligarlo con el sentimiento correspondiente. Ante la idea de ligar un afecto con un evento, el obsesivo sentirá una profunda repulsión: implicaría detener la represión y dar acceso a la consciencia al material amenazante ¡por algo se luchó por desalojarlo!

Aunque es verdad que estas características son comunes en la neurosis obsesiva, no son exclusivas de ella, también podrían aplicarse a la histeria por ejemplo, o estar ausentes en un determinado caso de obsesión. Para sobrepasar estas dificultades, Lacan propuso hacer el enfoque desde el fondo de la neurosis, esto es, tomando como base la forma de relación con el omnipotente y sus deseos misteriosos.

En la neurosis obsesiva es intolerable aceptar la existencia misma de un omnipotente, o gran Otro. El obsesivo, tras descubrir que el omnipotente tiene una falla y eso abre el espacio para el deseo misterioso, buscar tomar exclusivamente los elementos que completarían al omnipotente, y hacerlos propios, sin admitir una relación simbólica con la parte misteriosa del omnipotente. Se tiene el miedo de que la existencia de un omnipotente desvanezca la existencia propia, la del obsesivo.

Por poner un ejemplo sencillo, pensemos en un científico. El obsesivo tomará todo el saber de la ciencia, el método científico y adelantos, y los hará propios. Es una forma de comprender el mundo muy conveniente: todo tiene una explicación y no hay espacio para el desconocido. La noción de que exista algo más allá de sus estudios, algo misterioso e inexplicable a lo que él no tiene acceso, resulta insoportable.

En el ejemplo, ¿por qué el obsesivo incorpora el saber de la ciencia? Para reparar la falta, o agujero, que produjo la separación inicial. El omnipotente es tal porque se le atribuye un saber absoluto, si el obsesivo hace propio este saber entonces podrá reparar su falta, la falta del obsesivo. En otras palabras, repara la falta no haciendo al omnipotente infalible, sino convirtiéndose él mismo en infalible.

Para los obsesivos, el enfoque tiende a estar en sus pensamientos conscientes y racionales. La presencia de otra instancia inconsciente, como son los lapsus, sueños, equívocos y otras manifestaciones similares, resulta insoportable. ¿Por qué? Precisamente por remitir a algo fuera de su control, a una instancia desconocida, a una falta y, en último lugar, a un omnipotente interno.

El inconsciente, como hemos estudiado en otros artículos, nos determina en gran medida y alude a una especie de “no saber” interno. Ésta es justo la razón por la que el obsesivo la rechaza: si su saber consciente le permite reparar la falta, ¿cómo admitir la existencia de un desconocido interno? ¡Eso es intolerable!

Cuando el obsesivo se encuentra frente a un omnipotente, su objetivo será neutralizarlo o “aniquilarlo” en sentido metafórico, ya que la presencia del omnipotente pone en peligro su propia existencia. Dado que los deseos remiten a un omnipotente, el obsesivo se asegura de tener un deseo imposible.

Digamos que el deseo de un obsesivo es tener una pareja. Al enamorarse de una persona, la dotará de elementos de omnipotente, “será una persona capaz de darme felicidad eterna”, esto es, la pareja ideal tendrá el conocimiento absoluto. Aunque por fuera parezca anhelarse esta situación, en el fondo prevalece lo intolerable de la existencia omnipotente. ¿Cuál será la solución para conciliar ambas posiciones? Enamorarse de alguien inaccesible, es decir, tener un deseo imposible.

La neurosis obsesiva se ha relacionado más con los hombres, sin embargo el género biológico no interviene en su formación. Puede haber hombres y mujeres con estructura neurótica obsesiva por igual.

¿Y luego…?

¿Están los neuróticos obsesivos condenados a eternamente evitar su deseo o sentir pavor ante cualquier acercamiento a él? ¿Están condenados a quedarse atrapados en la apatía de lo imposible? En absoluto. Mediante un psicoanálisis, es posible hacer un “reacomodo” psíquico de la estructura para que la persona pueda resignificar su deseo y sus relaciones.

 

Mayo, 2013

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