Represión: mecanismo de la neurosis

Cecilia López

La represión es el mecanismo
fundamental de la estructura
 neurótica, tanto en la obsesión
como en la histeria.

Por medio de la represión, se
saca de la consciencia todo
aquello que resulte amenazante
para la psique, y es relegado
a la instancia de lo inconsciente.

 

¿Alguna vez nos ha sucedido que olvidamos un fragmento o etapa de nuestra vida? Antes estaba ahí el recuerdo, y de pronto, desaparece; sólo sabemos de su ausencia por las fotografías o relatos de otros, nosotros no podemos rememorarlo. Basta pensar en nuestra infancia: usualmente tenemos muy pocos recuerdos de nuestra primaria, menos aún de cuando iniciamos el jardín de niños.

Así como hay algunos periodos que se quedan en el olvido para siempre, otros de pronto reaparecen en nuestra memoria, sorprendiéndonos con su llegada “Sí, es cierto, yo estuve aquí antes”. Usualmente, el retorno de recuerdos perdidos se presenta cuando algo en nuestra realidad o entorno evoca de algún modo, el recuerdo olvidado.

¿A qué se deben estos olvidos y súbitos retornos? Si tenemos una estructura neurótica, se debe a la llamada represión: el mecanismo fundamental de la neurosis obsesiva y la histeria, descubierto por los estudios de Freud y que da origen a lo inconsciente mismo.

¿A qué se refieren con reprimir? De acuerdo con la definición de la Real Academia Española, la palabra reprimir se refiere a: “1. (f) Acción y efecto de represar o reprimir. 2. (f) Acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales.”

La definición psicoanalítica de la represión no está tan distante de la acepción cotidiana: se trata de un “esfuerzo de desalojo”. La represión es el medio por el cual se intenta desalojar de la consciencia un cierto evento, vivencia, experiencia o incluso un pensamiento, que resulta conflictivo para la psique. El pensamiento o experiencia se registra en la consciencia en un primer momento, y en un segundo momento, se expulsa de ella por considerarlo amenazante.

Hagamos un símil de la represión psíquica con un movimiento social. Imaginemos que el pensamiento o vivencia reprimido sería como un grupo rebelde cuyos propósitos van en contra del gobierno. El grupo rebelde se manifiesta, convoca a reuniones y empieza a generar estragos en la población. El gobierno, la parte de nuestra psique que reprime, al ver lo que ocurre, buscará restaurar el orden de nuevo, sin importar el costo; no puede aniquilar al grupo rebelde, por lo que decide mandar al exilio tanto al grupo rebelde como a todos aquellos ciudadanos que fueron afectados por él.

Represión: desalojar lo incompatible

Recordemos lo mencionado en nuestro artículo de febrero ¡Cuidado con los neuróticos!, sobre el principio del placer vs. el principio de realidad. Ahí mencionamos que las pulsiones, diferentes a los instintos, siempre buscan salir para lograr su satisfacción parcial. En su tránsito, sin embargo, se encuentran con ciertas barreras o límites, impuestos por el principio de realidad, que impiden su salida.

Freud ubicó la represión justamente como efecto de este choque: la pulsión inconsciente intenta salir para satisfacerse y, al llegar a la frontera con la consciencia, se le deniega el acceso ¿por qué? Porque es incompatible con otras exigencias psíquicas; todos los elementos incompatibles son reprimidos, condenados al exilio.

Retorno de lo reprimido

Aquello reprimido se manda a lo inconsciente. El problema es que, una vez mandado, lo reprimido no se almacena tranquilamente en lo inconsciente, sino que se requiere de un esfuerzo constante para mantenerlo alejado de la consciencia, implicando un estrago perpetuo en el aparato psíquico.

Conforme pasan los años y se tienen nuevas vivencias, se reprime material adicional que se vincula con otras vivencias similares reprimidas, creando una intrincada red. Los elementos de la red se movilizan y buscan salida por medio de los sueños, lapsus, actos fallidos y otras manifestaciones de lo inconsciente. Cuando el material reprimido se moviliza a tal grado que amenaza con alcanzar la consciencia de nuevo, es necesario hacer un esfuerzo adicional para apartarlo de la consciencia, generando, entre otros, el bien conocido insomnio.

Imaginemos, por ejemplo, que un adolescente tiene boletos para ir al concierto del año con el grupo más popular de la escuela. La fecha del concierto coincide con la fecha programada por un viaje familiar a China, por lo que sus padres le niegan el permiso y lo obligan a respetar su compromiso previo de ir a China con ellos. En el trayecto al aeropuerto, el adolescente discute enfurecido y, entre sus pensamientos, cruza el deseo de que sus padres “no existieran”; unos minutos más tarde, sufren un accidente y sus padres se lastiman gravemente.

El pensamiento de ira justo antes del accidente, hace que el adolescente sienta culpa descomunal por sus heridas, como si él fuera responsable. El pensamiento claramente entra en conflicto con otras exigencias y límites, la sensación de culpa es insoportable y los choques amenazan a todo el aparato psíquico, ¿cuál es la solución? Se reprime el pensamiento y el recuerdo del accidente; pero no sólo eso, se reprime también cualquier memoria del viaje, del concierto, e incluso después, cuando alguien menciona algo de China, siente repulsión hacia ese país.

Para entender mejor la represión, necesitamos aclarar algunas diferencias. Digamos que una experiencia, pensamiento o vivencia está compuesta por dos elementos: el evento o pensamiento en sí, en el caso del ejemplo sería el viaje a China, el accidente y el pensamiento de ira contra los padres. El segundo elemento es el sentimiento surgido por el evento: la culpa por las heridas de sus padres y la furia por su negativa de ir al concierto.

Cuando entra en operación la represión, solamente se desaloja de la consciencia el evento o pensamiento en sí, no el sentimiento o afecto. Para explicarlo de otra forma, se separan uno de otro y el evento o pensamiento se olvida, mientras que el sentimiento queda rondado por el aparto psíquico, adhiriéndose a otras vivencias sin poder ser tramitado.

Volvamos al ejemplo. El adolescente, al convertirse en adulto, no tiene recuerdo del accidente, menos aún del concierto. En las profundidades de su inconsciente, sin embargo, sigue presente la memoria reprimida de lo ocurrido. El sentimiento de dolor y culpa, por su parte, se transformó en repulsión ante todo lo relacionado con China, al grado de que se considera a sí mismo racista sin saber por qué.

Cuando por motivos de su trabajo, el hombre debe ir a un restaurante de comida china, su aparato psíquico entra en alarma. Los elementos externos de su entorno (el restaurante) le recuerdan lo reprimido, como si “llamaran” al elemento en las profundidades de su inconsciente; esto es, cuando hay un elemento en común entre el entorno y el material reprimido, se genera un vínculo, haciendo que lo reprimido insista con más fuerza en salir a la consciencia y en regresar del exilio.

El hombre poco sabe del estrago interno de su psique. Él lo percibe como un estrago físico: se empieza a sentir mareado, se le baja la presión, teme que quizá esté sufriendo un infarto o alguna otra afección física. Pasará las siguientes semanas sufriendo de insomnio o pesadillas, sintiendo que su salud decae y tiene una enfermedad incurable, a pesar de que los médicos le aseguran que se encuentra en perfecto estado. El malestar continuará hasta que su aparato psíquico logre dominar de nuevo al material inconsciente.

El problema surge, precisamente, cuando el aparato psíquico es incapaz de seguir impidiendo la salida de los diversos elementos inconscientes reprimidos. El malestar, en estos casos, no sólo no cede jamás, sino que cada vez es más fuerte e incluso incapacitante. Algunas personas, después de descartar aflicciones físicas, buscarán iniciar un análisis como respuesta al malestar ocasionado por la insistencia del retorno de lo reprimido.

Efectos de represiones

Como mencionábamos, la represión es el mecanismo fundamental utilizado en la neurosis, y, lo más importante, es justo lo que da origen a lo inconsciente. Gracias a la represión, se forman dos instancias dentro del aparato psíquico, juzgadas incompatibles una con otra: por un lado está la consciencia y por el otro todo aquello que se desalojó de la misma.

A pesar de no tener acceso directo a lo inconsciente y todo su contenido, éste rige una gran parte de nuestra vida. Cuando nos sentimos tristes, enojados, ansiosos o culpables sin entender por qué, usualmente el afecto se debe a una vivencia o pensamiento que fue desalojada de la consciencia y exiliada a lo inconsciente.

 

 

 

Mayo, 2013

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