La decisión de ser padres:

¿Instinto o elección?

Lourdes Sanz

La celebración del día de las madres es una tradición arraigada en México y en muchas otras partes del mundo. Un mes después, la celebración del día del padre, aunque aún no tan amplia como la de la madre, va tomando cada vez más importancia.

El rol del padre es tradicionalmente entendido como el proveedor, tanto en los aspectos materiales, como en el aspecto de brindar protección y seguridad a la familia.

La madre es amada y respetada por su papel en la vida y formación de los hijos. Tanto en la maternidad biológica como en la adoptiva, los cuidados maternos proveen al recién nacido de un lugar nutricio y seguro para su desarrollo físico así como un espacio amoroso en donde el bebé empieza a formarse como persona.

Tanto la paternidad como la maternidad exigen a la mujer y al hombre una serie de renuncias.

¿Existe el instinto materno?

En el caso de la mujer, cuando se trata de una maternidad biológica, la renuncia implica también su propio cuerpo y debido a esta característica orgánica, los cuidados del recién nacido normalmente están a cargo de una mujer. En este sentido cabría preguntarnos ¿qué tanto las mujeres, por el simple hecho de serlo, están llamadas a ser madres?
En muchas ideologías, y grupos sociales, la maternidad y la femineidad se encuentran ligadas.  La mujer es concebida, ante todo, como madre de familia, su destino se teje con este rol y su vida pareciera concluir con la emancipación del último de los hijos.
El estereotipo cultural en donde la mujer lo es en tanto es madre, da origen también a posturas extremas que no solamente identifican la femineidad con la maternidad sino que conciben incompleta la vida de una mujer que no sea madre, si no biológicamente, al menos por extensión.
El contexto del inicio del siglo veinte exacerbó esta visión debido a la fuerte merma que la población sufrió con motivo de diversos movimientos armados: revoluciones, golpes de estado, las dos guerras mundiales, etc. Sociedades, gobiernos y organismos internacionales se esforzaron entonces, y continúan haciéndolo, en restaurar la paz y la vida comunitaria, proteger la salud materna, asegurar embarazos exitosos, cuidar la salud del neonato y disminuir la mortalidad infantil.
Algunos profesionales hablan de ciertas características biológicas en el cuerpo de la mujer que le predispone a ser madre. Se habla de un instinto materno presente en toda mujer, manifestado desde los juegos infantiles hasta la plena realización de la niña-mujer-madre.
Diversas psicoterapias abordan el deseo de tener un hijo como un deseo que necesariamente debe estar presente en toda mujer, y buscan tratamientos que logren despertar este anhelo en aquellas mujeres que no lo manifiestan.
Desde estas posturas en donde la vida de una mujer se considera incompleta sin la maternidad, la infertilidad se concibe, y se vive, como una deficiencia, una desgracia, una indignidad o un signo de inferioridad. Un duelo que debe ser superado antes de poder seguir adelante en la vida.
Pese a todo lo anterior, las mujeres en la actualidad parecieran contradecir lo hasta aquí comentado, pues si bien desde la visión tradicional, la imagen de la mujer ideal está ligada con la mujer-madre, hoy en día esa imagen convive con el ideal de la mujer independiente.
Cada vez más, las mujeres toman diversas opciones de vida, se analiza la maternidad tardía, o la adopción, contemplando la posibilidad de hacerlo sola o en pareja, en muchos de los casos, la maternidad no está necesariamente contemplada.
Desde la perspectiva psicoanalítica, tanto la paternidad como la maternidad son una elección subjetiva que hace una mujer o un hombre. Esta decisión se toma como sujeto psíquico, es decir, le incluye en su totalidad como persona, hombre o mujer.
En el caso concreto de la mujer, desear un hijo y convertirse en madre tiene que ver con los procesos psíquicos de la persona y no con hormonas circulando por su cuerpo u otros procesos “biológicos”.  Si bien la gestación y parto son procesos orgánicos, el deseo de un hijo y la elección de gestarlo o adoptarlo, lejos de provenir de la naturaleza, está vinculado con los procesos de constitución psíquica, del propio sujeto.


El deseo de tener un hijo

En otros artículos hemos explicado cómo el ser humano no está ni determinado ni regido por instintos o procesos orgánicos como sucede con los animales. Recordemos. El ser humano, a diferencia de los animales no cuenta con un saber instintivo, nace indefenso y desvalido por lo que requiere de los cuidados de alguien más, no solamente para sobrevivir sino también para ser orientado con respecto a su ser y su identidad. El pequeño depende de esta persona, cuidador primario, a quien percibe como Omnipotente y que le introduce a la vida y al lenguaje, le revela quien es y lo que siente, le provee experiencias de satisfacción, de amor, de placer, de displacer, que van dejando huella en él o ella sentando las bases de su subjetividad.
La elección de tener o no, un hijo, es un deseo que emana de la subjetividad de cada sujeto, hombre o mujer.
Cada persona, asume una posición subjetiva, una estructura psíquica, desde la cual percibe la vida y el mundo y se posiciona en él. El deseo de ser madre o padre, procede precisamente de esa posición.
Una persona puede querer tener un hijo por diversas razones que dependerán de su deseo inconsciente, su fantasía, su subjetividad y su experiencia personal.
Para algunas personas el deseo de tener o no un hijo puede estar claramente identificado. En otros casos el deseo consciente y el inconsciente aparecen contrapuestos. Pongamos como ejemplo el de una mujer que expresa que ha tomado la decisión de no ser madre, pero en lo profundo de su ser, en su inconsciente, sí anhela tener un hijo. En un caso como este, muchas veces el resultado es un embarazo no planeado, en donde la mujer actuó de acuerdo a su inconsciente, descuidando sin intención sus método anticonceptivo, y se embaraza.

Ser padres

Así como la decisión de la maternidad / paternidad, es una elección subjetiva, también el lugar que ocupe el hijo para la madre o padre, es personal e individual pues está en relación con el deseo inconsciente del sujeto.
Vinculado a su estructura psíquica, este significado que cada mujer vive en su maternidad, y cada hombre en su paternidad, se relaciona también con su propia experiencia: lo vivido como hijo o hija, la vinculación con sus padres, su posicionamiento frente a la falta, las normas e anhelos familiares, los límites, la autoridad, los ideales, las expectativas de los demás y las propias. 
Para algunas personas, un hijo se convierte en alguien que le colma o llena un hueco cuando la falta no se soporta.
Para otras, en particular para quien se encarga de los cuidados primarios, el hijo les permite vivirse necesitadas y amadas, la vulnerabilidad e indefensión del bebé les posiciona como todo su mundo y ello satisface su anhelo de amor y poder.
Los hijos, pueden constituir un proyecto, un reto; la realización de aspiraciones no logradas; también pueden tornarse en rivales a ser vencidos; o en una segunda oportunidad para sanar, en los hijos, las experiencias dolorosas vividas en la propia infancia.
Ser madre o padre, o desear serlo activa el recuerdo de lo vivido y deseado como hijo o hija, así como todo aquello que fue reprimido y ha sido desalojado a lo inconsciente.
Ser madre o padre remite a la propia experiencia, al deseo como sujeto.
Ser madre o padre, no es parte de la naturaleza, las hormonas, o cuestiones de orden biológico; tampoco es producto solamente de los aprendizajes, ejemplos, expectativas de los demás o imposiciones sociales.
Ser padres y la forma en cómo se ejerce el maternaje o paternaje, implica a la totalidad de la persona: la parte consciente e inconsciente de ella. En este sentido, antes de elegir el camino de la paternidad / maternidad, es importante que la persona analice su propia experiencia y el deseo que le motiva a tomar tal decisión. 
La maternidad / paternidad, constituye una responsabilidad. No se trata de un proceso orgánico o de una etapa del ciclo biológico: nacer, crecer, reproducirse y morir. La persona que elige ser madre o padre, asume el compromiso de cumplir adecuadamente con la función materna / paterna en toda su extensión, frente sus hijos, biológicos o adoptados y también ante el grupo social del cual la familia es parte constitutiva y primordial.

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Mayo 2015

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