Función paterna:

Ley y Posibilidad

Lourdes Sanz

Retomemos nuevamente la imagen de la familia y las consideraciones presentadas en nuestros dos artículos anteriores.

Decíamos que la maternidad y paternidad humanas no son biológicas sino simbólicas y enfatizábamos el importante rol que juega la madre del pequeño en su formación como persona.

Así como la madre no lo es por haber gestado o parido a un bebé sino por el ejercicio de la función materna, de la misma manera, un padre no es aquel hombre que contribuye a la concepción del bebé, sino quien participa en la vida de ese nuevo sujeto, ejerciendo la función paterna.

Sujetos al lenguaje

Empecemos aclarando que, al igual que sucede en el maternaje, ser padre no requiere una persona de género masculino, sino de una presencia que permita al pequeño identificarse a sí mismo como un sujeto.

Cuando decimos “sujeto” estamos refiriéndonos precisamente al concepto de “sujeción”, es decir, estamos “sujetados”, ¿a qué?

En primer lugar, estamos sujetados al lenguaje.

Explicábamos al hablar de la función materna, cómo somos introducidos al lenguaje y con ello al mundo simbólico. Es decir, cuando nos expresamos con señas, movimientos, gestos o palabras, estamos utilizando estas señas o palabras para sustituir algo o alguien. Por ejemplo, la palabra “mamá” sustituye a la persona que ejerce el maternaje, y nos permite llamarle, hablar de ella, referirnos a alguna característica particular, etc.

Si bien el lenguaje nos posibilita la expresión, también nos enfrenta a un límite: no puede decirse todo.

Función paterna: sostenidos por la ley

Al ser sujetos de lenguaje, estamos sujetados a aquello que escapa al lenguaje, aquello que nos falta, a un vacío, a una hiancia que, a la vez que nos limita, nos impulsa. Estamos limitados a la realidad, a la ley.

La función paterna tiene que ver con el reconocimiento de esta sujeción, la función paterna es la introducción del límite, de la ley.

Es importante aclarar que no nos referimos a un autoritarismo absurdo, a una función de poder, a un capricho, a una autocracia o a una tiranía.

La función paterna, la ley del padre, da posibilidad de ser, de desear, de construir y de crear.

La ley paterna es una forma de sostén para el pequeño que abre la puerta a todas las posibilidades de realización de sí mismo.

Expliquemos.

Decíamos que el bebé percibe a su madre como un Otro Omnipotente capaz de protegerlo y satisfacer todas sus necesidades, pero al mismo tiempo, una presencia tan apabullante genera en el bebé otros sentimientos. Por una parte existe en el chico un sentimiento de angustia ante la posibilidad de perder a la madre y quedar desamparado. Por otro lado, provoca un sentimiento de impotencia, pues nada puede hacerse si no es exactamente lo indicado por esa madre omnipotente que absorbe la totalidad del ser del pequeño.

Cuando la madre desvía su mirada del hijo y cuando se ausenta de su lado, le posibilita un espacio propio. Cuando hablamos del deseo de la madre, explicamos cómo el deseo de la madre es un signo de su falta, de que no es omnipotente y por tanto hay una posibilidad de algo más que sólo ella.

Cuando la madre dirige su mirada al padre, da entrada a su presencia, a su palabra a su acción y con esto, el padre trae a la vida del niño los límites, en el sentido no tanto de restricción sino de realidad, de consecuencias, buenas o malas, el poder reparar aquello que no ha salido bien, la oportunidad de modificar las cosas, la ley como posibilidad.

Padre: la posibilidad de ser

El padre encarna esa posibilidad.

El padre pone límites a la “omnipotencia” que el pequeño percibe en su  madre, haciéndola más humana y accesible para el hijo, pero sobre todo, abriendo al hijo la posibilidad de ser él mismo, diferente de la madre.

El padre provee lo que a la madre le falta y también limita la acción de ella.

La función paterna permite constituir la estructura simbólica de la realidad, sostenida en una ley que orienta, organiza y limita el goce pulsional.

El padre, al traer consigo la ley, en el sentido de límite, de reglas del juego, pone orden, cada cosa en su sitio, se regulan los espacios de trabajo, diversión, descanso, vacaciones, escucha, habla, etc. y este ordenamiento otorga a cada uno de los miembros de la familia el espacio que les corresponde, como padre, madre e hijos, armonizando la convivencia y asegurando que cada sujeto pueda realizar todas sus potencialidades.

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Mayo 2015

La decisión de ser padres

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Función paterna: ley y posibilidad