Familia: Espacio de formación, espacio de identidad...

Lourdes Sanz


La familia es el primer espacio de relación humana, es donde se aprende a ser persona: desde los más elementales cuidados físicos, modales y comportamientos correctos, hasta cuestiones tan importantes como el lenguaje, las aspiraciones, los valores y los ideales.

La familia, asimismo, es la base de la construcción de la sociedad, las costumbres, tradiciones, historia, conocimientos y creencias parten desde el espacio familiar hacia las diversas formas de convivencia social, los espacios públicos y el desarrollo social.

La familia hacia su interior: la pareja.

Para comprender la conformación de una familia es necesario partir de lo más elemental: la pareja que conforma esa familia y las características específicas de quienes conforman esa pareja.

Cada uno de los miembros de la pareja llega a la misma con una historia, con perspectivas, ilusiones y expectativas de lo que será su vida en pareja y la familia que pretenden formar. Asimismo cada uno lleva consigo un cúmulo de demandas y expectativas que fueron depositados en él o ella, por su propia familia de origen, no solamente sus padres, sino también todas aquellas personas que han sido importantes a lo largo de su vida.

Cuando la pareja se une con el propósito de formar una familia, los miembros de la pareja parten de la idea de que su vínculo amoroso no está basado en lo pasajero o momentáneo, sino que será cultivado de manera tal que pueda soportar conflictos, diferencias y negociaciones a lo largo del tiempo. De esta manera, el vínculo, que llamaremos conyugal, no está conformado sólo de enamoramiento o atracción, sino construido sobre bases que incluyen otros aspectos de afinidad, complementación y hasta cuestiones de orden práctico: aspectos económicos, costumbres, creencias religiosas, etc.

Siguiendo este orden de ideas, es importante señalar que las familias y comunidades de origen de cada uno de los miembros de la pareja conyugal, adquirirán un rol muy importante en el desenvolvimiento de la nueva familia. Esto no significa necesariamente que “los suegros” tengan una presencia física o tomen las decisiones que correspondería tomar a la pareja conyugal, a reserva de aceptar que ello sí ocurre en algunos casos.

Lo que significa es reconocer que, en su interior, formando parte de la forma de ser de cada cónyuge, se encuentran una serie de perspectivas e ilusiones que se vivieron  y aprendieron en su familia de origen, mismos que, en mayor o menor medida, con mayor o menor consciencia de ello, cada uno de los cónyuges introducirá en su relación de pareja, en su forma de ejercer la paternidad y a fin de cuentas, en la familia que, junto con su cónyuge, está constituyendo.

La familia hacia su interior: los nuevos integrantes

En el seno de la familia, el recién llegado es sujeto de una serie de expectativas que los padres, y otros miembros de la misma, depositan en él:  lleva el nombre de algún antepasado importante y querido, tiene los ojos de su tía, será pianista como su madre siempre deseó,  incursionará en el mundo de la medicina, como su padre y cuatro generaciones atrás, y muchas más. Así, aún antes de iniciar su camino por la vida, el bebé tiene ya una serie de “deseos”, ajenos a él, que aquellas personas más importantes en su vida, su familia, esperan que él realice.

Partiendo de este punto, empieza la conformación del sujeto quien, a su vez, buscando el reconocimiento y cariño de aquellos cercanos a ella o él, tratará incansablemente de ganar su aprobación, llamar su atención, cumplir sus deseos.  Esta es una tarea muy ardua y no siempre exitosa.

Poco a poco, en la psique se construye el “ideal del yo” instancia que incluye las expectativas que los demás tienen de la persona en cuestión, a la par del “yo ideal” que es la instancia en donde se encuentran los sueños propios.

En conjunto el ideal del yo y el yo ideal conforman esa voz interna que nos exige ser perfectos en todos los sentidos y ganar siempre la aprobación y reconocimiento de los demás; pero insistimos, ¿cuál es el reconocimiento y aprobación más importantes que buscamos las personas? En primera instancia el  de los padres y otros miembros cercanos a la familia de origen.

La búsqueda de su aprobación y reconocimiento nos acompañarán el resto de nuestra vida, manifestado en diversas formas: los profesores, los vecinos, los jefes, los compañeros de trabajo, la pareja propia y desde luego, se replicarán estas formas al conformar la propia familia.

La familia como vínculo y vehículo para la construcción social

Por otra parte, decíamos, la familia es la base de la construcción social ¿por qué afirmamos lo anterior? Precisamente porque la persona humana, para poder serlo, requiere de la vinculación con los demás.  La primera “comunidad” que cada persona tiene es su familia nuclear, y de ahí su familia extendida.  Más aún, para las familias, de manera individual, aunque sean numerosas, les es muy difícil contar con los recursos suficientes para enfrentar los retos propios de la vida. Entonces las familias se unen a otras familias, con se vinculan para apoyarse unos a otros.

Poco a poco se conforman asentamientos humanos, y poco a poco, sumando esfuerzos se enfrentan diversos ámbitos de la vida: la alimentación, el vestido, la transmisión del conocimiento, y hasta la diversión, deportes, arte, cultura, historia, festejos, etc.

Las comunidades y sociedades están conformadas precisamente por familias que comparten lugares, espacios, tradiciones, costumbres, historia, formas de participación social y ciudadana,  marcos regulatorios, gobiernos.

La relación familia – comunidad va en dos sentidos: por una parte cada familia y cada persona miembros de un grupo social, asume un rol concreto dentro del mismo y tiene una forma particular de aportar algo específicamente propio para el provecho de los demás. Se edifica así el bien común, aquello que ha sido construido por todos pero que no pertenece a alguien en lo individual, sino que ha sido creado para el beneficio público.

Existe también la relación comunidad - familia, y tiene que ver con este otro sentido del que hablábamos, es la comunidad, la que aporta a la familia los espacios para su crecimiento y consolidación en todos los sentidos: valores, bienes, servicios, educación, salud, gobierno.

La familia insertará a los nuevos miembros de la comunidad en la comunidad misma, se constituye en aquella unidad social encargada de transmitir a las nuevas generaciones todos estos valores, costumbres e instituciones.

La sociedad se conforma como nación, se lleva a cabo un pacto social, se crean instituciones, leyes, gobiernos, sistemas económicos y sociales, se asignan roles y se construye conjuntamente el espacio público que posibilita el desarrollo individual y social.

La persona y la familia  ¿quién es responsable?

Existen numerosos estudios que, desde diversas disciplinas, hablan sobre la familia como institución social. Se definen asimismo “tipos” de familia: con base en su origen, extensión, procedencia, características de sus miembros, etc. y se establecen criterios para definir si la familia “funciona” o “no funciona” con base a lo que estas mismas disciplinas establecen como conveniente.

Así pues, se establecen funciones a la familia e incluso la composición “ideal” de la familia, se habla de cuáles y cuántos miembros conforman una “familia ideal” y los roles que estos miembros han de asumir.

A partir de esta tipificación de lo que la familia “debe” ser, se caracteriza a la familia como “funcional” o “disfuncional”  y se establece que las familias funcionales permitirán el desarrollo correcto de los miembros de la misma y su correcta inserción en la sociedad mientras que las disfuncionales dañarán a sus propios miembros y con ello a la sociedad misma. Desde estos paradigmas, fácilmente se acaba responsabilizando a la familia del destino, decisiones o conductas de sus integrantes.

La sociedad actual tiende a justificar las acciones individuales con argumentos que hacen referencia a la familia. Así pues, ciertas actitudes o conductas no deben ser juzgadas con severidad dado que “la persona  proviene de una familia disfuncional”; un sujeto no se esfuerza en un trabajo “porque que la familia no tuvo recursos suficientes para brindarle educación”; un individuo es delincuente “porque no fue suficientemente amado en el seno familiar”; alguien se volvió dependiente y abusivo de los demás  “porque le consintieron en demasía”. 

Desde una perspectiva psicoanalítica, la familia ofrece al individuo un espacio de formación de su subjetividad, sin embargo, cada sujeto es responsable de sí mismo, situación que muchas veces no resulta cómodo aceptar.

Efectivamente, existe en la psique de cada persona una serie de elementos inconscientes que actúan sobre nuestros sentimientos y perspectivas, sin embargo es preciso enfatizar que a pesar de esta influencia desde lo inconsciente, cada persona tiene la posibilidad de elegir, y con ello el derecho a disfrutar las satisfacciones de su acción, a lamentar o sufrir consecuencias negativas, pero sobre todo es responsable de sí, de sus decisiones, de sus sentimientos, de sus acciones y de sus omisiones.

 

Mayo 2016

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