Organismo-cuerpo: ¿diferencia?

Lourdes Sanz

Para el psicoanálisis, existe una clara separación entre nuestro organismo y nuestro cuerpo: una de las diferencias que lo separa de la psiquiatría y neurología. El organismo corresponde a los procesos meramente biológicos. El cuerpo, por otro lado, es nuestra forma de hacer propios, de incluir en nuestra psique,  aquellos procesos que ocurren en nuestro organismo.

Desde la antigüedad ha estado siempre presente la pregunta en torno a la separación o no entre el cuerpo y el alma.

Desde la filosofía así como desde la espiritualidad y religión se han aportado respuestas en ambos sentidos: hay quienes sostienen que el cuerpo es un recipiente del alma, que le contiene temporalmente y que al morir la persona su alma, que es lo que verdaderamente le constituye, pasará a formar parte de una dimensión diferente.

En el otro extremo hay quienes afirman la individualidad de la persona, es decir, el hombre es in-dividuo, no susceptible de ser dividido, en este sentido, el cuerpo y el espíritu le conforman. No se trata de una suma, sino de una unidad.

La ciencia moderna fundamentada fuertemente en lo observable a través del método científico, se acerca a una visión mecanicista del cuerpo, es decir, independientemente de visiones espirituales, o filosóficas, la medicina buscará el correcto funcionamiento del cuerpo, aproximándose al mismo como un agregado de partes con funciones específicas que al realizarse de manera óptima permiten la continuidad de la vida y la salud. 

Desde esta visión, de tipo mecanicista por abordar la mecánica del funcionamiento y relaciones funcionales entre las distintas partes del cuerpo, los síntomas y signos que conforman los trastornos y síndromes, son diagnosticados y tratados de manera precisa, identificando con precisión los efectos en otras partes del cuerpo que están asociados tanto a la enfermedad identificada como al tratamiento, medicamentoso o quirúrgico que resolverá la disfunción, devolviendo al individuo la salud. La salud queda así equiparada el correcto funcionamiento del cuerpo y sus partes.

A pesar de la lógica que trae consigo la visión planteada, la realidad desmiente esta apreciación cuando los tratamientos no surten efecto en algunos pacientes o bien producen efectos diversos en distintos momentos de la vida del paciente o bien en distintas personas. La lógica mecanicista parece quebrarse porque todas las personas tenemos órganos semejantes con iguales funcionamientos y por ende no debiera haber variaciones al aplicar los tratamientos identificados como supresores de aquello que provoca un mal funcionamiento.

Pareciera que la individualidad se impone sobre la lógica orgánica del cuerpo concebido desde sus aspectos funcionales. Adicionalmente, existen padecimientos que no responden en absoluto a la lógica orgánica, para los cuales la visión médica no parece encontrar respuesta. Es al llegar a estas disyuntivas cuando la ciencia médica se cuestiona a si misma o bien busca algún calificativo que ofrezca otras salidas, y entonces les califica como producto de “tensión nerviosa” vivida por el paciente.

El cuerpo en psicoanálisis

Freud aporta una luz al ofrecer una aproximación distinta en su artículo “Tratamiento psíquico, tratamiento del alma”. Más que en los síntomas, o la forma de erradicarlos, las investigaciones de Freud versaron en las causas de los padecimientos de sus pacientes. En el citado artículo, Freud explica cómo  la palabra constituye el instrumento esencial en el tratamiento de lo anímico, porque  la causa de los síntomas no es una afección de los órganos, sino que en el origen de estos  existe una “palabra”.

La palabra, el lenguaje, constituye una forma de simbolizar. Lacan nos ayuda a comprender cómo las palabras nos permiten apropiarnos de nuestro cuerpo en el sentido de que el cuerpo deja de sernos ajeno cuando logramos apropiarnos de nuestro propio organismo.

El cuerpo propio deja de ser un organismo compuesto por sistemas, órganos y funciones vitales, para convertirse en un “yo mismo”. Una extremidad deja de serlo para pasar a ser “mi brazo” por ejemplo, y más aún, no sólo es “mi brazo” sino que soy yo mismo. Así por ejemplo puedo decir “me lastimé” y no “un brazo a mi derecha tiene una lesión”.

Al ser yo mismo, mi cuerpo me integra, me identifica, me permite diferenciarme de los demás, saber hasta donde llego yo y dónde empieza lo externo a mi, me permite además identificar a los demás, me comprende en mi totalidad, me expresa, en la integralidad de mi ser.

La diferencia entre organismo y cuerpo, radicaría en la apropiación que hago de mi mismo, la apropiación que hago de mi cuerpo y la medida en que me percibo a mí mismo de manera total, reflejará de manera personalísima la forma en cómo me relaciono con mis enfermedades, mis lesiones o bien cómo reflejo en mi cuerpo mis pensamientos, miedos, temores, tensiones.

¿Dudas, comentarios, sugerencias? Escribe a lourdessanz@psicoanalisis-mexico.com

 

Mayo 2016

¿Duelos ¿por qué duelen?

Familia: espacio de formación e identidad

Organismo-cuerpo: ¿diferencia?