¿Ha pasado de moda el psicoanálisis?

Cecilia López

La frase anglosajona Patience is a virtue (la paciencia es una virtud) ha perdido todo significado. Hoy, la capacidad de esperar largo tiempo no se considera una virtud, por el contrario: será un valor positivo la capacidad de responder de manera instantánea. Tenemos una demanda de inmediatez que se alimenta a sí misma, como en un círculo vicioso. Por ejemplo, tener una computadora más veloz, ¿nos ha satisfecho? No, ¿qué ha generado? Más demanda, la demanda de que tarden menos y la furia cuando no reaccionan al instante.

Mantener un ritmo de vida frenético es una prioridad y, por eso, consideramos negativa cualquier cosa o situación que nos haga ir más lento, incluso si se trata de un estado de ánimo. El malestar emocional no se piensa como una parte de la vida, incluso tampoco se tilda como una experiencia propia, individual y personalísima; por el contrario, se siente como algo ajeno, como una enfermedad común y corriente que se busca erradicar lo antes posible. Finalmente, ¿quién tiene tiempo para invertir tiempo en uno mismo?

En un mundo de inmediatez y vidas fluidas sin conflictos, entre los rumores de que la ciencia y la tecnología los ha dejado atrás, ¿será que los escritos de Freud y la relectura de Lacan, han pasado de moda?, ¿responden aún a las demandas de principios del siglo XXI?

¿Superado por avances médicos?

En términos coloquiales, se dice que la psicología (y el psicoanálisis por proximidad) tiene como objetivo procurar la salud mental. Ahora bien, ¿qué ciencia, o área del conocimiento, actual se enfoca al cuidado y procuración de la salud? Muy sencillo: la medicina. Siguiendo esta lógica, donde todo lo relativo a la salud, sea del órgano que sea, es dominio de la medicina, es fácil llegar a la conclusión que las “psico-cosas” (psicología y psicoanálisis) son parientes extraños de la medicina, subordinados a los mismos principios, teorías y métodos que la cardiología o la gastroenterología, por ejemplo.

En los últimos cien años la medicina ha visto avances increíbles, desde el descubrimiento de nuevos fármacos, hasta el acoplamiento de la tecnología para apoyar tratamientos. Si consideramos al psicoanálisis como una rama de la medicina dedicada a la salud mental, es lógico pensar que los cien años que nos separan de los escritos de Freud, han sido tiempo suficiente para superar los descubrimientos iniciales de lo consciente, lo inconsciente, la sexualidad infantil, y la segunda tópica.

¿Será entonces que el psicoanálisis ha sido superado por los avances modernos? No, por la sencilla razón de que no pertenece a la medicina. Como hemos explicado en otros artículos, psiquiatría, psicología y psicoanálisis no son iguales: no tienen las mismas bases teóricas, no siguen el mismo curso de tratamiento, tampoco definen la salud mental desde la misma perspectiva; así los avances de uno, no necesariamente se trasladan a los otros.

La psiquiatría, como rama de la medicina, definirá la salud mental desde una base biológica; trata a la mente como a un órgano más del cuerpo y espera que se comporte según los mismos patrones que los otros. De igual manera que la salud física implica una ausencia de alteraciones o trastornos en el organismo, la salud mental es la ausencia de trastornos emocionales. La psicología, aunque es una disciplina separada, parte de conceptos similares a la psiquiatría sobre la salud mental o los trastornos.

Y el psicoanálisis, ¿qué? Ya hemos dicho que el psicoanálisis no forma parte de la medicina, ergo, los avances en tecnologías y fármacos tienen poco –si es que algo– que ver con el psicoanálisis. El psicoanálisis, la psiquiatría y la psicología partieron de observaciones y postulados muy cercanos; sin embargo, a lo largo de los años se han distanciado, en particular el psicoanálisis. La tecnología y descubrimientos médicos modernos, más que ser prueba de que las teorías freudianas son obsoletas en el siglo XXI, dan cuenta del distanciamiento teórico en los últimos cien años.

Además de lo anterior, antes de hablar de que el psicoanálisis pertenece al pasado, tomemos en cuenta su “edad”: apenas han pasado 113 desde la publicación de La interpretación de los sueños, ¡se trata de una práctica muy joven! El psicoanálisis, por su naturaleza misma, está, además, en constate evolución y cambio; Freud comentó en varias ocasiones que está lejos de ser “producto terminado”, y Lacan consideraba que ni siquiera hemos terminado de comprender tan solo el corpus freudiano, ¿cómo podría considerarse superada cuando ni siquiera se puede plantear como conclusa?

¿Qué es el psicoanálisis?

Decimos que el psicoanálisis se ha distanciado de sus dos otros dos colegas “psi”. ¿De qué se trata entonces? Vamos a ofrecer un vistazo a estas diferencias sin entrar en las complicaciones y profundidades de la teoría.

Empecemos con una cita de Jacques Lacan sobre qué es el psicoanálisis “No es ciertamente una filosofía… No es tampoco una fe y tampoco me va llamarlo ciencia. Digamos que es una práctica que se ocupa de aquello que no anda, terriblemente difícil ya que ella pretende introducir en la vida cotidiana al imposible y al imaginario”.

Un primer punto de separación sustancial es que el psicoanálisis parte de que el aparato psíquico no está determinado por la naturaleza, esto es, no es natural. En el caso del corazón, por ejemplo, su funcionamiento está determinado por patrones biológicos que establecen un rango de valores orgánicos normales u óptimos; existe una enfermedad o alteración cuando su funcionamiento se aparta de ese rango considerado sano. Con la psique no podemos aplicar la misma lógica: nuestro malestar o bienestar, nuestra identidad, nuestras aspiraciones, no están determinadas en lo más mínimo por factores orgánicos.

El aparato psíquico no puede ser tasado con medidas naturales porque es, precisamente, el testimonio de que estamos desnaturalizados. Al contrario que con los animales, a las personas nos falta algo: eso que nos falta nos ha llevado a crear el arte, las ciencias, las religiones, las profesiones… es el motor de creación humana, es la búsqueda constante de una respuesta. Ésa es la diferencia fundamental entre una sociedad humana y una sociedad animal: la falla; y esa falla hace que exista la psique en donde no hay una completud natural.

Las personas carecemos patrones o valores biológicos que permitan hablar de una normalidad o anormalidad en la psique; pero, si se trata de una construcción simbólica artificial, entonces ¿podríamos decir que existen valores sociales que nos permitan determinar la salud y la enfermedad mental? Sí, ciertamente se trata de un punto de referencia importante para cada persona; no obstante, la psique y su funcionamiento es más intricado que solo eso. Para el psicoanálisis, la salud de un sujeto no se determina si sigue esos valores sociales, y, por el contrario, se le considera enfermo si no lo hace.

En el psicoanálisis salud o enfermedad mental no hacen referencia al apego a valores biológicos o sociales, entonces, ¿qué se entiende por salud o enfermedad? Citando de nuevo a Lacan “En el psicoanálisis, los términos enfermo, médico, medicina no son exactos, no son utilizados... Aquel que hace el trabajo en análisis es aquel que habla, el sujeto analizante… Las interpretaciones que les son proporcionadas parecen dar sentido en un primer abordaje a aquello que el analizante dice”.

¿Qué significa esto? El psicoanálisis pone en primer plano al sujeto: será el sentir mismo del sujeto el que determine su “salud” o su “enfermedad”. Si bien es cierto que el entorno social, o simbólico, en el que se desenvuelve una persona es fundamental, el acento no está puesto en los valores generales incorpóreos, sino en la forma narrativa que tomen en cada persona en particular. Es por eso nuestra insistencia en el caso por caso.

Por último, diremos que el sentido de salud o enfermedad cambian drásticamente cuando no se les considera como alteración. Si no hay un estado normal del cual alejarse, no hay uno al cual regresar; esto quiere decir que el objetivo no está en “curar” o “eliminar” el dolor o los conflictos (como un dolor de cabeza), pero tampoco quiere decir que se condene a vivir en el malestar insoportable. Como hemos mencionado, se trata de una elaboración más compleja, desde la cual la persona pueda resignificarse a sí misma, y a toda la gama de emociones propias de la vida.

¿Y la falta de tiempo?

La resignificación a la que aspira el psicoanálisis toma mucho más tiempo y compromiso que un tratamiento psiquiátrico o psicológico. Podríamos decir que el psicoanálisis no es algo para todas las personas, al menos no en cualquier momento de la vida. Mientras se busque una solución rápida y pre formulada, el psicoanálisis no servirá de nada.

Ahora bien, las soluciones rápidas y generalizadas, el estilo de vida frenético y consumista, aquel donde se tiene al sujeto como una pieza más en el engranaje de una empresa, de una teoría científica, de un estándar de normalidad, es justo aquello que genera malestar. Aquí es donde entra el psicoanálisis en el siglo XXI como lo hacía en el siglo XX.

En la época de Freud, el cometido era incorporar la sexualidad, liberar de reservas sobre la sexualidad propias de la época victoriana. Hoy en día el cometido no es superar la culpa y tabúes sexuales o de otro tipo, sino, por el contrario, poder aceptar los límites, poder incorporar restricciones; en corto, poder liberarse del comando de más.

¿A qué nos referimos con esto? En nuestra sociedad acelerada, tenemos la demanda de ir más rápido, de buscar cosas más innovadoras, de progresar más que ayer, de ir siempre más allá, querer más. ¿Más qué? Más de todo: más amigos, más éxitos, más placer, más dinero, más felicidad; en general, se busca más satisfacción. Paradójicamente, en la carrera desmedida y agotadora por tener más y más gozo –fórmula supuesta para dejar atrás miedos y disfrutar más la vida, como es obligado–, la demanda de más, lo único que hace es generar más malestar.

 

Noviembre 2014

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