El papel de los Reyes Magos en nuestra psique

Cecilia López

Las fiestas decembrinas están fuertemente vinculadas con los recuerdos por la espera y emoción ante la llegada de los míticos Santa Claus y Reyes Magos. La gran mayoría de nosotros crecimos con estas ilusiones, u otras similares, y ahora nos hemos encargado de enseñar la misma historia a las nuevas generaciones.

Se dice que Santa Claus, los Reyes Magos y el Hada o Ratón de los dientes, son creencias propias de la infancia temprana. Llegada cierta edad, se sabe que los niños se dan cuenta de la verdad, sabrán que son los padres disfrazados, y el mito termina,  –para amargura de algunos. Hemos de preguntarnos: ¿será que los mitos, fantasías y creencias son solo propios de la niñez, o será que son parte de la psique incluso del científico más escéptico?

¿Por qué creer en los Reyes Magos?

Si pensamos de botepronto cuál era nuestra mayor ilusión respecto a la llegada de Santa Claus o los Reyes, una gran mayoría responderíamos que recibir juguetes; incluso habrán quien diga que niños mayores siguen “creyendo” para tomar ventaja de recibir más regalos en las fiestas de fin de año.

Es interesante destacar que diciembre no es el único periodo en el que los niños reciben regalos; los cumpleaños, el día del niño, un buen desempeño escolar, o incluso la celebración de Navidad, todos ellos son pretextos perfectos para dar un obsequio a los pequeños. En ninguno de estos casos se requiere creer una figura mítica para obtener un presente, se sabe a ciencia cierta que provienen de algún familiar o amigo cercano.

La emoción por un regalo con remitente conocido, no es la misma añoranza y entusiasmo sentido al descubrir los regalos al pie del árbol de Navidad. Así pues, vemos que el encanto principal no son los regalos o juguetes, no es la calidad del presente lo que nos ilusiona, sino la creencia misma. Se mantiene el mito por el valor que tiene para nosotros.

Mitos e ideales

Los padres son la principal figura en la vida de un infante, son ellos quienes transforman al cachorro humano en sujeto y forman su estructura psíquica. Por eso, en varias ocasiones, los hemos nombrado como los Omnipotentes de la psique: al ser el sostén del niño, se les tiene idealizados como infalibles, como absolutos. Tarde o temprano, no obstante, será imposible seguir manteniéndolos en esta posición; los padres, al igual que cualquier otra persona que encarne un ideal, acaban por fallar.

La visión de los padres como Omnipotentes genera sentimientos ambivalentes en los niños: por un lado resulta aplastante percibirlos como absolutos, y por el otro se desea que sí sean infalibles, que lo sean todo. Es en este jaloneo para polos contrarios –mismo que perdurará el resto de la vida, variando según la estructura psíquica– donde tienen su función los mitos.

No es que el niño crea en un viejo bonachón, o en tres reyes de oriente, sino que cree en los padres, cree en los padres como un medio para mantener su omnipotencia cuando ya sabe que no perfectos. El verdadero mito es el de la existencia del Omnipotente encarnado en la figura de los padres.

A una manera muy neurótica, los niños saben que los padres no son omnipotentes, saben que Santa Claus no existe…pero no quieren saberlo. Ellos mismos se hacen tontos con tal de ignorar lo que saben y mantener el mito. La vertiente que añora que los padres se perpetúen como absolutos, lleva a creer en todo lo que ellos digan, a no poner en duda; finalmente, cuando un objeto toma el lugar del ideal, se vuelve incuestionable.

Si los padres dicen que los Reyes Magos son reales y a la mañana siguiente mágicamente aparecen regalos que antes no estaban ahí, es prueba indiscutible de que los padres son Omnipotentes. La emoción no es por los regalos, sino por el medio para perpetuar el mito, acaso se habrán equivocado en sus suposiciones sobre la falla de los padres y en realidad son perfectos.

¿Por qué entonces también se busca descubrir a los padres en el acto? Entre otras razones, por la segunda vertiente: aquella que no soporta la idea de que los padres sean Omnipotentes. Se busca destruir el mito, se busca perpetuar el mito; las dos posibilidades brindan alegría y las dos malestar, y se cree y se revela por ambos sentimientos.

Mitos adultos y fantasías fundantes

La aceptación de la no existencia de Santa Claus y los Reyes Magos no significa que hayan desistido los intentos por sostener a los padres como Omnipotentes, menos aún implica que se haya renunciado al Ideal –éste se mantendrá a lo largo de toda la vida, en todas las personas, manifestado de diferentes formas.

Santa Claus cambiará de forma y de narrativa, los Reyes se transformarán en otra cosa, pero, al final de día, todos seguiremos creyendo en algo, seguirán existiendo mitos para “no saber lo que se sabe, que no se quiere saber”.

Los mitos no sólo sirven como forma de encubrir aquello que no se quiere saber, también están relacionados con proveer una respuesta “falsa” a ciertas incógnitas fundamentales. Su valor no reside en que sea una verdad “objetiva” o no, sino en que es a raíz de este mito o fantasía, que se podrá estructura el aparato psíquico.

En otros artículos, seguiremos con el tema de los mitos referidos a lo que Freud llamó las protofantasías y Lacan refiere como el fantasma fundamental: el núcleo de la identidad del sujeto que da respuesta a una incógnita.

 

 

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