Vida en línea

Lourdes Sanz

En artículos anteriores hemos venido hablando de cómo el sujeto psíquico se construye en el seno de la relación con otras personas y cómo la identidad se forja por medio del proceso de  identificación. Retomemos algunas ideas que nos permitirán comprender mejor el fenómeno actual en las identidades que se construyen en la vida virtual, en particular en las redes sociales.

La identidad tiene que ver con la “imagen” que una persona construye de sí misma. Es decir lo que la persona ve de sí misma, lo que sabe, aquello en lo que cree, la forma en que se comporta, su historia y sus experiencias, todo aquello que la conforma y que cada uno percibe de manera unificada en un “yo soy”.

La identificación, es un proceso que consiste en asimilar uno o varios aspectos, propiedades o atributos de otros y hacerlos propios, incorporarlos al propio ser. Se trata de un proceso dinámico y mayoritariamente inconsciente, que, si bien es más intenso en los primeros años, continúa a lo largo de toda la vida.

La identificación es un proceso que se da dentro del contexto social y por tanto está íntimamente vinculado a la forma en cómo una persona se relaciona con las demás. Sea cual sea la forma mediante la cual el sujeto construya sus identificaciones, éstas marcan su sentir y su actuar.

Identidad virtual

Cuando se abre una cuenta en un espacio virtual, trátese de una red social, un espacio de formación o un sitio dedicado a la vinculación profesional o laboral, se construye una “identidad” virtual: se eligen imágenes que reflejan a la persona, se reseñan relaciones, familia, estudios, profesión, aficiones, gustos y otras características.

Al construir una “identidad” en el mundo virtual, se piensa en aquellos rasgos que desean destacarse, con base en lo que se cree que otras personas desean encontrar. Es decir, en la “identidad” revelada en la red, se acotan las características propias, a algunas solamente.

En ocasiones se opta por describir una identidad que no necesariamente coincide con la propia, sino con una ideal, sea que ésta provenga de una fantasía perteneciente a uno mismo o que su origen sea aquello que se cree que alguien más aprecia. 

La identidad virtual, así construida, se convierte en un instrumento de mercadotecnia y venta del propio sujeto, en una especie de envoltura que cuenta con un esmerado diseño, atractivo para el público en cuestión.

Trascendencia y limitaciones

Recordemos las formas de identificación que enseña Freud -descritas en el artículo Identidad e Identificación del bimestre pasado-.  El proceso identificatorio (de asimilación de las características de otro al propio ser), puede tener tres formas: identificación con el Otro Omnipotente, identificación con quien el Omnipotente acepta, y la identificación a partir de la empatía. Las dos primeras suelen tener carácter de permanencia, la tercera suele ser parcial y temporal.

En este sentido, la construcción de la identidad en la red, está relacionada con una o con las tres formas de identificación. Es decir, cada sujeto, se atribuirá en su identidad en la red, características de aquellos a quienes admira, características de aquellos a quienes considera aceptables y amables y finalmente, puntos concretos de interés que faciliten el enlace con ciertas posturas.

La construcción de la identidad en la red adquiere singular importancia debido a que los espacios virtuales en donde se construye la identidad, se han ido convirtiendo en “plataformas”  para el acceso al mundo de las relaciones sociales, profesionales y laborales, particularmente para las generaciones más jóvenes.

El problema principal de la construcción de una identidad virtual radica en atribuirle una totalidad que no tiene. Al igual que en el caso de las relaciones interpersonales virtuales, la identidad virtual carece del elemento de contacto físico que faciliten procesos de identificación y construcción de una identidad.  En la identidad virtual no se cuenta con elementos que permitan fundamentar lo propio o corroborar lo ajeno.

En un mundo virtual en donde no hay contacto ni corroboración tampoco hay límites o contención para lo que se dice de sí mismo. Cada persona dirá tanto o tan poco de sí misma como decida, ofrecerá atributos de sí misma, tan verídicos, fantasiosos o falsos como resuelva. El sujeto se exhibe y a la vez permanece anónimo.

La construcción de una identidad virtual puede resultar “liberadora” para quien busca ocultar alguna característica propia que le resulta desagradable, mostrando sólo aquello que le enorgullece, manejando la información de manera parcial para mantenerse a salvo de ciertas realidades incómodas, sin embargo se convierte también en una trampa que le atrapa en una cierta imagen que le será preciso mantener.

En el otro extremo, la construcción de la identidad virtual sujeta a las características que se suponen de interés para otro, limita la expresión del sujeto y sus oportunidades para acceder a ciertos espacios de participación (social, educacional, laboral, etc.).

Identidad vs. Identidad virtual

Las dinámicas de vida actuales precisan de la vinculación virtual y la construcción de perfiles e identidades virtuales múltiples. En el contacto personal, los individuos cuentan con elementos adicionales para entablar vinculaciones. En los espacios virtuales estos elementos se reducen y en  cambio se cuenta con mayor velocidad en la obtención de información, mayor uniformidad en los datos, y por tanto facilidad en su procesamiento.  

Las características mencionadas nos dan la pauta para entender las diferencias y aplicaciones reales de uno y otro espacio. En ocasiones parece olvidarse que los espacios virtuales son distintos de la realidad concreta. Constituyen una herramienta con ventajas tangibles en la comunicación, pero no sustituyen la vida real.

La identidad de una persona implica todo aquello relacionado con su “yo soy”, la identidad virtual muestra solamente una parte de la persona, lo que ésta desea mostrar en cada uno de los espacios virtuales a los cuales accede, como un proceso de adaptación que le permite acceder a diversos beneficios.

La identidad construida en los espacios virtuales no constituye la totalidad del ser del sujeto, por más que los grupos a los que el sujeto pertenece se creen y relacionen primordialmente en el ámbito de la red. La identidad virtual constituye solamente una faceta de acción e interacción del sujeto.

El psicoanálisis permite comprender las identificaciones detrás de los sentimientos y acciones, de manera que el sujeto pueda tomar opciones más claras sobre la manera de lidiar con este aspecto de sí mismo.

 

Septiembre 2014

Vida en línea

Redes sociales: ¿vinculación o aislamiento?

¡Otra vez lo mismo! Repetición