Perversiones

Lourdes Sanz

Comúnmente se entiende “perverso” como un adjetivo que se aplica a quien actúa con maldad, que corrompe las costumbres o el orden de las cosas, que daña a otros con sus conductas, sentimientos o impulsos de manera intencional y disfruta con ello.

Si bien estas conductas pueden ser entendidas como arrebatos ocasionales, o bien ser calificadas como extremas en la concepción cotidiana, también pueden resultar manifestaciones de una cierta posición subjetiva que en psicoanálisis se denomina “perversión”.

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Desde el punto de vista psicoanalítico, la perversión es una estructura o posición subjetiva que las personas adoptan y que permite mantener el goce de la fantasía de plenitud, es decir, se reniega de los límites, de lo imperfecto, se presenta una seria renuencia para aceptar y asumir limitaciones y carencias, tanto propias, como, primordialmente, la “falta” de perfección y de plenitud del Otro Omnipotente.

Expliquemos con un ejemplo sencillo:  Digamos que un niño espera con ilusión la llegada de los Reyes Magos. Un día descubre que la magia en la que confiaba no existe, y frente a la frustración de este descubrimiento, surge la tentación de “hacer como que no se ha dado cuenta”, con la ilusión que de esta manera la magia no se acabará y podrá seguir gozando de ésta.

En este ejemplo, el niño en cuestión habrá demostrado renuencia a aceptar que la magia no existe, por no convenir a sus intereses, por tanto desmiente la realidad y la suple con su fantasía.

Omnipotentes, ¿tienen faltas?

En el proceso de desarrollo, el niño recibe de sus padres, o quienes realizan la función parental, cuidado y seguridad, al igual que cariño y sobre todo reconocimiento, en particular cuando se porta bien y obedece a mamá.

El pequeño concibe a mamá como un Otro Omnipotente, por tanto su reconocimiento le hace sentir valioso, goza cuando corrobora que él es capaz de ser lo que su madre, Otro Omnipotente- desea que él sea, ser  todo lo que este Otro-Omnipotente desea que él sea, sin embargo, la omnipotencia y completud de la madre es una fantasía.

Tarde o temprano, el niño se percata de que su madre tiene faltas, limitaciones, deseos, que van más allá de sus posibilidades. El pequeño se da cuenta de que su madre no es todo, no abarca todo, ni tiene todo: no toma todas las decisiones, no tiene todo el poder, no tiene magia: hay una falta en ella.

Esta situación es muy difícil de asumir por varias razones. Por una parte, provoca un sentimiento de vulnerabilidad, pues en esta madre-omnipotente se encuentra depositada la seguridad y protección, que no será capaz de proveer, si no lo puede todo. En segunda instancia, reconocer la limitación del omnipotente es cuestionar el propio valor, dado que, quien otorga el reconocimiento y validación fundamentales, resulta no contar con el máximo nivel.

Finalmente, aceptar las limitaciones de la madre conlleva la renuncia al goce de la propia plenitud, pues se concibe que el cumplir cabalmente lo que la madre-Otro-omnipotente espera o demanda tiene como resultado la propia plenitud.

Función paterna

Desde la enseñanza de Lacan, así como la función materna es aquella que provee cuidados primordiales, cariño y aceptación, la función paterna es aquella que permite cortar el vínculo de dependencia del hijo hacia la madre, liberándole, abriéndose con ello la posibilidad de la individualidad y la subjetividad –tanto del hijo como de la madre- y una forma de vinculación diferente.

La postura perversa tiene como eje fundamental el rechazo de la Ley Paterna que trae consigo la posibilidad de renunciar al goce inmediato en aras de la opción de posicionarse como sujeto y acceder a satisfacciones futuras.

Se rechaza la existencia de la falta, de la carencia, del deseo y de los límites, se rechaza la realidad, la responsabilidad subjetiva y la posibilidad de individualidad, para mantener la fantasía de completud de la madre Otro-Omnipotente, la dependencia y el goce obtenido al complacer al Otro-Omnipotente.

En la posición perversa, se reniega de una cosa: la Ley Paterna, la falta, los límites y el deseo,  para aferrarse a otra: la dependencia, la fantasía de completud, el narcisismo y el goce.

Posición subjetiva del perverso

El descubrimiento de una falta en el Otro-Omnipotente, abre toda una gama de respuestas y tiene repercusiones paradójicas, incluso contradictorias. Se trata, por una parte, del descubrimiento de una realidad que el sujeto rechaza y por otra parte de una maniobra por medio de la cual anula la percepción rechazada y sostiene la ilusión de que todo sigue como antes.

La respuesta del sujeto perverso es la desmentida, la renegación. Como en el ejemplo del niño que rechaza la inexistencia de la magia de los Reyes Magos, el sujeto perverso elige “hacer como que no se da cuenta” y en su percepción sustituye la realidad, por una ilusión que le permite continuar gozando.

Con esta operación psíquica de sustitución de la realidad por la ilusión, surge una alternativa: convertirse el sujeto mismo en aquello que falta al Otro Omnipotente. Así, la completud del Otro, es asumida como tarea.

El sujeto así posicionado  supone haber comprendido qué es aquello que le falta al Otro, al que ama, y toma la decisión de no retroceder ante las exigencias que supone ocupar el lugar de objeto que propicia el goce para ese Otro.  Al hacerlo se rechaza la diferenciación y el límite entre ambos, es decir, se pierde la perspectiva de hasta donde llego yo y hasta donde empieza él, cuál es su deseo y cuál es el mío.

Se pierde así, en el sujeto perverso su propia posición como sujeto de deseo, para asumir una posición de objeto de uso y goce del otro. Podríamos decir que en un primer momento, asumir la “tarea” de complementar al Otro, es colocarse en una posición de víctima, pues el sujeto perverso, queda “diluido” en el proceso.

El sujeto perverso se posiciona como aquello que es capaz de colmar el deseo de su Otro Omnipotente, al hacerlo se crea la fantasía de que el Otro es realmente omnipotente, pues al “llenarse” lo que le falta, le confiere plenitud, le hace perfecto, y con esta perfección le lleva al goce.

Al rechazar la falta en el Otro Omnipotente, y completarle para que realmente sea omnipotente, lo que hace el sujeto perverso es reivindicar el propio valor, pero  insistamos, no reivindica un valor subjetivo, sino que se coloca en la posición de objeto: usado, gozado, querido, apreciado, y de ahí hasta llegar a ser un “objeto indispensable” para el otro. A partir de este momento se da un giro en la posición inicial, el sujeto perverso asume así el control y una postura de poder sobre el otro. 

El perverso, ¿daña y disfruta dañando a los demás?

Como explicamos con anterioridad, el sujeto perverso desmiente la realidad y la sustituye con una ilusión. Al asumir como real la ilusión de que completa al otro, el sujeto perverso siente que es el medio para que el otro sea pleno, para que no le falte nada, y a la vez siente que la única razón de su existencia es el lograr que el otro sea pleno gracias a él.

Así pues, el sujeto perverso busca ser indispensable para el otro, o al menos hacerle creer que lo es, y desde esta posición provoca que el otro le deba a él su plenitud, que quede en deuda con él. De esta manera, el sujeto perverso pasa de una posición de objeto de goce del Otro al que busca completar, a una posición de poder y dominio sobre el otro.

La relación se invierte y ahora es el sujeto perverso quien usa al otro como objeto que le debe “tributo”, y debe pagarle, en primera instancia “gozando” de la plenitud que él le otorga, y también le debe: agradecimiento, reciprocidad, atención, consideración, obediencia, amor, amistad, etc. y así se construye una lista interminable de deudas que nunca pueden ser saldadas. La deuda hacia el perverso es ilimitada, dado que el sujeto perverso ha rechazado y desmentido los límites.

Por otra parte, si bien el sujeto perverso ha desmentido los límites, ha rechazado la realidad y la ha sustituido por una ilusión, sabe que los límites existen, que los ha desmentido pero que están ahí, y que al partir de su rechazo, no puede identificarlos por sí mismo. En este sentido, el perverso requiere que otro se los señale. Es aquí donde el sujeto perverso presenta conductas que dañan a los demás pues busca provocar angustia en el otro, como medio para  identificar el límite.

Y ¿luego…?

En otras ocasiones hemos señalado que es imposible "curar" o modificar una posición subjetiva. Se forman en una etapa temprana de la vida y se mantendrán así hasta la muerte. Sí es posible reacomodar y resignificar varios elementos y componentes pero jamás se podría, por ejemplo, "curar" a un perverso para que se convierta en neurótico, o que un psicótico se convierta en perverso. Se trata de una forma de posicionarse en el mundo, no de una enfermedad.

En el caso de la perversión, el análisis tiene un desarrollo y un propósito diferente que en el caso de una neurosis o una psicosis. Para la perversión, lo primordial es establecer una serie de límites externos que sirvan como marco de referencia para la persona, forjar una especie de armadura exterior que permita contener a la persona y evitar que cause daños a otros y a sí mismo.

Cabe señalar que es muy difícil que una persona con estructura perversa llegue a psicoanálisis, o a cualquier otro tipo de terapia. En el caso de que decidan buscar un análisis, usualmente permanecerán por un perido muy corto, siendo insuficiente el trabajo analítico que pueda realizarse con ellos.

¿Dudas, sugerencias, comentarios? Escríbenos a lourdessanz@psicoanalisis-mexico.com

 

Septiembre 2013

Perversiones

Ley y límites: separación

Opuestos: ausencia y presencia