Opuestos: ausencia y presencia

Cecilia López

El lenguaje, y por ende nosotros mismos, está conformado por pares de opuestos: sí/no, bien/mal, arriba/abajo…
La existencia de uno, necesariamente requiere de la existencia del polo opuesto.

En nosotros, el primer elemento que nos formaes el “No”: entendido como una falta, como una prohibición, como un límite impuesto al niño y, a raíz del cuál, es posible la formación de otros elementos.

Bien sabemos que sin día no existiría la noche, sin el negro no existiría el blanco y sin la muerte no existiría la vida. Todo a nuestro alrededor está constituido por pares de opuestos vinculados de forma que ambos existan, siendo imposible pensar en uno sin el otro. Si los pares de opuestos están en lo que observamos, ¿formaran parte de nuestra psique? La respuesta es muy clara: sí, más aún, son fundamentales.

La presencia de dos elementos contrarios en nuestra mente hace difícil, sino es que imposible, llegar a un estado constante de tranquilidad y armonía: siempre habrá partes vinculadas cada una tirando para un lado contrario.

Los opuestos, sin embargo, tienen un rol más importante que simplemente hacernos la vida complicada y mantenernos en constante jaloneo: los opuestos crean los límites en nosotros, permiten una separación y diferenciación iniciales, y, finalmente, hacen posible que podamos tener acceso a la otra opción, es decir, el no permitirá el acceso al .

No está/Está

¿Cómo ayudan a diferenciar los opuestos? Por la introducción del No en una edad muy temprana, durante los primeros meses de vida. El primer polo que se forja es el polo que formula el No, el polo negativo, el de la falta.

Los bebes recién nacidos no tienen consciencia de sí mismos, se viven como una extensión de su madre. Tiene el potencial de desarrollo y de creación de una subjetividad propia, pero en un inicio no se ha explotado ese potencial; su ser entero permanece absorbido dentro del universo de la madre sin saber que existe una diferencia.

Si bien esta situación es necesaria en un principio, después es importante dar paso a las condiciones para que se inicie la diferenciación y la formación del aparato psíquico. ¿Cómo se desencadena este proceso? Por medio de la ausencia de la madre, o cuidador primario del niño; esto es, la madre necesita dejar solo al niño.

Lejos de lo que establecen algunas creencias sociales, el que la madre esté todo el tiempo con el niño no lo beneficia, sino que lo perjudica. La madre necesita alejarse del niño en algunos lapsos, como por ejemplo para tomar un baño, comer, responder una llamada o tomar un tiempo para ella, de forma que el niño se encuentre con una primera diferencia, con un cambio en su entorno y en su vida.

El niño en un inicio es un “apéndice” de la madre. Un día, sin embargo, la madre misteriosamente desaparece, no se encuentra, no está ahí. El niño, ante la transformación repentina e inesperada, nota que hay un cambio, algo es diferente. Empieza a hacer acuse de recibo de la ausencia, de que hay un elemento que falta, un elemento que antes estaba ahí y ahora ya no está.

La ausencia es precisamente lo que permite registrar su presencia inicial –para ejemplificar esta situación, queda como anillo al dedo el dicho Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.

El primer registro es un no está, es decir, la ausencia. Ahora bien, dicho registro queda firmemente asentado ante el súbito regreso de la madre. La madre, perdida con anterioridad, retorna de manera tan inesperada como desapareció, y es posible formular el segundo polo del par de opuestos: sí está, es decir presencia.

La partida primera abre la posibilidad de caer en cuenta de la existencia misma de la madre, y el regreso amarra y conforma la pareja de opuestos: ausencia-presencia, el primer binomio No-Sí.

Este proceso, evidentemente, no ocurre con una sola partida-retorno de la madre, se va consolidando mediante la constante repetición de la misma experiencia, es decir, por medio de varias ocasiones en las que la madre se vaya y luego regrese.

Decíamos de la importancia de no estar todo el tiempo con el hijo para poder crear la ausencia; por igual, es importante que la madre no deje siempre solo al niño, o de lo contrario no se formulará la presencia. La madre debe estar en un constante ir y venir para formar el par ausencia-presencia.

La ausencia-presencia de la madre, introduce la existencia de diferencia para el niño, se trata del primer antecedente que le permite saber que hay elementos diversos en el mundo. Ausencia-presencia, No-Sí se asientan ahora en abstracto, no sólo referidos en concreto a la madre.  

¡No! –Prohibición

El niño registra que la madre desaparece, ¿por qué desaparece?, ¿por qué se ausenta? La partida de la madre tiene un rol adicional además de crear las bases para formular el primer par de opuestos: con su partida se genera una primera prohibición, un primer límite para el niño.

Ilustremos con un ejemplo: una madre está jugando con su bebé cuando suena el teléfono en la otra habitación. La mujer deja al niño para ir a contestar; al teléfono su esposo le pide que le pase ciertos datos de un papel que olvidó en el coche, en la habitación contigua, el niño empieza a llorar ante su partida. La madre se asoma a la habitación y, tras asegurarse que el niño no corre peligro, camina a buscar los datos que necesita su esposo; en el camino aprovecha para preparar algo de comer y tomar agua antes.

En nuestro ejemplo, la madre se va y deja solo al niño porque existen otros elementos, además de él, igual de importantes para ella. La ausencia indica que la madre dio preferencia a estos otros elementos y, la predilección sobre el niño, causó su partida. La madre deja al niño porque no es lo único en su vida: también está su esposo, trabajo, amigos, necesidades propias, como comer o realizar un hobby, y otras que ni ella misma entiende. El regreso indica que el niño sí es importante, aunque no sólo él es significativo para la madre.

La inclusión de otras relaciones y actividades generan una primera prohibición: la prohibición de estar todo el tiempo con el niño, la prohibición de estar todo el tiempo con la madre. Hay otros factores que demandan el tiempo y atención de la madre, y le prohíben estar absorta en su hijo: no estará ahí todo el tiempo, el hijo no es el centro de su universo, y, por lo mismo, no es un “apéndice” de la madre, abriendo la posibilidad de la diferencia entre “tú” y “yo” de la madre con el hijo.

Límites

Una vez que se ha creado el primer antecedente de un No, de una prohibición y de una diferenciación, será posible construir otras.

El primer No abre la capacidad de aprender nuevos límites que instruyan lo permitido y lo prohibido al niño, cuáles son las reglas y cuáles son las consecuencias. En este caso, así como antes fue necesario el reiterado ir-venir de la madre para asentar su ausencia-presencia, de igual manera los límites enseñados con posterioridad necesitan reforzarse constantemente. Las conductas prohibidas siempre debe prohibirse y viceversa, manteniendo límites congruentes y inmutables.

Los límites, la prohibición y la ausencia, aunque no son bien recibidos de entrada, implican un bien para el niño y lo liberan de la angustia. Los límites le permiten saber hasta dónde llega, tener claro cuáles son sus bordes, sin que tenga que estar en constante incertidumbre e inconsistencia.

¿Dudas, comentarios, sugerencias? Escríbenos a cecilialopez@psicoanalisis-mexico.com

 

Septiembre 2013

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