Pulsiones II

Cecilia López

Las personas tenemos pulsiones, no instintos. ¿Qué es esto? Como hemos mencionado con anterioridad, la pulsión es el límite entre lo psíquico y lo somático. Se trata de un estímulo interno para la psique que pulsa (como una estrella de neutrones) constantemente y Freud la describe con cuatro elementos característicos.

Pulsión: motor interno

Imaginemos a las pulsiones como una presa hidroeléctrica dentro de nosotros: todo el tiempo está generando energía psíquica. La constante fabricación eleva los “niveles” de energía que tenemos y, al llegar a un punto muy alto, empieza a generarse tensión. Para liberar la tensión, es necesario dar salida a la energía. En nuestro símil, ¿qué pasaría si en una central hidroeléctrica nunca se liberara o canalizara la energía producida? Nada bueno, ciertamente. Lo mismo ocurre con nuestra psique.

La liberación de energía es algo que también ocurre en el caso del instinto, sin embargo en el caso de las pulsiones no se trata de una mecánica tan simple. Una relación sexual, por ejemplo, específicamente un orgasmo, es una clara liberación de energía. Ahora bien, en el caso de un animal, el apareamiento no implica nada más que destensarse, se deja guiar instintivamente. En las personas, las pulsiones hacen la historia es más complicada. Sea por amor o sea por mero deseo, estemos al tanto de ellas o no, existen una serie de construcciones muy complejas para llevar a que exista esta “liberación de energía”.

Obstáculos para la liberación de pulsión

La energía psíquica (pulsión) es también lo que nos hace disfrutar una velada con amigos, apasionarnos por algún tema o incluso dedicarnos al trabajo. La pulsión per se no es buena o mala, tampoco es buena o mala la forma en que se libera la energía, no obstante, podemos llegar a juzgar inadecuada o inmoral la forma en que se libera. En estos casos, la liberación no produce descanso, sino angustia.

Pensemos en una persona cuya idiosincrasia le hace sentir culpa por sentir deseo sexual hacia personas de su mismo sexo. Imaginemos incluso que se ha enamorado. Cuando esté con la persona amada, la “presa hidroeléctrica” generará más energía (emoción, entusiasmo, deseo, excitación). Si inicia una relación de pareja se liberaría toda esa energía pulsional, sin embargo esto le causaría angustia por juzgarlo como algo equivocado según sus propias construcciones.

¿De dónde viene y cómo se forma la angustia que obstaculiza la liberación pulsional? Como todo en el psicoanálisis, depende de cada persona y es un anudado de muchos elementos, pero digamos simplemente que están relacionadas con el ambiente e cosmovisión que hayan impartido los padres (o cuidadores primarios) y el cómo los asume la persona en concreto. En el caso del ejemplo, la persona en cuestión probablemente venía de una familia o cultura que no aceptaba las relaciones homosexuales y eso fue introyectado a su propia visión.

Las barreras para la liberación de energía (satisfacción pulsional) son parte intrínseca e inextirpable del aparato psíquico. No caigamos en la falacia de pensar que los avances sociales, culturales y política exentarán a generaciones futuras de la angustia que causa la descarga de la pulsión. Solo los instintos pueden descargarse sin ningún tipo de conflicto, las pulsiones siempre, siempre encontrarán algún tipo de barrera. Se viva en una cultura conservadora o liberal, todos tenemos obstáculos para la satisfacción pulsional.

¿Hacia qué se dirige la pulsión? Destinos de pulsión

En los animales, los instintos hacen que siempre se rompa la tensión de la misma forma. En las personas, las construcciones internas y obstáculos hacen que la pulsión tenga que encontrar vías alternas para su liberación. En nuestro ejemplo, la persona con deseo hacia otra de su mismo sexo, por sus obstáculos internos no podrá liberar la energía psíquica por la vía “lógica” (una relación de pareja), ¿entonces? La energía psíquica no puede quedarse sin ser liberada, así que ante la presencia de obstáculos, se tienen que crear vías alternas.

En su escrito Pulsión y destinos de pulsión (1915), aborda este tema e identifica cuatro destinos de la pulsión: el trastorno hacia lo contrario, la vuelta hacía la persona propia, la represión y la sublimación.

El trastorno en lo contrario, como su nombre lo implica, significa que la energía se dirige al destino opuesto de su dirección original. Volvamos al ejemplo de la persona con atracción homosexual, ¿cómo se libera la pulsión de deseo sexual? Convirtiéndose en homofobia. Lo contrario de atracción y deseo, será rechazo y odio.

En su salida, la pulsión se encuentra con un obstáculo que le impide alcanzar su meta-objeto. Pensemos que se impacta contra la barrera y sigue su transcurso por el camino opuesto. En su texto, Freud lo relaciona con al cambio de pasividad por actividad y viceversa.

La vuelta hacia la persona propia la podemos explicar mejor si imaginamos un adolescente furioso con sus padres. Su odio a sus padres lo hace querer lastimarlos, pero tiene una barrera que le impide ser violento con ellos. Quizás existe un miedo de perder su amor, o quedarse desamparado si los destruye con su odio. La solución aquí es verter esa agresión sobre sí mismo: se aleja de su grupo de amigos, tiene bajas calificaciones, se involucra en conductas autodestructivas. Se toma de como objeto-meta de la pulsión a la persona misma.

Otra salida para la energía amenazante es reprimir. Como hemos explicado en otras ocasiones, es el desalojo de pensamientos que resultan amenazantes para la consciencia. Ahora bien, la represión jamás tiene éxito en su totalidad, es decir, no podemos desentendernos por completo de las pulsiones (si sí, no habría psicoanálisis). Hablamos entonces de que lo reprimido retorna y, para satisfacer la energía pulsional, se crean síntomas.

El adolescente enojado con sus padres, reprime sus pensamientos de odio. A la semana siguiente, le niegan el permiso de ir a un concierto y esto reaviva las ideas hostiles desalojadas anteriorimente. Nuestro adolescente estructuralmente neurótico no les grita y tampoco vuelca su hostilidad contra sí, sino que desarrolla un síntoma: le duele la mano cada que sus padres escuchan música.

Si bien para la vida cotidiana y social hay una diferencia muy tajante entre fantasía y realidad, en la realidad psíquica no existe distinción. Da lo mismo si la pulsión se satisface en un hecho o en una fantasía. Al adolescente le duele la mano porque fantasea dar de bofetadas a los padres y con ello libera la energía, aunque en  la realidad no suceda así y aunque él no tenga consciencia siquiera de que existe esta fantasía.

Por último, la sublimación implica una transformación de la meta-objeto de la pulsión. Freud toma el concepto de la química, también llamado volatilización, que consiste en la transformación del estado sólido al gaseoso sin pasar por el líquido.

En términos pulsionales, significa que el destino de la pulsión, transforma sus fines sexuales hacia otros fines no sexuales. Las barreras hacen que se desvíe la pulsión hacia una meta que no genere angustia o que no sea contradictoria con las demandas sociales y culturales. Ejemplos muy comerciales serían el arte, o el caso de una persona que sublima sus deseos homicidas para convertirse en un cirujano de renombre. No se reprimen, no se vuelcan contra la persona, no se transforman en lo contrario, sino que se recanalizan hacía una meta culturalmente aceptada.

 

En artículos posteriores continuaremos abordando el tema de las pulsiones, así como el de la sublimación.

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Septiembre 2015

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