Mitos grecopsicoanalíticos: Eros y Tánatos

Cecilia López

A lo largo de su obra, Freud concibe la pulsión, o pulsiones, como un par de fuerzas psíquicas antagónicas. En una etapa más temprana, antes de 1919, Freud divide el dualismo pulsional en las pulsiones yóicas o de autoconservación vs. las pulsiones sexuales. Después de Más allá del principio del placer, éstas dos últimas quedan comprendidas juntas dentro del concepto de pulsión de vida, o Eros, y su opuesto es la pulsión de muerte, con frecuencia llamado Tánatos.

En la mitología griega

¿Quién es Eros y por qué se utiliza en psicoanálisis para nombrar a la pulsión de vida? Eros es el dios del amor y la sexualidad en la mitología griega. La tradición más aceptada es que es el hijo de Afrodita (diosa de la belleza) y Hermes (mensajero de los dioses), sin embargo existen otras versiones sobre su origen, como considerarlo hijo de Afrodita y Ares (dios de la guerra), o nacido en el inicio, junto con Gea y Caos. Para el psicoanálisis, sin embargo, la versión de su origen que propone Platón en El Banquete resulta más relevante.

Cuando nació Afrodita, los dioses lo celebraron con un banquete. Poros, el dios de la abundancia, estaba en el festejo y, embriagado, fue al jardín de Zeus para quedarse dormido. Penia, la diosa de la pobreza, llega a mendigar al festejo y encontró a Poros dormido. “Impulsada por su carencia de recursos”, según dice el texto, Penia trama un plan para conseguir un hijo de Poros. Se acuesta a su lado y concibe a Eros.

Bajo esta visión, Eros es el dios del amor por la influencia de haber sido concebido en el banquete de Afrodita, pero conserva las características de sus padres. Platón describe que es “[…] siempre pobre, dura y es compañero de la indigencia por tener la naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo con la naturaleza de su padre, está de lo bello y de lo bueno…en el mismo día unas veces florece y vive, cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de nuevo gracias a la naturaleza de su padre

Tánatos, por otro lado, es el dios de la muerte (cuidado de no confundirlo con Hades, el dios del inframundo). Es hijo de Erebo, el dios que personifica la oscuridad, y Nyx, la diosa de la noche hija del caos, y hermano de Hipnos, el sueño. A diferencia de las Keres, las diosas de la muerte violenta, Tánatos representa un fallecimiento tranquilo y sutil, igual que quedarse dormido, ergo el vínculo tan estrechon entre Tánatos e Hipnos. Seguía las órdenes de las Moiras, personificación del destino, y tenía la tarea de llevar a los humanos al inframundo

Eros psicoanalítico

Eros, dios del amor, fue elegido para nombrar a una pulsión que comparte características con el personaje del mito griego. La pulsión de vida tiende a la integración y a la unificación, a crear ligas, es aquella parte de nosotros que busca tener vinculaciones más estrechas. El deseo de “formar uno con la pareja”, estar más cercano de los seres amados, tener una sociedad integrada, son todas manifestaciones de Eros.

Eros engloba en sí a las pulsiones sexuales y a las pulsiones yoicas o de autoconservación. Las primeras, como su nombre lo indica, están ligadas con funciones corporales que permiten al individuo mantenerse con vida. Por ejemplo, el hambre. A diferencia de los animales, cuya hambre es instintiva y no pulsional, en las personas aquello que satisface el hambre (comida) puede ser relacionado con un momento de convivencia, o, por el contrario, se puede reusar ingerir alimentos, como en el caso de la anorexia. Hay tantas concepciones del hambre y la comida como hay personas pues la pulsión hace a las necesidades más intrincadas que la mera satisfacción orgánica.

Las pulsiones yoicas están relacionadas con el principio de realidad, esto significa que se rigen por lo que ocurre en la realidad y están vinculado con las normas sociales y culturales. Pensémoslo como un policía que se incorpora en nuestra psique para regular las pulsiones con base en las normas y costumbres sociales, por ejemplo cuestiones como entrenamiento higiénico, reglas de convivencia, etc.

La otra parte que compone a Eros es la pulsión sexual, relacionada con el principio del placer. Al hablar de sexualidad, nos referimos a algo mucho más amplio que el acto sexual en sí o la genitalidad. Podríamos definirla como más cercano al amor y, de hecho, el amor expresado hacia personas que no son nuestra pareja, se trata de ésta pulsión con una meta-objeto diferente. También, es aquella que sublimada (con una modificación en el objeto-meta sexual a uno no sexual) deriva en creaciones culturalmente aceptadas, como el arte o la ciencia.

Eros como pulsión no solo comparte la cuestión del amor con el dios griego, sino también otra característica: la pobreza, heredada de Penia. La pulsión puede seguir insistiendo, puede seguir buscando y llevarnos a formar lazos con otras personas, seguir estudiando, encontrar nuevas pasiones, porque nunca se satisface por completo. Eros siempre queda insatisfecho en su totalidad, siempre está en falta. La pulsión es pobre porque nunca tiene todo lo que anhela, siempre se quiere más, más, más.

Tánatos psicoanalítico

En 1920, aparece el texto Más allá del principio del placer donde Freud introduce un nuevo dualismo pulsional interdependiente: Eros y la pulsión de muerte. Este punto de la teoría psicoanalítica ha sido una fuente de discusión y modificación, e incluso rechazo, entre diversos teóricos del psicoanálisis.

Muchos de nosotros, si no es que todos, pensamos que nuestra tendencia más profunda es hacia encontrar nuestro bienestar y que, si removemos los obstáculos del camino, podremos lograr ser plenos. Estos obstáculos usualmente se experimentan como algo ajeno, de lo cual nos podemos desentender. ¿Qué pasaría si esta barreras que nos causan conflictos y sufrimiento forman parte de nuestra propia psique?

La pulsión de muerte tiende a la destrucción, a la separación y a la aniquilación, en corto, se satisface por medio de destruir y cuando toma como objeto de satisfacción a la propia persona, se convierte en una especie de botón de autodestrucción. Se trata de aquella parte de nosotros que va contra la armonía y la salud.

Tánatos, como el dios, no siempre manifiesta de forma escandalosa, sino en actos sutiles y silenciosos del día a día cotidiano. Por ejemplo, un diabético que cotidianamente come pan dulce a escondidas, sabiendo bien que le causa daño. Manejar a exceso de velocidad o sin el cinturón de seguridad aunque no se pueda controlar el coche. Perder el tiempo y no hacer esa tarea para la escuela, o proyecto del trabajo, que se sabe es urgente.

Por supuesto, podemos pensar en ejemplos más extremos, como podrían ser algunas de las personas que llegan a suicidio, o severamente atormentados por una adicción o conducta dañina. Para la gran mayoría, sin embargo, se da en pequeños momentos silenciosos de todos los días donde se hace algo que va en contra de nuestras propias concepciones de lo que bueno para nosotros.

Eros y Tánatos: interdependencia

No nos asustemos con el concepto de Tánatos, es un componente más de nuestra psique y conocer su funcionamiento nos permite liberarnos de la angustia que llega a provocar. La tendencia a la destrucción, además, tiene un valor positivo también: si Eros tiende a la unión y no existe algo que lo detenga, la fusión acabaría por aniquilarnos. La cercanía con la pareja es importante, pero también son necesarios momentos de separación, independencia y desacuerdo para no sentirnos sofocados.

Si bien es imposible erradicar la pulsión, Eros y Tánatos, es posible encontrar una nueva significación a su presencia en nuestra vida.

 

¿Comentarios, dudas, sugerencias? escríbenos a contacto@psicoanalisis-mexico.com

 

 

Septiembre 2015

Pulsiones II

Mitos grecopsicoanalíticos: Eros y Tánatos

¿Por qué no me acuerdo?