Enamorarse ¿alegría o dolor?

Lourdes Sanz M

Sentirse amado es condición misma de la vida humana.

Hemos explicado en otros artículos la forma en cómo la psique se constituye siempre a través de la vinculación con otros seres humanos, primordialmente aquél o aquellos que proporcionan al bebé los cuidados primarios y le introducen al lenguaje, revelándole qué siente y quién es.
Asimismo, los padres o personas que ejercen los cuidados primarios del infante, le proporcionan los medios para la vida, tanto en el sentido biológico, como en el sentido psíquico, prodigándole cariño y protección.

El pequeño se siente seguro al cuidado de sus padres y en este sentido busca corresponder a su cariño, atendiendo sus indicaciones, respondiendo a sus expectativas y buscando con ello ganar su aprobación e incrementar su cariño.

Conforme crecemos, vamos viviendo nuevas experiencias.

Uno de los cambios más importantes en relación a la forma de vinculación que establecemos con otras personas ocurre en la adolescencia.
La adolescencia es un período de cambios importantes en el aspecto biológico que van aparejados con cambios en el aspecto psíquico.
Las nuevas sensaciones en el cuerpo adolescente se enlazan con sentimientos de atracción hacia otros adolescentes.  Al mismo tiempo, los modos infantiles y la admiración y deseo de agradar a papá y mamá se van abandonando.

Comienza la búsqueda de nuevos modelos que revelen al adolescente la forma en cómo se deja atrás la infancia para convertirse en joven adulto. El o la adolescente se encuentran en la búsqueda de descubrir su propia identidad.  La aceptación en el grupo de adolescentes cobra peculiar importancia, se adoptan los modos de los coetáneos, y se busca encontrar la propia imagen reflejada en éstos.

El amor adolescente se caracteriza por la búsqueda de semejanzas y diferencias entre los adolescentes enamorados, mismas que permiten a cada integrante de la pareja reafirmar su propia identidad, sea en el reflejo de las propias características en el otro, o bien el hallazgo de los rasgos diferentes que distinguen y permiten al sujeto delimitarse.

Enamoramiento

El enamoramiento es una etapa, en la relación con otra persona, que se caracteriza por un fuerte monto de depósito de fantasías e idealización, es decir, predomina la transferencia.

En el artículo ¿Es posible lograr una comunicación clara?  explicábamos que la transferencia consiste precisamente en depositar cierto afecto, en una persona. Le atribuimos a la persona cierta característica que suponemos tiene, pero que no necesariamente corresponde con quien la persona es, sino más bien, con aquellas características que creemos ver en ella y que las vemos debido, precisamente a la transferencia.  

El sentimiento surgido, no siempre tiene relación con la realidad de aquel o aquella a quien se le deposita.

¿Qué es lo que transferimos a la persona de quien nos enamoramos?

En la vida adulta, el sujeto ha pasado por procesos de definición con respecto a sí mismo, y ha adquirido ciertas habilidades y experiencias que le permiten cuidar de sí mismo, al menos en cierta medida. 

Esta última afirmación “en cierta medida” permanece presente en todo sujeto, pues la experiencia en la vida adulta revela la limitación, la falta, la hiancia.  El sujeto adulto sabe que no lo puede todo, que no existen absolutos más allá de sus fantasías.  El sujeto adulto, está consciente también de su propia vulnerabilidad y del hecho de que tampoco existe forma alguna de estar completamente seguro, como solía sentir cuando era pequeño.

La presencia de límites a nuestras posibilidades, así como la conciencia de la falta  y vulnerabilidad propia nos lleva a añorar aquellos espacios en donde el cariño (paterno/materno) ofrecía un espacio de protección total. 

En el sujeto adulto, convive también la vivencia adolescente en donde se descubrieron identidad y potencialidades ilimitadas.

El enamoramiento en la vida adulta, conjunta ideales y fantasías provenientes de ambas etapas de la vida. Así pues, somos más proclives a enamorarnos de una persona en quien creemos encontrar afinidades o complementariedades con nosotros mismos, y también, de personas con quien nos sentimos seguros, a salvo, aún de nosotros mismos.

En el enamoramiento, la transferencia se refiere precisamente a características que faciliten en nosotros mismos la aparición de sentimientos de seguridad y de reafirmación de la propia identidad con la subsecuente ilusión de lograr la autorrealización.

El enamoramiento está fundamentado en fantasías, en transferencias inconscientes

Frente a esta ilusión, la posibilidad de perder a la persona de quien se está enamorado, o la relación de pareja que se está viviendo, se percibe como catastrófica.  Perder a ese alguien con quien la persona se siente protegida y a la vez visualiza una vida en plenitud, es, al menos, inaceptable.  Frente a la posibilidad de esta pérdida, surgen sentimientos ambiguos, en torno a la relacion y a la pareja que van desde el miedo y nerviosismo, hasta la angustia inclusive.

Los sentimientos exacerbados conducen a actitudes y comportamientos diversos. Por ejemplo, en algunos casos, es tal la angustia de perder a la pareja que la persona está dispuesta a renunciar a cualquier anhelo o satisfacción, a sacrificar lo propio a fin de complacer a la pareja y con ello conservar la relación. 

En otros casos, frente a la posibilidad de perder la ilusión creada en torno a la relación de pareja, surgen posturas defensivas y hasta de rechazo, se opta por terminar con lo aún no comenzado, para no tener que sufrir su pérdida.

Actitudes de complacencia extrema, sumisión, o aquellas en las que la persona opta por no darse la oportunidad de vincularse con otra persona en una relación de pareja, convierten el enamoramiento en un espacio de dolor y tensión.

Buscar en el amor un amor absoluto, sin límite.

Al paso del tiempo, la convivencia revela a los enamorados, las virtudes, limitaciones y características propias de la persona amada, más allá de la transferencia inicial.


Cuando la pareja ha logrado superar la etapa inicial del enamoramiento, es cuando surge la posibilidad de entablar una vinculación duradera, en donde se superen, al menos parcialmente, las fantasías iniciales depositadas en aquella persona de la cual se está enamorado(a).

Al descubrir la realidad de ese otro, con quien nos vinculamos, se enfrenta la opción de aceptar o no la relación con esa persona. Igualmente, es importante determinar el peso que tiene para cada quien las características, semejanzas o diferencias, propias de esa persona en relación con la fantasía inicial o con ese “amor ideal” que secretamente se sueña encontrar.

Este momento de decisión es fundamental para la pareja.  ¿Por qué?  Porque es en este momento cuando se toma la decisión de enfrentar y aceptar la realidad y responder a ella, con negociación, con aceptación, con consensos. O bien, se decide colocar un “velo” de fantasía y negación frente a la realidad y continuar esperando que las cosas se modifiquen, con el tiempo, la entrega incondicional  y el sacrificio conduzcan a que esa relación de pareja se convierta en la fantasía de amor ilimitado.

En las relaciones de pareja en las que, una o ambas personas, pretenden alcanzar el amor absoluto, el amor ideal, sucede lo que explicábamos en nuestro artículo Codependencia,el sujeto “convierte” a su pareja en su sostén, recurriendo a una fantasía de completud que es imposible de ser lograda. El amor entonces, lejos de traer consigo momentos de alegría, se torna una dolorosa senda a recorrer.

 

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